Recientes

LA SALUD SIGUE EN LA SALA DE ESPERA Actualidad

LA SALUD SIGUE EN LA SALA DE ESPERA

Por Enrique Rivera V., VOXPRESS.CL

“Un anuncio falso, creído por la gente, es capaz de salvar a quien lo difundió y a su entorno”. Esta expresión, atribuida a Catalina de Médicis, la esposa florentina de Enrique II de Francia, calza como anillo al dedo con lo que está ocurriendo con la salud pública en Chile, al punto que ha inducido a confrontarse entre sí a sectores de la Nueva Mayoría y a ésta con el Ministerio de Hacienda.

 

Fruto de la errada visión de nuestro mundo político, que suele no ver más allá de sus propias narices, a la salud pública no se le hizo crecer simultáneamente con el crecimiento general del país y su postración fue quedando cada vez más en evidencia respecto al veloz progreso en otras áreas.

 

La salud pública no está mal recién ahora en este Gobierno, sino lo ha estado por años. Sin embargo, con el advenimiento de la Nueva Mayoría y su doctrina del cambio total hubo muchos que confiaron en  que esta área iba a ser prioritaria en el programa de Bachelet, pero en él figuraron sólo la construcción de más hospitales  —como si fuera la panacea— y otras áreas colindantes, como un plan único de salud para poner fin a las Isapres y a las clínicas privadas.

 

Debe quedar claramente establecido que en el programa de Gobierno de la Nueva Mayoría no se consideró una Reforma a la Salud en los términos como se presentaron, por ejemplo, la Tributaria, la Educacional y la Laboral. Decididamente, en el diagnóstico de prioridades para la actual administración, la salud de la población no requería de una cirugía mayor e inmediata como en otras áreas con menos requerimientos.

 

Nadie duda de que la enseñanza pública es deficitaria y que la calidad docente en escuelas, liceos, colegios y universidades se traduce en un aumento de la ignorancia. Pero, así y todo, la educación funcionaba, cojeando, pero funcionaba.

 

No así la salud.

 

Tal como está concebido en su programa elaborado por el staff más duro de la izquierda, este Gobierno socialista es destructivo y no constructivo, ya que sus reformas “estructurales” conocidas apuntan al aniquilamiento de un modelo socio/económico para terminar con la educación privada, imponer un recargo impositivo a las empresas privadas y subordinar a la patronal en arbitrario favor de los asalariados.

 

Si se advierte, nada es pro, todo contra.

 

La salud pública, entonces, iba en sentido contrario a la doctrina de los ideólogos del programa, pues lo único que requería, y requiere, es mejorar y salir en breve de su estado calamitoso. Por lo mismo, no se consignó una reforma en el sector, sino maquillajes de compromisos, pero éstos sin ninguna sustentación financiera ni menos sentido de urgencia..

 

Buena parte, por no decir gran parte, del cronograma de no cumplimiento de Bachelet es producto de la irresponsabilidad de su ideólogo financiero, Alberto Arenas, hoy disfrutando de los dólares de la CEPAL, quien fue incapaz de prever la aguda crisis económica que se avecinaba ni menos detectar el brutal desplome del precio del cobre.

 

Hoy, la población toma nota de cómo, pese a la estrechez de recursos fiscales, se impulsan inversiones en áreas no sensiblemente sociales, no obstante para la salud pública no hay fondos disponibles. De los 22 hospitales prometidos casi serán casas de auxilio por su tamaño y a algunos se les asignaron recursos que apenas alcanza para la pintura;  de las 19 mil cirugías prometidas sólo se han realizado 9 mil; no se han reducido las listas de espera; no hay presupuesto para aumentar las patologías del AUGE; los médicos especialistas prometidos no aparecen por ninguna parte y en todo el sistema público  –¡en todo!–   sólo se han sumado menos de 400 camas.

 

Tanto drama se habría mitigado si el MINSAL hubiese gastado el presupuesto del 2014…¡pero no lo hizo!

 

La zigzagueante conducta de la actual ministra Carmen Castillo la llevó a enfrentar una acusación constitucional, pero no parece lo más justo que sea sólo ella, una doctora de provincia, el blanco de críticas que tienen su fragua en la mismísima campaña presidencial de Bachelet. Ella está obligada a seguir un vaivén de acuerdo a cómo se le van presentando los acontecimientos de orden políticos y financiero.

 

El MINSAL, pese a la asombrosa presencia de asesores por favores políticos, nunca ha sido una poderosa máquina de gestión capaz de materializar tantos encargos simultáneos presidenciales, como aligerar la atención en los consultorios, conseguir más médicos, contratar especialistas, mejorar los equipamientos, rebajar la deuda hospitalaria que, se calcula, llegará a los $ 340 mil millones el 2016 y construir, al menos, 20 establecimientos asistenciales de última generación…y sin concesionarios.

 

Para la ultra izquierda de la Nueva Mayoría es el Estado, y no los privados, quien debe  construir hospitales. Aunque consciente de las falencias de este sistema,  todo el país mantiene fresco el recuerdo de varios “elefantes blancos” de la salud que quedaron inconclusos porque el Estado fue incapaz de financiarlos.

 

Los millares de habitantes de bajos y medianos recursos no pueden esperar uno o cinco años para ser atendidos en un hospital recién inaugurado, sino sólo claman por una atención inmediata, por una cirugía que les salve la vida y por una cama para poder recuperarse. No es un sueño tan atrabiliario como para no poder hacerlo realidad y para ello sólo basta con enfocarse en realidades y no en promesas falsas.

Compartir