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Lo que se temía, el PAPA es pro Bolivia Despierta Chile

Lo que se temía, el PAPA es pro Bolivia

Julio 15, 2015   Editor

Por VOXPRESS.CL

“El Papa Francisco llamó a los gobiernos de Bolivia y Chile a una solución pacífica a la demanda marítima interpuesta por Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ)”, informó el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.

"La intención del Papa es que se superen estos problemas en una perspectiva de la paz, de comunión, de construcción común del futuro. Hay que conocer esto para ir hacia adelante, no para quedarse en el pasado“, declaró Lombardi.

Esta información dio la vuelta al mundo en los días previos al que Francisco I realizase sus visitas oficiales a Ecuador, Bolivia y Paraguay en “misión pastoral”. Consciente del trasfondo que causarían sus declaraciones, el vocero oficial del Vaticano adelantó que “en La Paz y Santa Cruz, el Papa no hará un discurso de tipo político ni se referirá a las fronteras…”.

En un Papa tan liberal, espontáneo y desprolijo como éste era digno de esperar que algún día, más temprano que tarde, demostrase públicamente sus simpatías por Bolivia, respecto de la cual siendo obispo de Buenos Aires como Jorge Bergoglio, se lamentó de la mediterraneidad de dicho país y se refirió a “la opresión que la tiene sin mar”, atribuyendo de ello el estado general de pobreza de su población.

Para mayor énfasis de esta percepción sobre la parcialidad del Papa véase la foto del encabezado. El detalle de su abrazo a Evo Morales como saludo en una visita oficial no deja de ser sugerente. La diplomacia vaticana, sea quien sea, establece dar la mano al Pontífice a cierta distancia, junto con una reverencia o inclinación de cabeza. En este caso específico fue un apretón al estilo de dos viejos amigos, saltándose todas las normas protocolares.

En el registro de su diócesis bonaerense, no son pocas las homilías en que Bergoglio hizo referencia al (textual) “miserable enclaustramiento boliviano” gesto político coincidente con la advertencia de hoy de su vocero oficial, el cardenal Federico Lombardi, en cuanto a que “en su gira no hará un discurso político ni se referirá al problema fronterizo”. Es totalmente inusual que el Vaticano adelante los contenidos de los mensajes del Pontífices y menos poniendo especial énfasis en un problema que no existe.

A base de embustes y mal intencionadas interpretaciones, en su lastimero peregrinaje por el mundo, Bolivia ha concitado la simpatía de muchos países y, por lo visto, también del Papa, quien subordina sin límites la tradicional cautela diplomática del Vaticano. Todo apoyo a Bolivia  —como éste  de Francisco I–  tiene que estar condicionado a los hechos y a la historia y no sólo a  sensibilidades sociopolíticas.

Prejuiciado desde que las oficiaba de obispo, Bergoglio fue embaucado por la torcida versión boliviana de que “fue invadida y despojada del mar por los chilenos”, siendo que la historia oficial y escrita consigna que el 1 de marzo de 1879, el Presidente Hilario Daza ordenó la expulsión de los residentes chilenos que trabajaban en su (entonces) territorio y mandó por la fuerza confiscar todas las propiedades y bienes de éstos.

¿De quién fue la usurpación? ¿De Bolivia o de Chile? El Papa ha excedido su rol pastoral al referirse al “problema limítrofe” entre ambos países, porque jurídicamente no existe conflicto alguno, ya que sus límites territoriales subsisten desde el Tratado de Paz y Amistad de 1904.  Si la máxima autoridad de la Iglesia Católica ve un problema donde no lo hay es un atentado a la veracidad y, por su investidura, origina un peligro de insospechables consecuencias.

El Papa renuncia a su condición de justo pastor al instar a ambos pueblos a un diálogo para que Bolivia tenga salida al Océano Pacífico con soberanía en territorio chileno. Su deseo implica un abuso al solicitarle a nuestro país a que se siente a negociar acerca de un problema inexistente y sellado en paz y consenso  en 1904 mediante un Tratado.

Resulta desconcertante que un Pontífice se deje llevar por sus impulsos viscerales en temas jurídicamente resueltos de por vida. No hay en el planeta otro ser humano que debe hacer mayor gala de prudencia que el Papa, pero en este episodio ha sido el principal pecador.

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