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Manifiesto de la No izquierda Despierta Chile

Manifiesto de la No izquierda

 

 

¿Qué piensa la derecha, qué ideas pretende defender? Es la pregunta que algunos académicos cercanos al "sector" han formulado con insistencia. Pues bien. Bajo el solemne titular "La avanzada intelectual de la derecha" el diario La Tercera (febrero, 11), presenta un documento de trabajo elaborado por los senadores Andrés Allamand y Hernán Larraín, junto al historiador Hugo Herrera, al antropólogo Pablo Ortúzar y al abogado y ex contralor Ramiro Mendoza, texto que está dirigido a medio millar de dirigentes de ChileVamos y que serviría como "insumo" (palabra cursi) para el hipotético segundo gobierno de Piñera.

 

Se trata de ocho capítulos. El primero, desarrollado bajo el epígrafe "Reivindicar el concepto de República" destacado por el editor con la frase "Se requiere división del poder y transparencia en el actuar de quienes lo detentan", está muy bien, si es que apunta a la conducta de muchos corruptos que ocupan cargos de alta responsabilidad, pero que deviene en cruel ironía si consideramos que es el propio Sebastián Piñera, su principal destinatario. 

 

Porque si el recuerdo de Caval, del Sename, de Gendarmería, de los nombramientos a "dedo" y tantos otros "incidentes" que derrumbaron el sólido índice de popularidad de la mandataria, también existen otros capítulos en la ribera opuesta igual de bochornosos, siendo piadosos.

 

De manera que en eso de la transparencia "mejor no meneallo"; algo distinto es el capítulo 2:"Necesidad de una nación abierta" del cual se subraya que "la inmigración no es un fenómeno que haya que enfrentar con temor y desconfianza" partiendo de una premisa (con algo del pensamiento de Charles Maurrás y de Maurice Barrés) de que una nación con una fuerte identidad propia está en condiciones de abrirse al mundo y entrar en diálogo fructífero con otros pueblos ... porque, aseguran "la nación es un pacto entre los vivos, los muertos y los que están por nacer"

 

En este sentido plantean un "reconocimiento" a los pueblos indígenas, a los inmigrantes y a las futuras generaciones. Casi perfecto si se trata de un pacto. Pero está ausente aquello a lo que aludían los pensadores franceses del s.XIX -Maurrás y Barrés- cuando este último señalaba taxativamente que los muertos, no son los cadáveres sino que "las obras, las hazañas, los ideales de las generaciones pasadas, en cuanto marcan orientaciones y valores para el presente y las que han de sucederlas..."

 

En tanto el monárquico Maurrás exigía conjurar al Estado " a enseñar la Patria, la Patria real y concreta, el suelo sagrado donde duermen los huesos de los padres y la semilla de los nietos (...) la enseñanza de la Patria es la enseñanza y la defensa del hombre, de la sangre, del honor y del territorio..."

 

La gestión de gobierno de las sucesivas administraciones, desde 1990, no se caracterizó precisamente por llevar adelante esta sana e imprescindible política. Sino que el por el contrario, prácticamente todos aquellos símbolos, que hacen a la chilenidad, fueron menoscabados, olvidados, derruidos. Las banderas del bicentenario constituyeron un gesto. Pero no más allá. 

 

Ahora, siendo Chile una nación de inmigrantes sin olvidar al mapuche que tampoco es originario de estas tierras, por supuesto, debe estar dispuesto a enriquecer su patrimonio demográfico, cultural y económico con el aporte extranjero. Pero el país no está ni lejanamente en condiciones de recibir a todo aquel que desee instalarse en nuestro territorio. De modo que Chile puede continuar como "nación abierta" como plantean Allamand, Larraín y compañía. Pero selectiva y no en términos tales que desvitalicen nuestra identidad o que la deterioren aún más.

 

Puede, este documento, orientar una discusión en numerosos otros capítulos que no se pueden abarcar en este espacio. Pero la derecha o a aquellos que reconocen filas allí, deben admitir, también, junto al historiador Stanley Payne que "la derecha en términos históricos ha desaparecido, no se puede hablar de derechas, hay que referirse a la 'no izquierda'. Los valores ideológicos, morales, de la derecha histórica, han desaparecido en cuanto a conceptos como la religión (...) la 'no izquierda' si existe; es una entidad amorfa, democrática, práctica, tolerante"  En efecto, porque lo que hemos visto, es el abandono de sus tradiciones y un proceso de cambio programático -y lo peor, de principios-, en una derecha francamente "no operativa" que guardó silencio cuando debía alzar la voz; que concurrió con sus votos a reformas nefastas; donde sus prácticas y la conducta de algunos de sus representantes connotados, llevaron a la desmoralización de sus votantes o a la resignación casi oriental del denominado voto duro.

 

Algunos verán este documento como un síntoma positivo. Pero, desde otro ángulo es como un contrato notarial. Así de frío y distante de la épica, que debe justificar un proyecto político de altura, como exige el Chile de hoy. Por ahora, la derecha, aquello que insiste en denominarse "centro derecha" es un desierto nada de florido.

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