Nadie esta libre Despierta Chile

Nadie esta libre

GDB. Álvaro Guzmán Valenzuela

Presidente de la Promoción 1966 - 1970

Leer detenidamente y vean las conclusiones al final para que cada uno oriente su propio sentir y accionar frente a esta persecución implacable. Nadie está libre. Solo por decir algo ayer fueron requeridos por la PDI en Viña del Mar, 4 oficiales de la promoción diciembre 1976 para explicar su actividad de año 1977 sirviendo en el Rgto. Maipo. Ellos solo eran jóvenes recién salidos de la Escuela Militar, dedicados a instruir a la tropa. Esta citación, fue con una "lista de revista comisario" en la mano, ¿entregada por quien?.... a abogado comunista Eduardo Contreras, ex embajador de Chile hasta hace poco. Nadie está libre, no importa la verdad o la mentira de la izquierda y la derecha, solo quieren condenar a todos los que sirvieron durante el "GOBIERNO RECUPERADOR DE LA DEMOCRACIA= GOBIERNO MILITAR.”

 

Santiago, Febrero de 2016

Carta del GDB. Álvaro Guzmán Valenzuela

Presidente de la Promoción 1966 - 1970

A NUESTROS CAMARADAS DE ARMAS DE LAS DIFERENTES PROMOCIONES DE LA ESCUELA MILITAR

 

“Si la libertad significa algo, será sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír”. George Orwell

 

Luego de la primera carta en que compartí mi opinión e intenté reflejar el sentir de muchos de los nuestros, indignados todos por la traición del gobierno de Piñera y que éste ha continuado, por la situación que viven nuestros camaradas Presos Políticos Militares y a aquellos miles injustamente procesados o por procesar, escribo estas líneas con la certeza de representar los sentimientos de nuestra generación. Todo ello, con la esperanza de motivar una necesaria. reacción para contener la cobarde y asimétrica agresión de que somos objeto quienes tuvimos el honor de servir en las filas de nuestro Ejército de Chile.

Ante la evidente campaña jurídico-comunicacional a que nos someten desde hace ya largo tiempo, cabe preguntarse:

 

¿Quiénes son los que nos persiguen implacablemente, sin dar tregua en su empeño por llevarnos a la cárcel?, ¿Cuál es la génesis de la estructura del odio y la venganza que hoy enfrentamos?, ¿Es posible contar con algún tipo de apoyo institucional o político?, ¿Qué podemos hacer para revertir la situación en que nos encontramos?

 

La persecución se encuentra hoy en manos de un grupo de ministros de Cortes de Apelaciones, designados inconstitucionalmente por la Corte Suprema de Justicia como “Ministros en Visita Especial”, cuya existencia legal fue derogada hace varios años. Dichos ministros, de innegable involucramiento ideológico, son respaldados en sus fallos por un grupo igualmente afín a sus propósitos, convenientemente instalado en las salas de las Cortes de Apelaciones y fundamentalmente

en la Segunda Sala de la Corte Suprema, instancia donde se resuelven la mayoría de los casos que nos afectan.

 

Como si lo anterior no fuera suficiente, el estímulo comunicacional y el manejo de los sucesivos gobiernos, ha hecho que los jueces sientan que mientras más duros son con los militares, mejores perspectivas de progreso en la carrera judicial tienen. Así ha quedado en evidencia con el posicionamiento progresivo de jueces de izquierda en los más altos cargos de la administración de justicia.

 

Los impulsores y promotores de la persecución entregada en manos de los jueces son, en primer lugar, las agrupaciones de derechos humanos, perversamente estimuladas por los cada vez mayores incentivos económicos. Junto a ellos y con un ímpetu avasallador, actúa, como ente político-técnico, el equipo de abogados del Ministerio del Interior, que bajo el nombre de: Programa Continuación de la Ley 19.123 llevan a cabo la gestión en los tribunales y dirige −a través de ellos− las  investigaciones tendientes a comprometer judicialmente a todos los integrantes de nuestra generación, a diferencia de lo que se esperaba y había sido prometido por el candidato traidor. Estos vengadores no solo fueron mantenidos en sus funciones sino que fueron potenciados fuertemente por el gobierno de Sebastián Piñera.

 

Tenemos entonces un cuadro de acción perfectamente ensamblado, donde el Poder Ejecutivo promueve y estimula, y el Poder Judicial, infiltrado por esta corriente fuertemente ideologizada, ejecuta.

 

2

¿Qué ocurre entretanto con el Poder Legislativo?: Siendo los únicos con autoridad legal de ejercer control sobre los excesos del Poder Judicial, no tienen la autoridad moral y por lo tanto la capacidad de dicho control. No han llevado a cabo acusación constitucional alguna en contra de los jueces prevaricadores, sin duda escondidos en sus propios temores por la corrupción y el desprestigio que los afecta. Salvo un par de excepciones, no hay parlamentario dispuesto a enfrentar al Poder Judicial con la firmeza con la que actuaron en el pasado. Más difícil aún es encontrar parlamentarios con el valor de reconocer en público los abusos que se cometen en contra de los militares. Por el contrario, se siguen presentando proyectos de Ley que buscan humillar al mundo militar. Creen que nos tienen de rodillas, pero - “cuidado” - no es así.

 

En el resto del espectro político no se aprecia ningún camino de solución, pues cada cual se encuentra empleado en su ambición por alcanzar y mantener el poder. Los partidos de derecha y en especial los nuevos movimientos como Amplitud y Evópolis, han demostrado que consideran inconveniente mostrar cercanía con el mundo militar, prefiriendo el silencio o el abierto rechazo a sus antiguos aliados o sostenedores. La mejor prueba de ello es la traición de Sebastián Piñera, la cual no será jamás olvidada ni perdonada por nuestro sector.

 

En una grotesca repetición del guión de la derecha, hoy somos testigos de nuevos intentos de acercamiento hacia nuestro sector, esperando volver a engañarnos como lo hicieron en el pasado.

 

Para el gobierno y los partidos que lo apoyan, las evidencias de inconstitucionalidades, arbirtrariedades e ilegalidades en los procesamientos y condenas a militares sobre la violación de los derechos humanos, los mantienen en una ceguera de “violación sistemática a los derechos humanos” que solo busca dividendos políticos. ¿Qué pasa con los militares procesados y condenados?

 

No son de su interés; la sed de venganza es superior a la razón y a la justicia. Hacen vista gorda y caen en la inconsecuencia imperdonable, grotesca, malvada y demoledora - para los afectados y sus familias - de no cumplir ni respetar la bandera de lucha de los “DDHH” que instalaron en su programa.

En una de esas, y ojalá así sea, hasta es posible que algún líder de la izquierda menos extrema sea capaz de ofrecer una vía de solución ante la incapacidad y falta de credibilidad de la derecha política.

 

No existiendo aliados posibles en el espectro político, cabe preguntarse ¿Dónde podremos encontrar apoyo para nuestra causa, antes que la totalidad de nuestra generación termine

entre rejas?. Comencemos por preguntarnos: ¿Están las instituciones armadas en condiciones o con voluntad para contener esta ofensiva en su contra y en perjuicio directo de sus miembros en situación de retiro? Lamentablemente, los hechos demuestran que las instituciones y en especial el Ejército, se encuentran empeñadas en defenderse de la campaña de desprestigio que ha surgido como consecuencia de los luctuosos hechos gestados entre sus filas, donde la falta de honor y

honradez de algunos ha expuesto a la institución al oprobio público. Lo curioso es que dichas situaciones han sido detectadas, investigadas, sancionadas preventivamente y sometidas a la justicia por el propio Ejército, pero aprovechadas política y comunicacionalmente por los tres poderes del Estado.

 

La sociedad civil, por su parte, mantiene una total indiferencia hacia nuestra situación, solo algunos signos y comentarios de cóctel demuestran algún grado de sensibilidad hacia la abusiva condición con que se nos trata. A pesar de ello, los intereses nacionales apuntan a cualquier otro tipo de problemas, menos hacia el nuestro. Las reiteradas campañas comunicacionales, perfectamente coordinadas desde el gobierno, mantienen la imagen de criminales y genocidas, que se nos atribuye en un plan de venganza perfectamente orquestado, generando con ello el rechazo en mucha juventud, sobre la base de una historia evidentemente tergiversada.

 

3

No habiendo apoyo posible, al menos en lo inmediato y en lo evidente, necesariamente debemos volcar nuestra atención sobre nosotros mismos. En primer lugar, ha quedado atrás la idea de que serían solo “algunos” los expuestos a la persecución.

 

Hoy vemos que ya se está sometiendo a proceso a quienes detuvieron gente por violar el toque de queda o cuyos soldados dispararon en contra de quien trató de evadir el control. El fundamento de los jueces es que el Golpe de Estado fue

ilegal, luego todo lo que se hizo posteriormente también entra en la categoría de ilegal. Tenemos así múltiples casos de procesamientos por detenciones ilegales, apremios ilegítimos, torturas, etc., atribuidos a quienes en la fecha sólo cumplían órdenes de sus superiores, en el marco de un Estado de Sitio.

 

En medio de esta avalancha de procesos, los que ya superan los 1.300, escuchamos a muchos que dicen “hay que…”, a pesar de que − cuando tuvieron el poder - nada observable y palpable hicieron. Un antiguo profesor señalaba con acierto que “el poder se usa por el bien de los ciudadanos y la convivencia social cuando se tiene, nunca después de dejarlo”. Así, llegamos a una situación en que no sirven las cartas ni las palabras de bien; se requiere de actos y conductas que logren resultados. Solo sirven las acciones que − aunque tardías − puedan revertir la situación en que nos encontramos.

 

Muchos de quienes fuimos mandos subalternos en la época en cuestión creen que no serán tocados por no haber hecho nada reprobable. Por desgracia, la Cárcel de Punta Peuco y próximamente Colina I comienzan a llenarse de ingenuos que creyeron que esta justicia respeta la verdad y la honestidad.

 

Cada día vemos a más y más camaradas recibir tratos vejatorios, por el solo hecho de haber cumplido con su Deber Militar o más grave aún procesar y condenar a oficiales por el solo hecho de ser parte de la Unidad, donde no concurren la convergencia subjetiva que tiene relación, con el conocimiento y la intención del daño ocasionado - por parte del procesado o condenado - y tampoco la convergencia objetiva de la presencia del sujeto en el acto en cuestión. Las penas aplicadas han sido de un rigor absolutamente arbitrario y desproporcionado; ajenas a todo acto de justicia. Venganzas demoledoras, que instalan en la opinión publica la idea de instituciones absolutamente dañinas a la sociedad a la cual sirven, pero que ante los momentos más dificiles que periodicamente vive Chile, todos miran a sus cuarteles. ¿Qué intención politica e ideologica se pretende con estos actos de corrupcción y prevaricación de jueces?.

 

¿Denostar el alma del soldado y tenerlo arrodillado sometido a

las decisiones de los diferentes poderes del estado? ¿Qué hay del Ejército libertador?. El daño al alma nacional es irremediable.

 

¿Hasta cuando resiste esto nuestro país?

 

¿No hay autoridades del poder ejecutivo, legistativo y judicial que puedan decir algo al respecto? Sin duda esa “ceguera humana” alimentada por la venganza hacia quienes están amarrados de pies y manos, pero libres de conciencia, es de una cobardía atroz y una vergüenza que la historia de los pueblos la ha repetido y que sus autores y responsables a la larga han debido afrontar.

 

¿No habrá alguna autoridad en Chile, que desde su situación transitoria de poder levante su voz, basado en los principios de los derechos humanos, tan manoseados y sin aplicar por quienes los pregonan y más grave aún por quienes deben aplicar “justicia con justicia”?

 

Recién se ha creado la Multigremial de las FF.AA. y de Orden y Seguridad en Retiro, a la cual debemos apoyar con un generoso y permanente compromiso; ello para cumplir sus nobles

objetivos y también como una forma de hacer sentir nuestro peso en la sociedad y presionar para la libertad de los nuestros injustamente procesados y condenados. Chile necesita de procesos y condenas transparentes, objetivas y válidas; no sustentados en ficciones jurídicas; sujetas a derecho; y el fin de la persecución.

 

4

Resumiendo nuestra situación:

 

1) Nos encontramos ante un enemigo declarado contra la generación militar que vivió los años del Gobierno Militar, lo cual es apoyado y estimulado económicamente desde el gobierno.

 

2) El medio de acción empleado por el enemigo corresponde a un sector enquistado en la judicatura, a través del cual se nos aplica un tratamiento judicial discriminatorio, arbitrario e inconstitucional.

 

3) El Poder Legislativo demuestra una nula capacidad o interés en solucionar nuestra situación.

 

4) No hay posibilidad de obtener apoyo de nuestras instituciones, acorraladas por la presión del mundo político.

 

5) No disponemos de un apoyo efectivo en la opinión pública, lo que dificulta cualquier solución de parte de quienes viven de ella: los políticos.

 

6) A través del apoyo incondicional a nuestra Multigremial, tenemos la oportunidad de mostrar la fuerza que poseemos, abandonando la actitud pasiva de los últimos años.

 

Entonces:

 

1. Observemos a quienes con sus actuaciones han contribuido a la denostación de los militares y que mediante una campaña perfectamente organizada y apoyada por los sucesivos gobiernos, han pretendido cambiar la historia y han provocado el

encarcelamiento injusto de nuestros camaradas de armas.

 

2. Denunciemos públicamente a quienes han abusado del cargo que ostentan y que han caído en abierta prevaricación.

 

3. Mantengamos unidas a nuestras promociones, prestos a apoyar lo necesario para preservar la verdadera Justicia que hoy se nos niega.

 

4. Apoyemos a la Multigremial recientemente formada y demostremos que con cientos de miles de nuestros votos y de nuestras familias, lucharemos por restaurar la “verdadera

historia de Chile”, unidos a una permanente campaña de denuncias en todos los tribunales posibles, ya sean nacionales o internacionales.

 

Además

 

? ¡No dejemos abandonados a nuestros caídos en el combate. Los aportes – por pequeños que sean - a través de diferentes organizaciones como la “Multigremial” o “Mis Camaradas" (miscamaradas2016@gmail.com) son muy importantes!

 

? ¡Mantengamos unidas nuestras promociones, prestos a apoyar lo necesario para preservar la verdadera Justicia que hoy se nos niega!

 

Santiago, Febrero de 2016

GDB. Álvaro Guzmán Valenzuela

Presidente de la Promoción 1966 - 1970

Compartir