Los últimos cristianos de Europa Material Historico

Los últimos cristianos de Europa

Carlos  Esteban   La  Gaceta

Occidente se descristianiza más deprisa de lo que se creía, pero la secularización total de nuestra civilización tendrá una víctima que no lo espera: la izquierda

A Occidente le quedan una o dos generaciones para dejar de ser una civilización cristiana en cualquier sentido de la palabra. La descristianización de Europa y Norteamérica es una tendencia conocida, pero los últimos datos hablan de una aceleración considerable en este sentido.  

Según el Estudios de Actitudes Sociales que publica la Oficina del Censo británica cada diez años, entre 2001 y 2011 el número de cristianos nacidos en las islas se redujo en 5,3 millones, unos diez mil a la semana. De mantenerse este ritmo, para 2067 habrá desaparecido el último cristiano nacido en Gran Bretaña, poniendo fin a la misión iniciada por San Agustín en 597. La 'versión nacional', el Anglicanismo, habrá acabado bastante antes, en 2033.

No es, como podría dar la impresión, que el Cristianismo esté agonizando en el mundo, solo en la civilización que lo llevó a todos los rincones del planeta y que se desarrolló en torno a la fe. Ya casi la mitad de los cristianos viven en África y Latinoamérica, y para 2050, según el último estudio de Pew Research, esas dos regiones contendrán a seis de cada diez cristianos, frente a una cuarta parte que habitará en Norteamérica y Europa.  De aquí a 35 años, en Europa vivirá el 16% de los cristianos del mundo, solo un 10% en Norteamérica.

La familia por el Estado

Es ya un cliché advertir que Occidente es una civilización postcristiana, y eso es cierto si atendemos a las leyes, las actitudes, las ideas dominantes y las nuevas tendencias. Pero es una verdad a medias. Quienes dictan las modas ideológicas pueden haber perdido la fe, pero se han criado en ella, bien en su familia, bien en su entorno social, y dan por supuestos muchos principios que creen universales pero que son, en realidad, conclusiones del pensamiento cristiano. Solo podrá hablar del fin del Occidente cristiano cuando el cristianismo deje de ser la 'ideología implícita' que inspira nuestra cultura.

¿Cómo será un Occidente sin cristianismo (o, lo que es igual, con un cristianismo marginal sin apenas influencia en la cultura)? En algunos aspectos, ya hemos empezado a verlo. La primera consecuencia a la vista es, con toda seguridad, la destrucción de la familia, el mayor desastre que vive nuesta civilización. La familia ha cubierto y sigue cubriendo una variedad tal de servicios al ser humano -desde incentivo en la creación de riqueza hasta la propia generación de nuevos ciudadanos y educación y mantenimiento durante los primeros años de vida, red de auxilio social y solidaridad privada, pasando por incontables beneficios psicológicos y emocionales- que su paulatina disolución está obligando a la extensión de ese pobre sustituto, el Estado, más de lo que se hubiera pensado posible hace unas décadas y, probablemente, más de lo que puede mantenerse a largo plazo, con consecuencias imprevisibles.

Junto a la familia, la demografía. Europa se queda sin europeos nativos a toda velocidad. Alemania ya ha superado a Japón con la tasa fertilidad más baja del mundo, un fenómeno que es, a la vez, consecuencia y causa de la descristianización en Europa, al obligar a un influjo masivo de inmigrantes procedentes de otras culturas. 

¿La nada, como en la URSS?

La descristianización de Occidente tendrá enormes consecuencias sociales, muchas de ellas imprevisibles, ya que dependerá de qué llene el vacío dejado por ella: ¿el Islam, una religión que crece en todo el mundo a marchas forzadas y que pronto tendrá más seguidores que el cristianismo en algunos países de Europa? ¿Un neopaganismo difuso? ¿Nada, como en los países del extinto bloque soviético? 

Pero la desaparición del ethos cristiano de nuestra psicología y cultura colectivas va a tener una víctima que no lo espera: la izquierda. En un mundo en el que haya desaparecido todo rastro de pensamiento cristiano, la izquierda carece absolutamente de sentido.

La izquierda ha sido la fuerza intelectual que más se ha esforzado por imponer la secularización a Occidente, lo que no deja de ser irónico porque equivale a serrar la rama en la que está sentada. La izquierda no deja de ser una herejía cristiana, un cristianismo sin Dios, pero que conserva los presupuestos que, antes de Cristino, eran absolutamente desconocidos para la civilización: la dignidad de todo ser humano, la autonomía de la conciencia, la especial importancia de los márginados...

La izquierda pretende que todos esos conceptos son 'universales' y defendibles al margen del cristianismo, al tiempo que abrazan la explicación exclusivamente materialista y darwiniana del universo, lo cual es un contrasentido. La igualdad que abanderan: ¿dónde está en la naturaleza? ¿En qué sentido se deduce de una concepción meramente evolutiva? 

La izquierda lidera todas las causas de quienes considera víctimas, pero una víctima fuera de la tradición cristiana es lo último que nadie querría proclamarse. El fuerte gana y el débil obedece o muere. Si le parece espantosa la frase es porque usted, lector, pertenece a una civilización basada en la concepción cristiana del hombre, pero no tiene nada de evidente o racional su rechazo.

El cristianismo se ha dado por muerto muchas otras veces en la historia de nuestra civilización para resucitar luego con fuerza, a imagen de su Fundador. Pero quizá esta vez resurja en otra parte y haya pasado definitivamente la hora de nuestra civilización. Sin embargo, la ideología dominante, la que ha sembrado la descristianización y espera beneficiarse de ella va a llevarse una enorme sorpresa cuando las generaciones totalmente descristianizadas les den de lado como la última reliquia del cristianismo.

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