NO SABE, ESTÁ EN DUDA, NO QUIERE Actualidad

NO SABE, ESTÁ EN DUDA, NO QUIERE

Por PIRI, VOXPRESS.CL

 

La cifra es impactante: se estima entre un 60 y 65 el porcentaje de abstención para las próximas elecciones presidencial y parlamentaria. Los datos corresponden a la investigación en terreno realizada por el Cemtro de Estudios Públicos.

 

En ese voluminoso  número se incluye un 25% de quienes afirman, de modo categórico, que no asistirán por ningún motivo a sufragar, aduciendo que “no vale la pena, porque todos los políticos son iguales….de malos”. También están considerados aquéllos que “están en la duda” de concurrir a los locales de votación.

 

Igual de inquietante es la cantidad de consultados que confesaron “no saber” por quien votar, como si diera igual hacerlo por uno de extrema izquierda que otro de centroderecha.

 

Los cientistas políticos han intentado buscar las causas de tan abrumadores niveles de abstención, los que, dicho de paso, no son exclusivo de Chile, sino constituyen un fenómeno mundial. La única certeza es que estas cuotas de indiferencia surgieron apenas el Congreso Nacional, asumiéndolo como un fortalecimiento a la democracia, aprobó el voto voluntario, sustituyendo el obligatorio.

 

No mucho tiempo debió pasar para que los legisladores se diesen cuenta del tremendo error que cometieron, y ello consecuencia de su permanente distancia, alejamiento y desconocimiento de las  características de la ciudadanía.

 

El chileno  —y hablamos en términos generales–  es hijo del rigor, por lo que funciona con naturalidad frente a la obligaciónón. Su capacidad de interesarse en asuntos de real importancia es muy limitada, casi nula, por una cuestión genética que le impide ver más allá de sus narices.

 

Con periodicidad recordamos un estudio de la UDP que concluyó que como “el chilenos es un analfabeto funcional”, la posibilidad de llegar a ser un país desarrollado se ubica a 150 años de distancia.

 

A propósito de ello, en un programa de TV llamado ¿Cuánto sabe un niño de quinto básico? se invitaba a ‘personajes’ adultos a competir también sobre materias tan básicas correspondiente a ese nivel escolar. Un diputado, actualmente en ejercicio y experto electoral, a la pregunta quién es el autor de ¿Ha Almorzado la Gente?, respondió que fue…¡Bernardo O’Higgins.

 

Esta decepcionante descripción es comprobable en el día a día de la existencia de nuestros compatriotas: protestan contra las autoridades, maldicen los sistemas de transporte, se rebelan contra los bajos sueldos y las bajas pensiones; demandan hasta con violencia viviendas dignas; hacen milagros para alimentarse; transitan y duermen con temor a la delincuencia desatada; madrugan con bajas temperaturas en la esperanza de un colegio gratuito pero de calidad para sus hijos y no le temen a la calle para ganarse la vida.

 

Sin embargo  –sí, créalo— se sienten o se creen felices, según revelaciones de ello mismos a la última encuesta sobre satisfacción personal.

 

Chilenos con este sello son quienes hacen girar su pequeño mundo en torno a un costoso equipo multiuso móvil de última generación o en vistosas zapatillas de una carísima marca. Del resto saben poco o nada, porque, simplemente, no les interesa.

 

El nivel de deserción escolar y universitaria se ha mantenido alto en los últimos años, como, asimismo, el número de quienes rehúsan estudiar y/o trabajar.

 

El chileno se siente satisfecho con su micromundo, el cual no supera los límites de sus elementos de entretención cotidianos  —hoy, la electrónica–, su barrio, sus amistades, su equipo de fútbol y la indispensable compañía de bebidas alcohólicas.

 

No le interesa el país como tal, su funcionamiento, su institucionalidad, su progreso y su bienestar general, y menos su destino. Como vive ‘a concho’ el presente, se olvida que lo espera un futuro incierto. Por su natural frontera de conocimientos no distingue entre democracia y totalitarismo y menos sospecha de las diferencias entre libre mercado y las restricciones del socialismo.

 

Si no está al tanto de lo que ocurre en su país, menos conoce acerca de  la intolerable dictadura de Maduro en Venezuela, otrora una nación de economía emergente como lo fue Chile hasta que llegó Bachelet al poder.

 

Su “analfabetismo funcional” es el que genera su indiferencia y apatía por ir a votar. Desconoce las finalidades muy dispares de los partidos políticos, apenas puede distinguir a los candidatos presidenciales y de los aspirantes al Parlamento ni siquiera conoce sus nombres.

 

Es penoso reconocerlo, pero es la pura realidad: si el país está mal y corre el riesgo de estar peor, es culpa de los propios chilenos.

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