La Papelera Sí Hermógenes Pérez de Arce

La Papelera Sí

 

        Los chilenos seguimos dando signos exteriores de imbecilidad. Ahora una alianza que va desde la izquierda hasta la derecha se ha propuesto otra inepcia más, que es la de “completar el legado de Allende” y consumar algo que éste intentó, pero no consiguió: “echarse” a la Papelera, una de las principales empresas privadas del país.

        La derecha casi siempre se ha sumado a los grandes disparates nacionales. Uno de los mayores fue la reforma agraria, que partió con la primera ley proponiéndola, enviada al Congreso por el gobierno de derecha de Jorge Alessandri. Hubo un solo derechista que alzó la voz advirtiendo sobre tamaña imbecilidad: el dirigente agrícola Recaredo Ossa Undurraga. Nadie le hizo caso. “¡Qué exagerado se ha vuelto Recaredo!”, se decía.

        Otro enorme disparate fue la nacionalización confiscatoria de la gran minería y del cobre, que el Congreso aprobó por unanimidad en 1971, con los votos de la derecha.
Y ahora esta última se vuelve a sumar a la izquierda y sus compañeros de ruta y se lanza en picada contra la Papelera, objetivo fundamental del comunismo-socialismo.
 
        Yo, que soy, al parecer, uno de los pocos del “sector” capaz de mantener una sola línea, reitero que “la Papelera No” y he sostenido cuatro cosas evidentes e indubitables: que el mercado del papel higiénico es abierto y competitivo, porque cualquiera puede producirlo o importarlo; que nunca consumidor alguno dijo públicamente estar sufriendo un perjuicio al adquirirlo; que todos los fabricantes o importadores que lo quisieron pudieron ofrecerlo al público; y que el único perjuicio generado hasta ahora por la denuncia de colusión entre empresas que ha hecho la Fiscalía es la pérdida de valor bursátil por (a estas alturas) casi mil millones de dólares de las acciones de la Papelera.
 
        Mi conclusión es que, en esas circunstancias, y como alternativa a una guerra de precios, los acuerdos entre productores fueron y son aconsejables, y no deberían ser perseguidos ni sancionados, si bien una mala legislación los condena.
 
        Ustedes no pueden imaginarse la virulencia de las reacciones en mi contra por sostener todo eso, particularmente en la red. Hace poco un columnista se abismaba del grado de odiosidad de los comentaristas chilenos en internet. Pues bien, al pie de mis comentarios en otros medios se ha desatado un torrente de insultos sin precedentes, por el 
solo hecho de hacer presentes las cuatro verdades arriba enumeradas.
 
        Lo más sorprendente es el grado de adhesión que entre nosotros suscita cualquier noción descabellada y suficientemente repetida. Ahora la acusación de “colusión” ha sido adoptada “como un solo hombre (o mujer)”, de izquierda, centro o derecha. Nada se saca con probar racionalmente que no ha sido dañina sino necesaria y que un acuerdo entre empresas es mejor solución que una guerra de precios capaz de conducir al monopolio (aunque, de hecho, la apertura al exterior lo hace imposible).
 
        Hace poco el país estuvo en vilo de parecida manera, y también “como un solo hombre (o mujer)” al ser revivida una situación ya aclarada y juzgada hace 29 años, el ”caso Quemados”. Tanto lo estuvo que el presidente de la UDI y el presidente del senado, un DC, uniéndose a la extrema izquierda, pidieron perdón  por que el Gobierno Militar haya “quemado a dos jóvenes por pensar distinto”, siendo eso absolutamente falso, como finalmente ha quedado confirmado (pero no se publica en los mismos caracteres). Se trató de un engaño publicitario fraguado por el propio Gobierno, como lo evidencia el hecho de que éste trajera a su “agregada cultural” en Canadá, Carmen Gloria Quintana, para exhibirse en todos los medios como “quemada por pensar distinto”, no obstante que se testimoniara que uno de los dos testigos, ex conscriptos, que “se dieron vuelta” para reabrir el caso, obraba por un móvil económico, y con mayor razón el otro, que estaba “en situación de calle”. Pero tan burdo artificio “cuadró al país” tras la versión falsa. Fue de lo único de que se habló por un mes. Hasta Ossandón (derecha) repudió que “se hubiera quemado a la gente por pensar distinto”. Pero este blog no defeccionó. Bueno, ahora todos callan porque saben que se armó un tinglado basado en una falsedad. Y los pocos de derecha que no nos hemos dado vuelta la chaqueta debemos juntar plata para ayudar a pagar las enormes fianzas fijadas por la justicia de izquierda para que los conscriptos injustamente acusados puedan dejar la cárcel.
 
        Todo demasiado irracional. Y peor aún con la derecha alineada tras un personaje, que, sintomáticamente (aparte de haber sido él penado por colusión, pero en su caso se perdona), dice no ser de derecha (lo que es verdad) y ahora acaba, en los EE. UU., de poner en boga otra “piñericosa” irracional, atacando al presidenciable norteamericano Donald Trump con la siguiente inepcia para el bronce: “Trump dice lo que piensa, pero no piensa lo que dice”. Retruécano barato y absurdo, pues si alguien dice lo que piensa, es obvio que lo ha pensado y, por tanto, no puede ser acusado de no pensar lo que dice. Pero para Piñera “suena” bien, “pega”, y para mantener mayoría en la carrera presidencial en Chile eso basta.
 
        En fin, demasiado parecido a “1984”, de Orwell. Y así, con el concurso de la derecha, que parece haber cambiado su lema básico de 1973, “la Papelera No”, por el más “actual”, “moderno”, “renovado”, “alejado del Gobierno Militar”, de “la Papelera Sí” o, mejor dicho, “también”, continuamos cuesta abajo en la rodada.

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