La Última Burla Judicial Hermógenes Pérez de Arce

La Última Burla Judicial

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          El principal brazo vengador del marxismo contra los militares que le impidieron tomarse el poder por las armas en 1973 ha sido la Sala Penal de la Corte Suprema. Y en días recientes ella se ha dado el gusto de, además, burlarse a sus anchas de los defensores del estado de derecho que la misma ha escarnecido durante años.
 
         En efecto, con motivo de un recurso de queja interpuesto por el frentista Enrique Villanueva Molina, contra la sentencia que lo condenaba a presidio perpetuo como autor del asesinato del senador Jaime Guzmán, condena basada en la confesión de otro frentista, preso en Brasil, Mauricio Hernández Norambuena (los terroristas chilenos sólo caen en otros países, porque aquí los perdonan e indemnizan a todos), dicha Sala Penal se ha dado el gusto de aplicar en favor de Villanueva la media prescripción defendida por el ministro Dolmestch para los militares y derrotada sistemáticamente en el caso de éstos por la mayoría izquierdista de esa sala. 
 
        Así, le han rebajado la condena recurriendo a los más alambicados argumentos para justificar la prescripción en su caso, en términos de que el frentista podrá cumplir la pena en libertad. ¡Por fin la doctrina Dolmestch ha gozado de mayoría… pero para favorecer a un terrorista! Obviamente, Dolmestch mismo no podía sino sumar su voto, aun evidentemente sabedor de que la mayoría se estaba riendo de él.
 
          Éste es también un palmo de narices al país y al mundo, en particular recordando la reciente condena de tres marinos, un oficial de Carabineros y uno de Investigaciones, por la muerte del mirista Rudy Cárcamo, ocurrida hace más de cuarenta años. Tal condena se basó en meras presunciones y el testimonio viciado y dudoso de un ex detective alcohólico. En ese caso los jueces de primera instancia y Apelaciones habían impuesto 541 días remitidos, que iban a cumplirse en libertad. Tanto querellantes como querellados se habían conformado con el fallo. Pero entonces el mayor perseguidor de militares, el gobierno de Sebastián Piñera, a través de su Ministerio del Interior, recurrió de casación para obtener la venganza marxista de la Sala Penal, que accedió gustosa a la pretensión de su “cómplice activo” Piñera, y aumentó a cinco años y un día la pena de los oficiales, hoy de avanzada edad, que han debido entrar a purgarla en Punta Peuco, incluyendo a un marino, José Osses, que ni siquiera estaba en el cuartel Ancla 2 cuando supuestamente murió el mirista Cárcamo. Cometió el delito de "no estar ahí".
 
          La connivencia de Piñera con la extrema izquierda vengativa tuvo múltiples manifestaciones, como la triplicación de las querellas contra militares con respecto a las iniciadas bajo la Concertación, y la confirmación del mirista Patricio Bustos como funcionario de su exclusiva confianza en el Instituto Médico Legal, cargo clave para mantener sin identificar restos de extremistas muertos y poder seguir así hablando de “detenidos desaparecidos”.
 
          Por eso resulta pintoresco el reciente “acercamiento” del partido Renovación Nacional a los uniformados pasivos, para procurar hacer olvidar la persecución de Piñera contra sus camaradas, en particular la de su ministro de Defensa, Allamand, dedicado a exonerar a asesores que hubieran formado parte de la DINA o la CNI, aunque no hubieran sido procesados por temas de DD. HH. Incluso llegó al extremo odioso de haber cesado a un general (r) por el solo hecho de haber sido yerno de un Director de la DINA, aunque nunca hubiera pertenecido a ésta o la CNI ni hubiera sido procesado.
 
          El “acercamiento” de RN a los militares (r), evidentemente motivado en el rechazo de éstos a Piñera y ante la nueva candidatura suya, ha sido debidamente ponderado por el almirante (r), Miguel Ángel Vergara con las siguientes palabras, en carta a “La Tercera” (19.01.16): “Quisiera aclarar que muchos ex uniformados, más que una ‘desafección’ hacia el gobierno del ex presidente Piñera, nos sentimos traicionados y burdamente utilizados con fines meramente electorales. No vislumbro qué podría cambiar en un nuevo gobierno de esa tendencia, cuando todos guardaron discreto silencio ante el manifiesto incumplimiento de las promesas hechas por su candidato”.
 
          La burla de la mayoría izquierdista de la Sala Penal, al dejar en libertad al único frentista que estaba preso como autor del asesinato del senador Guzmán, aplicando la prescripción a hechos de los años ’90 cuando la deniega a los del ’73, sobre todo si en este último caso lo hizo recurriendo a una mentira flagrante, como la de que los oficiales todavía mantienen secuestrado al mirista apresado y muerto más de cuarenta años atrás, agrega el escarnio al politizado manejo de la ley que consuma, una vez más, la mayoría de dicha Sala de nuestro más alto, pero todavía más desprestigiado, Tribunal.

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