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Nuestros intereses Despierta Chile

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Con el voto de Chile, Bolivia fue elegida miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Fue en reciprocidad por el apoyo que el vecino país entregó a Chile, para ocupar un asiento en dicho organismo durante el período 2014-2015.

 

Al gobierno de Evo Morales le corresponderá, esta vez, hacerlo del 2017 al 2018 y, según analistas bolivianos, éste sin duda utilizará el bienio para mejorar la posición boliviana ante la Corte de La Haya en la demanda contra Chile. A la vez, hará sentir la voz de los disminuidos gobiernos chavista del ALBA.

 

La suspensión de Dilma Rousseff como Presidente de Brasil, la derrota del kirchenrismo a manos de Mauricio Macri, en Argentina, el triunfo de la derecha en Perú y la práctica desaparición del etnocacerismo antichileno de Ollanta Humala en Perú, dejaron a Evo Morales aislado y huérfano de apoyos importantes. El peso de Brasil en Bolivia, así como el de los trasandinos, supuso un alivio para La Moneda. Sin embargo, en una decisión bastante discutible en sus orígenes y alcances, el gobierno de Bachelet decidió levantar una demanda por el Silala, un curso de agua, indiscutiblemente binacional. Tomó momentáneamente la iniciativa en esta materia. Pero a cambio, nos metió en un hoyo negro: en la Corte de La Haya, donde, ya lo sabemos por la dura experiencia que tenemos con esos jueces,  la CIJ suele dar a cada uno "alguito" como dicen en Perú.

 

También cerró, en el mediano plazo, cualquier opción de abandonar el Pacto de Bogotá, para dar término a este interminable festival de demandas. Lo del Silala, amenaza convertirse en otro revés diplomático, de esos que acostumbramos experimentar con el panel de juristas internacionales, más interesados en sus propias carreras burocráticas y no de fallar en derecho.

 

Ahora viene el Tratado TransPacífico (TPP) un acuerdo que ciertamente, como todos estos instrumentos, restará soberanía a nuestra nación. Es cierto que cada Tratado como la enorme red que ha tejido Chile en torno al libre comercio, supone concesiones bilaterales, pero de esta forma también nos aproximamos a un momento como el que viven los países de la Comunidad Europea. Y la saludable reacción que constituye el Brexit, es una evidencia de que este fenómeno globalizante, debe ser acotado. Pero ¿existe la posibilidad de establecer límites?

 

Ante todo, el Brexit es, sobre todo, un tema político y no un asunto estrictamente económico, según consideró Marine Le Pen, la líder del Frente Nacional de Francia, en un extenso artículo (El Mercurio, 29 de junio de 2016, Cuerpo A, página 9), quien cree que "tiene que ver con la libre elección de un pueblo que decide gobernarse a sí mismo" y no depender de las decisiones que adopte la burocracia de Bruselas.

 

"Cada uno de los 28 países que la constituyen (la Unión Europea, UE), han perdido lentamente sus prerrogativas democráticas ante comisiones y consejos sin ningún mandato popular. Cada nación en la UE ha tenido que aplicar leyes que no quería hacer por sí mismas. Los países miembros ya no determinan más sus presupuestos. Se les pide que abran sus fronteras contra su voluntad".

 

La reacción de los burócratas de la UE se resume en una frase de Jean Claude Juncker: "no puede haber ninguna opción democrática contra los tratados europeos", recordó Marine Le Pen. Y si esto no es una tiranía, se está muy cercano a ese modelo.

 

Con el TPP, Chile, dará un paso más en esa misma dirección perdiendo soberanía sin la posibilidad democrática de cautelar nuestros propios intereses. 

 

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