Llegó el momento Gonzalo Rojas

Llegó el momento

Por Gonzalo Rojas

Frente al peligro, el cuerpo humano reacciona siempre a tiempo. Las fuerzas sociales, no. El cuerpo humano no tiene egoísmo alguno; las fuerzas sociales, sí.

Con la misma frivolidad con que las juventudes europeas marcharon a la guerra hace cien años, cantando himnos heroicos, diversos estamentos de la sociedad chilena miran la inminente debacle nacional con una indiferencia egoísta.

Cuesta detectar el egoísmo propio: alguien tiene que remecerte. Si una semana tras otra insistimos en que Chile está de nuevo al borde de un abismo insondable, no es porque sea grata esta denuncia, sino porque una voz recuerda sin descanso que hay que dejar de lado todo egoísmo para volver a salvar a Chile.

¿Cuáles son estas tendencias pobres en humanidad? ¿Cómo se expresa este egoísmo?

Por una parte, está la pasividad de los que se sienten seguros. Ni los colegios profesionales tradicionales, ni los movimientos gremiales universitarios, ni las agrupaciones de colegios particulares pagados, ni las universidades libres parecen haber entendido que lo que está en juego con la ofensiva revolucionaria en educación es su propia subsistencia. Nada los salvará de caer bajo el domino estatal si no son solidarios con quienes están directamente amagados: millones de niños, cientos de miles de familias, miles de emprendedores educacionales. Si no es “hoy por ti”, no habrá posibilidades de un “mañana por mí”.

Por otra, la mayoría de los políticos de la Alianza transmite el egoísmo que consiste en tratar el tema educacional a nivel de pulsaciones normales, como si no fuera de vida o muerte. No son conscientes de lo grave que resulta percibir que su interés en esta cuestión es solo mediano. Cuando capten la fuga de voluntades y de votos que significará el haber defendido solo tibiamente la libertad de enseñanza, ya será muy tarde.

En tercer lugar, los intelectuales. Unos pocos están embarrándose en la trinchera. Otros quieren estar por encima, sobrevolando el campo de batalla, porque en el nombre de la independencia, olvidan el compromiso con la verdad. Pero si les preguntaran a los historiadores, la respuesta sería una sola: callen o hablen; si sus ideas son derrotadas, igual irán al paredón.

Finalmente, están quienes buscan algún privilegio especial en razón de su fe. Y se acomodan con el gobierno para protegerse; y descalifican el lucro en la educación con tal de salvar sus colegios; y no han entendido que educar es una tarea humana que solo puede realizarse si hay amplias libertades para creyentes y no creyentes. Qué ceguera pensar que serán protegidos los primeros si sacrifican a los segundos, cuando toda la historia del siglo XX ha demostrado lo contrario.

El socialismo opera sobre el egoísmo de sus contradictores, de sus eventuales víctimas. Logra disfrazarse de altruismo hasta el momento mismo en que las fuerzas de la libertad toman conciencia, se organizan y enfrentan el conflicto agonal. En ese mismo instante queda desenmascarada la profunda pobreza humana del socialismo; antes, no.

La tarea de las próximas semanas debiera estar centrada, por lo tanto, en la coordinación conceptual de los más destacados intelectuales chilenos libres; en la coordinación de todas las fuerzas que defienden la libertad de los padres y educadores para concretar unas masivas marchas el 11 de octubre; en la coordinación de la exigencia a los medios de comunicación de espacios igualitarios; en la coordinación de las imprescindibles demandas ante los tribunales por los abusos del Estado contra sus ciudadanos.

Esto no da para más. Ni en la perversión del proyecto de control educacional socialista, ni en el egoísmo de sus detractores. Llegó el momento.

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