No Se Puede Ser Tan Políticamente Correcto Hermógenes Pérez de Arce

No Se Puede Ser Tan Políticamente Correcto

Blogs de Hermógenes

 

 
 
          Ayer leí la columna “Neil Gorsuch y el ‘gobierno’ de los jueces” del abogado y columnista de “El Mercurio”, Hernán Corral. Es cercano al Opus Dei, generalmente concuerdo con sus tesis, pero en esa columna prueba que es también, y lo lamento, “políticamente correcto” en exceso.
 
          Pues ha hecho un análisis muy jurídico y acertado de cómo los jueces en Chile han ido usurpando funciones que corresponden a los poderes Ejecutivo y Legislativo y han ido fallando, no de acuerdo a las leyes, como es su misión, sino a sus particulares ideas (políticas, agrego yo). Y alude al nombramiento de Neil Gersuch en la Corte Suprema de los Estados Unidos, un jurista contrario a semejante “activismo judicial” y que ha escrito: “La tarea de los jueces es declarar lo que la ley dice… y no lo que ellos piensan que debería decir a la luz de sus propias opiniones políticas”.
 
          Luego Hernán Corral cita al Contralor, que ha criticado a los jueces chilenos por determinar a qué sistema previsional deben adscribirse ciertos funcionarios públicos, desatendiendo el tenor de la ley.
 
          Después cita la extralimitación legal de la Corte Suprema al dictaminar que el Servel debe instalar locales de votación en las cárceles, lo cual también está al margen de los textos vigentes.
 
          En seguida, entre esos atropellos, afirma que “el más serio, sin embargo, es el congelamiento de los precios de los planes de las isapres, que se ha dado por el acogimiento ya casi mecánico de miles de recursos de protección”.
 
          También alude a “un grupo de jueces no elegidos democráticamente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”, que ha conseguido que el Gobierno chileno se comprometa a enviar un proyecto de ley que consagre el “matrimonio” homosexual con adopción y homoparentalidad.
 
          Y concluye declarando, acertadamente, que los magistrados que así actúan están violando un límite y su conducta “menoscaba el Estado de Derecho, devalúa la misma función judicial y pone en entredicho su independencia”.
 
          Perfecto. Pero ¿no falta algo en ese análisis? ¿Qué dirían ustedes de un columnista que escribe sobre “Las cumbres más altas de los Andes” y no dice una sola palabra sobre el monte Aconcagua?
 
          Pues Hernán Corral ni siquiera menciona que en Chile hay más de un centenar de presos, en distintos recintos y, en particular, en el penal de Punta Peuco, encarcelados en virtud de resoluciones judiciales contrarias a la Constitución, a las leyes y, frecuentemente, a la verdad de los hechos.
 
          Hoy se me ha hecho llegar copia de una carta de un oficial intachable, el brigadier (r) Miguel Krassnoff, donde expresa: “Hoy me encuentro privado de libertad en un Centro Penitenciario desde hace 12 años, sin considerar mis arrestos en situación procesal, con los que sumo aproximadamente 17 a 18 años, acusado de presuntos y muy extraños ilícitos que habría cometido entre los años 1974 y 1976 catalogados como ‘violaciones a los derechos humanos’, acusaciones absolutamente falsas y cargos inexistentes, atropellándose de paso todas las leyes vigentes al día de hoy, las que en el supuesto que este teniente hubiese sido un criminal desquiciado (imposible por la severidad que impone el honor militar para el comportamiento en combate) me benefician al punto que yo jamás debería haber sido citado a tribunal alguno”. Y ni siquiera añade que el conjunto de sentencias ilegales le ha impuesto más de 160 años de presidio.
 
La columna de Hernán Corral ni siquiera dice que hay decenas de sentencias y resoluciones judiciales, que son públicas, fundadas en una mentira flagrante, evidente y comprobable, como es la de afirmar que los procesados y condenados mantienen hasta hoy y desde hace más de cuarenta años secuestradas a personas que todo el mundo sabe que no lo están.
 
Y ni siquiera menciona al pasar que la Corte Suprema confesó su responsabilidad en tan evidente y reiterada prevaricación, en su Informe 8182-2010, reconociendo que en Chile no había leyes que permitieran procesar y condenar a los soldados del ’73, pero que, pese a ello, los había procesado y condenado. Ni menos se ha dado cuenta de que en el mismo “El Mercurio” de un par de días atrás el propio Ministro de la Corte Suprema, Patricio Valdés, ha lamentado que esos fallos hayan sido dictados “apartándose e infringiendo las normas constitucionales que rigen la materia”.
 
          No se puede ser tan políticamente correcto como para no ver el Aconcagua estando parado frente a él.

Compartir