La verdad de las llamas Despierta Chile

La verdad de las llamas

 

La Nueva Mayoría fue una dispareja montonera polÍtica en que, numéricamente hablando, predominaron los elementos adscritos a la democracia representativa y a la economía de libre mercado globalizado. Siendo eso así, si algún sesgo ideológico pudo caracterizar al gobierno que sostuvo, fue el neo - marxismo que inspiró todas las propuestas rupturistas en cuya cuna nunca faltó el comunista estratégicamente colocado. Esta desmedida influencia, que ha sido posible por las propias convicciones de la mandataria, en nada se ha revelado más nítidamente que en el insensato y planificado atague a la empresa privada, a la educación privada, a la salud privada, a la previsión privada. 

Basta aguzar un poco la memoria para apreciar la forma sistemática en que el gobierno ha aprovechado toda oportunidad para atacar a la actividad privada y para oponerle todos los sentimientos negativos de la ciudadanía canalizados por la maquinaria propagandística que controla el estado. Lo ha hecho aun cuando ello implique un alto precio para el propio gobierno. El aprovechamiento del caso Penta derivó en una caza de brujas que no cesa de diezmar al propio estarnento político oficial. El ataque a la educación privada ha demostrado, como nunca antes, las falencias cuantitativas y cualitativas de la educación pública, el destemplado ataque a las AFP's deriva ya en presiones sobre el fisco que no hay rnodo alguno de satisfacer. 

Pero ni esto detiene la inquina destructiva contra la empresa privada y en estos mismos momentos somos testigos de un nuevo capítulo, tan imprudente como el peor de tos anteriores. 

Cuando escribo esto, los medios de comunicación dan cuenta de decenas de enormes y voraces incendios que están arrasando con miles de hectáreas de bosques y vegetaciones en varias partes del país. El gobierno, ayudado por la complicidad o la estupidez de esos medios inforrnativos, anuncia que lleva a cabo una cerrada investigación para confirmar que la causa principal de estos incendios es la proximidad entre las ramas de árboles y cables de alta tensión de energía eléctrica y que, por ley, las cornpañías trasportadoras están obligadas a evitar. El gobierno sabe perfectamente que basta ese anuncio para que la furia y el miedo de la población se vuelquen sobre las empresas eléctricas, ya maltrechas por los múltiples ataques y ridículos tramiteos de que han sido objeto. Puede que la famosa investigación termine en nada, pero eso no importa porque ya ha cumplido los objetivos prioritarios: se ha aprovechado bien otra oportunidad de estigmatizar a la empresa privada y se ha desviado la atención de los ciudadanos de las acusaciones que ya rodean al gobierno por su rnorosa acción preventiva, sean o no justificadas. 

Pero lo más aberrante es también lo más evidente. Todos quienes tenemos alguna formación técnica sabemos que es perfectamente posible que, en determinadas condiciones meteorológicas, puede surgir un incendio por cercanía entre cables de alta tensión y ramas de árboles. Es también posible que ello ocurra dos y hasta tres veces en cierto muy descuidado tendido. Pero el que ocurra simultáneamente en decenas de lugares separados por cientos de kilómetros es tan probable como el sol de rnedianoche. 

Todavía hay más. El país lleva mucho tiempo sufriendo ataques incendiarios de grupos subversivos. El que estos grupos hayan desperdiciado el verano más caluroso y seco en más de medio siglo y bajo el gobierno más débil de nuestra historia reciente, es algo tan improbable como el de las decenas de cortocircuitos simultáneos. No se necesita salir de la casa para apostar, sin riesgo de error, que la principalísima causa de los incendios es el terrorismo intencional. Pero el seguir esa pista puede conducir a incómodos cuestionamientos de debilidad y deficiencia, de modo gue es mucho más fácil y rentable la teoría de los cortocircuitos múltiples, simultáneos y dispersos. 

Para este gobierno, el tema de reconocer consistente actividad terrorista es muy incómodo y peligroso por varias razones: 

  • En primer lugar, porque parte de su base política es prima-hermana de esas acciones anti sistémicas y juega persistentemente en los terrenos sistemáticos y antisistemáticos.
  • En segundo lugar, porque lo enfrenta al tabú polÍtico, a los estados de excepción, que implican una represión que le es ideológicamente insoportable.
  • En tercer lugar, porque este régimen ha extremado el aprovechamiento político del castigo de las violaciones de derechos humanos bajo la dictadura y por tanto, jamás osaría militarizar la lucha contra el terrorismo que ya se ha militarizado, porque ello podría poner de manifiesto el abismo que ha creado entre el mundo civil y el uniformado.

Por eso es que es mucho más cómodo y menos peligroso atribuir los incendios a los cortocircuitos que, a lo meior, hasta pueden usarse para justificar la quema de iglesias, de microbuses y hasta de bienes de capital. 

No hace muchos años que Chile aprendió lo difícil que es controlar al terrorismo de estado. En estos días está comprobando lo difícil que es defenderse de la hipocresía la irresponsabilidad y la cobardía de estado. 

 

Orlando Sáenz

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