Los militares ¿comodín inagotable? Actualidad

Los militares   ¿comodín inagotable?

Por Cristián Labbé Galilea.

Tema obligado de nuestra tertulia semanal fue el reportaje sobre: “las pensiones por invalidez de ex miembros de las Fuerzas Armadas”, el que de inmediato precipitó una seguidilla de artículos y comentarios que no hicieron más que -como se ha hecho costumbre- denostar a los militares.
La forma en que el tema fue tratado es, por decir lo menos, tan siniestra como maliciosa. Para quien no conoce la realidad de los hechos, es decir la gran mayoría del país, el caso ha resultado “difícil de digerir”, y de allí el peligroso efecto de un imprudente periodismo al cual sólo le interesa el efectismo, tan característico de la posverdad, donde lo único que vale son las emociones y no la razón.
Conocedores –en términos generales- de la realidad que viven los uniformados en materias de remuneraciones y pensiones, mis contertulios no ocultaron su ofuscación. El más campechano no se retuvo... “perdóneme profe pero esto es, como dicen en el campo, igual que confundir la gordura con la hinchazón”. Como no me pareció la forma más elegante de describir lo ocurrido, quise darle un carácter más ortodoxo al comentario… “es verdad, de situaciones o casos puntuales se ha pretendido generalizar”; mi interlocutor insistió en su estilo…”es lo que quise decir, la hinchazón es puntual y la gordura general”. (Risas).
“El tema no es para risas” aclaré y luego advertí que lo que se intenta es despojar de credibilidad a las Fuerzas Armadas para hacerlas lábiles al poder político. Acto seguido, expliqué latamente que sus pensiones son un sistema muy complejo y que tiene muchas aristas las que hay que analizar en su mérito. Lo anterior, no quiere decir que estemos avalando situaciones puntuales y/o irregulares que no se apegan al espíritu con que las propias autoridades políticas, a través del tiempo, han legislado sobre el particular… Recordé al poeta español Calderón de la Barca que escribió: “en buena o mala fortuna la milicia no es más que una religión de hombres honrados…”
Subrayé que la vida de un soldado no era homologable a ningún otro quehacer, empleo, oficio, actividad o profesión, y por eso los militares han estado dotados -desde los orígenes de la nación- de una legislación especial. Es fácil deducir entonces que ¡nada hará que eso cambie! Podrá haber ajustes, modificaciones, correcciones, etcétera… pero en lo sustantivo, si queremos seguir siendo una nación libre, democrática y soberana, nuestras autoridades deberán aprender a distinguir, respetar y reconocer el papel que tienen nuestras Fuerzas Armadas en el destino del país.
Fueron muchos los argumentos que se esgrimieron. El tiempo se agotó, se hizo tarde y uno de los participantes señaló: “no alcanzamos a comentar lo que ha pasado con: el SENAME y los más de 1300 niños muertos; con el estancamiento de la economía; con el escándalo de la ley de aborto; con las pugnas de la Nueva Mayoría, de la Goic, de Guillier, con las reformas”, etcétera… Con el tema de las pensiones de los militares, “toda la mugre quedo oculta debajo de la alfombra”.
¡Regla de oro! Cada vez que aparece un escándalo en materia política, económica o de cualquier tipo, la solución para los políticos es arremeter contra los uniformados.
La pregunta que surge de inmediato es: ¿hasta cuándo les durará este peligroso juego de usar “la cortina de humo militar” para distraer a la opinión publica de los escándalos públicos? Porque si creen que: “los militares son un comodín inagotable...” ¡están muy equivocados!
Cristián Labbé Galilea.

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