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La Muerte Eric Villena

La Muerte

Hay tres grandes humillaciones para el ser humano: La enfermedad, la vejez, y la muerte. Las dos últimas son inevitables e ineludiblemente las deberemos enfrentar.

Por Eric Villena D.

 La muerte que viene por pura vejez o decrepitud, sin accidente ni enfermedad, por lo menos en apariencia, es más leve, pero no hay resignación ni consuelo para dejar de estar, no hallarse y desaparecer de este mundo de los vivos.
La muerte está definida como una cesación, y se produce cuando llegamos al término de la vida. En el pensamiento tradicional es la separación del cuerpo y el alma. Esto último en algunas religiones y culturas, se define como un principio que da forma y organiza el espíritu inmortal de los seres humanos.
Las incógnitas son demoledoras:
¿Después de tu muerte, serás lo que fuiste antes de nacer? A la vida le sigue la muerte, pero desconocemos lo que le sigue a la muerte. Cuanto más nos acercamos a la muerte, más cerca nos sentimos de Dios, pero la distancia siempre ha sido la misma. Es probable que el sueño sea el amigo más cercano que tiene la muerte, porque es una muerte breve; y quién podría negar que a lo mejor la muerte, es un sueño más prolongado o quizá, infinito.
¿Qué podemos saber del alma errante, sin reposo definitivo?
Lo que está claro es que sentimos gran dolor o conmiseración por muchos sucesos lastimosos del imperio de la muerte.
Intentemos reflexionar en este tema que es complejo y en el que no existen respuestas ni hay experiencia científica ni conocida. 
¿Qué somos? ¿Por qué motivo fui engendrado y llegué a este mundo?  ¿Por qué? ¿Qué es esto? ¿Cómo comprender? ¿Qué es lo racional? ¿Será la muerte otro estado de la vida?
La Metempsicosis dice que las almas transmigran después de la muerte a otros cuerpos, conforme a los merecimientos alcanzados en la existencia anterior. La vida y la muerte nos han sido impuestas. ¿Por quién?
La vida puede prolongarse con la medicina; pero la muerte se adueñará también del médico.
¿Ha pensado que la muerte creó el tiempo para hacer crecer las cosas que mataría?
¿A lo mejor se muere varias veces?
¿Qué será de las profundidades de la eternidad?
Son tantos los misterios como personas, ¿por qué pensamos? ¿qué es la memoria?
Como universo, sólo Dios y la fe nos acercan a un mayor entendimiento. ¿Será mejor pensar que a medida que pasan los años, la muerte es como un susurro que invita al reposo con un suave abrazo?
   En el plano internacional me ha sido difícil asumir que ya no existe más un Frank Sinatra, admirado en el transcurso de toda su vida y apelado unánimemente como “la voz”. ¿Podremos tener un nuevo tenor de las características de Luciano Pavarotti? ¿Podrán sustituir en Francia a Edith Piaf, el gorrión de París? ¿Por qué tiene que morirse una incomparable Whitney Houston, hermosa y con una voz privilegiada? ¿Por qué no es inmortal un Director como Herbert Von Karajan, una despampanante Marilyn Monroe, un rostro hermoso como el de Elizabeth Taylor o de Rommy Schneider? Dentro de estos genios planetarios, imposible dejar de nombrar a un chillanejo nuestro, el eximio y notable Claudio Arrau.
Personalmente me afecta que ya no esté con nosotros el Presidente Pinochet, el más exitoso de estos últimos cien años. ¿No sería distinta la historia si no hubiera sido asesinado Jaime Guzmán? ¿Habríamos entregado soberanía marítima si hubiera estado vivo el Almirante Merino?  Me dolió el poco concurrido funeral que no se merecía una diva chilena de la estatura de Silvia Piñeiro, ícono del teatro nacional. Estoy extrañando una fuerza interpretativa como la de Roberto “Viking” Valdés, la sensibilidad y talento innato de María Angélica Ramírez interpretada en el mundo por Iva Zanichi y Nidia Caro, entre otras. No me repongo aún de la partida de un hombre noble, leal, consecuente y buen amigo como Alfonso Márquez de la Plata. ¿Qué decir del gran periodista Héctor “chico” Durán? ¿Volveremos a tener periodistas deportivos de la talla de Sergio Livingston o Julio Martínez? Qué pérdida para todos no contar con la preclara inteligencia de Mónica Madariaga. Qué decir de una bellísima mujer que conjugó su belleza con características intelectuales que no se dan, con talento artístico musical y sensoriales de premonición poco conocidos. Me  refiero a la señora Liliana Mahn, persona muy importante para un gran amigo y que recibió un mes antes de su fallecimiento estas palabras: “Negrito, estoy en cierta soledad, hay una aroma a ausencias y a tristeza que yo creo conoces mejor que yo. ¿Será que estamos envejeciendo y la vida se nos va sigilosamente? Me gustaría que estuvieras bien. Te envío un abrazo, un beso y tres sonrisas…”.
Cómo quisiera que hubiese podido vivir eternamente mi abuela, mi padre, una hija que falleció al nacer y tantos amigos entrañables, insustituibles.
 En estos devaneos sobre la muerte y, como en cada instante tengo presente a nuestros Presos Políticos Militares confinados en Punta Peuco, viene de molde una frase del periodista Fernando Villegas y que transcribo: “El reo se acerca a la condición del muerto, inmóvil y ajeno a todo para siempre. La prisión no es entonces mero encierro: es vivir la muerte del alma dentro de un cuerpo vivo”.
 ¡Debemos preocuparnos de ellos!
Quiero finalizar este artículo con un antiguo y conocido poema popular que dice:
   No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría:
muertos son los que tienen muerta el alma,
y viven todavía.
No son los muertos, no, los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos:
los que mueren con honra son los vivos;
los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos;
la vida es el amor y es el recuerdo:
 por eso hay muertos que en el mundo viven
     y hombres que viven en el mundo muertos.

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