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La solución más simplista

Por Jorge Eduardo Sepúlveda, VOXPRESS.CL

 

El 26 de enero de 2015, en la cumbre del Cerro San Cristóbal, Germán “Chino” Correa, entregó a Michelle Bachelet el informe de 231 páginas de la Comisión Presidencial Promovilidad, con 62 medidas para poner fin a la congestión vehicular, no sólo en Santiago sino en el país. En el texto se deja  constancia de que “lo único que no hay que hacer” es establecer como remedio la restricción del transporte particular.

 

El 6 de enero de 2016, en la misma cumbre del San Cristóbal, tres ministros y el Intendente Metropolitano anunciaron la implementación automática y de dos dígitos de autos catalíticos para combatir la contaminación durante los meses de invierno, medida sólo aplicable en Santiago y algunas comunas aledañas.

 

Cuando el Gobierno se pregunta por su incapacidad de convencer a la población de que lo está haciendo bien, ésta es una más de las pruebas de su crisis de confianza. Primero anuncia algo y luego lo cambia, generando desconcierto y generando debates innecesarios.

 

La comisión designada expresamente por Bachelet para que se abocara al problema de la congestión vehicular, que incluyó 17 viajes a capitales regional víctimas del mismo problema que Santiago, selló su estudio con una rotunda conclusión: sacar autos de la calle no soluciona el caos. Sin embargo, los ministros Gómez-Lobo (Transporte), Badenier (Medio Ambiente) y Castillo (Salud) más el Intendente Orrego anunciaron la ampliación de la restricción vehicular para disminuir la mala calidad del aire en la capital, sólo en ésta.

 

Ambos problemas, de similar magnitud y gravedad, están íntimamente entrelazados, porque está científicamente comprobado que las emisiones del transporte en la ciudad deteriora la calidad del aire, y ello con severas consecuencias para la salud de la población más vulnerable.

 

La gran diferencia entre ambos fenómenos es que la congestión vehicular se produce sin excepciones en todas partes, ya sea Santiago y ciudades de Regiones, en cambio la contaminación es focalizada en zonas perfectamente identificables.

 

Así, los ‘tacos’ en calles y avenidas del país deben ser combatidos con uno o varios procedimientos, en cambio la contaminación, cuya enemiga es la lluvia, parece no tener otro arreglo que la simplista medida de sacar autos de las calles.

 

En Temuco, desde un principio se detectó que la gran nube contaminante era producto del uso de leña verde en las chimeneas habitacionales, medio básico y generalizado de calefacción. Un diagnóstico tan elemental parecía fácil de solucionar, pero la autoridad se estrelló con una realida social: la imposibilidad de obligar a las familias más vulnerables a invertir en estufas a gas o eléctricas.

 

El combate a la congestión vehicular no puede encararse con  el simplismo de sacar vehículos de circulación, porque los principales afectados son precisamente los ciudadanos de estratos medios y bajos que han hecho un supremo esfuerzo por adquirir un coche, sueño que no hace mucho  les parecía inalcanzable.

 

Quien fuera presidente de la Comisión Presidencial Promovilidad, Enrique Correa (PS), ex ministro de Transporte, afirmó que culturalmente, el chileno no está dispuesto a renunciar a su derecho a escoger su propio medio de transporte y que, aquél que pueda, adquirirá un segundo vehículo o hasta un tercero. “Así   –dijo— nunca se eliminarán los ‘tacos’ ni la contaminación”.

 

En cambio, quien carece de medios, se verá obligado a bajarse del auto, originándole un conflicto que no buscó ni imaginó. Serán éstos los que aportarán casi exclusivamente a disminuir la congestión.

 

No deja de ser curioso ni contradictorio que mientras la Comisión Presidencial Promovilidad planteó 67 medidas, sin incluir la restricción, para aminorar los atochamientos vehiculares, el trío de ministros y el Intendente hallaron una sola para combatir la mala calidad del aire.

 

Nadie ignora que al interior de las ciudades, uno de los elementos más contaminantes son las construcciones a cuyas faenas llegan en forma incesante camiones cargados de material. A ese tipo de vehículos sólo se les pretende exigir modernidad, pero en ningún caso impedirles la circulación, “porque afecta una iniciativa de inversión”. Por el mismo motivo se ignoran los nocivos efectos del aeropuerto internacional, que es la verdadera causa de la mala calidad del aire de las comunas vecinas.

 

Se estima en un 1.5% la cantidad de vehículos que circulan sin ningún sentido por las calles, pero el resto lo hace por una finalidad socioeconómica de sus conductores que, en mayor o menor grado, también aportan al desarrollo público y privado del país. De ahí que el anuncio triministerial y de la Intendencia metropolitana es, además de abusivo, discriminatorio y simplista.

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