¡Nunca mucho costó poco! Despierta Chile

¡Nunca mucho   costó poco!

Por Cristián Labbé Galilea.

Si hay algo que caracteriza los procesos electorales, con diferencias numéricas estrechas, es que los candidatos y sus equipos pierden con frecuencia el foco de lo que verdaderamente importa: el tipo de sociedad que se aspira construir y los principios en los que esta debe fundarse,cayéndose fácilmente en la promesa ligera y en la banalidad.
Se agrava lo anterior cuando además, las propuestas políticas que se postulan son diametralmente opuestas entre sí.
Tal es el caso de las elecciones presidenciales del próximo 17 de diciembre, donde: por un lado, tenemos una candidatura que promueve la profundización de un proyecto que ha generado un severo estancamiento de nuestro desarrollo y que ha recibido un mayoritario rechazo de la comunidad nacional; y, por la otra parte, tenemos un expresidente que aspira a impulsar un dinámico crecimiento económico, como camino básico para generar bienestar y estabilidad política.
Se suma a lo señalado, el hecho de que ambas campañas se han orientado principalmente a captar al segmento más politizado del país, tratando de atraer para sí al “voto huérfano” (que perdió a su candidato) y han olvidado a esa mayoría (56%) que no votó en primera vuelta y que representa -en buena parte- al ciudadano medio de nuestro país, a ese hombre y a esa mujer que se esfuerzan sin descanso por seguir adelante sin rendirse: “aunque el fuego queme/el miedo muerda/el sol se esconda y se calle el viento” (Mario Benedetti).
Todo indica que son esas las personas, convocadas y seducidas a votar por la opción que reivindica una sociedad más próspera, más justa, y con mejores oportunidades para todos, quienes debieran inclinar la balanza hacia el lado correcto.
Son aquellos quienes, “sin levantar cabeza”, pasan su vida trabajando: profesores, taxistas, campesinos, obreros, administrativos, mamás que ofician de enfermera, de psicóloga, de amiga de sus hijos; aquellos que amanecen antes de que salga el sol para ganarse “el pan con el sudor de su frente”; son ellos los únicos que pueden hacer la diferencia entre un estado socialista y una sociedad libre.
El desafío es claro e imperativo: hay que encantar a ese hombre aspiracional, a la verdadera clase media, para que sean ellos quienes apoyen al proyecto de rescatar al país del letargo y del estancamiento en que se encuentra.
¿Qué duda cabe entonces de que, en los pocos días que restan, el foco debiera concentrarse en aquellos que con sacrificio “le tomaron el gusto” a la dignidad, al éxito y a la prosperidad? ¡Ninguna!
Si algo se ha aprendido de la compleja realidad actual es que: “los cantos de sirenas son más una amenaza que una oportunidad” y que, si se quiere tener éxito en las próximas elecciones, la campaña y los esfuerzos políticos debenenfocarse al segmento no politizado del electorado, a ese56% que no fue a votar, entre otras cosas, porque ya no le cree a los políticos.
Por último, se debe responder como corresponde a quienes hace tiempo que asimilaron que "No hay atajo sin trabajo" y que "Nunca mucho costó poco".
Cristián Labbé Galilea.

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