Los Gato-Monos de la Legislación Chilena Patricio Amigo

Los Gato-Monos de la Legislación Chilena

Por Patricio Amigo

Al hablar sobre el desprestigio de los legisladores chilenos,  pareciera innecesario ir más allá de sus indignantes remuneraciones.  Sin embargo, el Contralor General de la República puso la guinda sobre la torta o dieta parlamentaria: “los gato-monos”.

Cuánta razón tiene la voz más autorizada del inventario legislativo chileno o gigantesco rebaño de “gato-monos”, para calificar la turbia literatura de las leyes.

La criticada “puerta giratoria” de los tribunales es causa directa de estos “gato-monos”. Los propios jueces justifican sus malolientes fallos culpando a los textos de las leyes. Leyes que redactan los parlamentarios y sus asesores.

Revisando someramente la historia del parlamento chileno, en el siglo de gloria de nuestro país, cuando gobernaban Chile hombres ilustres, que no sólo trabajaban por amor a la patria y sin sacar un centavo del erario nacional; cuando se fundó la primera Universidad de Sudamérica;  cuando ganamos guerras y prestigio de gente valiente y esforzada, la moral, la ética, el carácter del chileno estaban muy lejos del relajo que hoy nos invade. La política era, entonces, el arte de gobernar. El Presidente don Aníbal Pinto Garmendia debió enfrentar y financiar la Guerra con Perú y Bolivia y cuando entregó el mando, debió irse a vivir a Valparaíso, a una modesta casa que compró con la venta de su residencia en Santiago, pobre, arruinado, pero con una dignidad que hoy no se estila.

A comienzos del siglo XX, que un tango calificó de cambalache, desvergonzado y corrupto, se generó la dieta parlamentaria. Se buscaba permitir que ingresaran al Parlamento quienes carecían se sustento propio. Pero la “dieta”, cuya primera acepción del término se refiere a una alimentación liviana y delicada para enfermos, comenzó a prostituirse. Sus montos son determinados por sus mismos usuarios y, ahora, están a punto de legislar para proveerse de fondos que financien sus campañas electorales. ¡Habrase visto!

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