Otra Elección Que Cambiará Mi Vida Hermógenes Pérez de Arce

Otra Elección Que Cambiará Mi Vida

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Otra Elección Que Cambiará Mi Vida

 
 
          El 31 de diciembre de 2008 escribí mi última columna en “El Mercurio”, titulada “Mi Alegría Ya Viene”, y anuncié mi renuncia a ese diario después de 46 años. El principal motivo de la misma era su apoyo a Sebastián Piñera, quien en esa época tenía la mitad de su prontuario actual, pero ya más que suficiente para hacerlo inaceptable para mí como candidato presidencial. Desde luego, había resultado recién condenado por haber sido sorprendido comprando acciones con información privilegiada.
 
          No fue la única razón que tuve para alejarme del diario. En mi autobiografía di seis a lo largo de cinco páginas. Pero aquélla fue la principal.
 
          Hoy me encuentro en un trance similar, pero no en estado de renunciar a alguna entidad, porque ya no estoy en ninguna. No obstante, simplemente no quiero estar con personas de derecha, de mis mismas ideas, a quienes sé y supe partidarias del Gobierno Militar y que siempre han estado agradecidas de él, pero que hoy, bajando la cabeza (todas lo hacen, como si fueran a confesar “voy a prostituirme”), me digan: “Voy a votar por Piñera”, uno de los principales verdugos de la verdad histórica reciente, de la imagen de ese gobierno y de los presos políticos uniformados. No quiero estar con ellas, con una sola excepción: mi única hermana, con quien almuerzo todos los jueves en su casa en compañía de sus hijos. Seguiré yendo.
 
          Pues a ella le he explicado reiteradamente que en la elección del domingo hay un solo candidato de derecha, el único que defiende el legado del Gobierno Militar, y lo entiende. Sé que ella comparte el repudio a la persecución ilegal de los militares (r) por parte de los jueces y de los gobiernos de Bachelet y Piñera. Conoce el prontuario de éste. También entiende que bastaría que las personas de derecha votaran por Kast para que éste obtuviera más votos que cualquiera de los seis candidatos de izquierda y dejara a la Nueva Mayoría fuera del poder el domingo (porque nadie duda de que Piñera pasará a segunda vuelta). Por tanto, también entiende que el único voto realmente útil para que se vaya la extrema izquierda del poder es el que emita por José Antonio Kast.
 
Pero, después de oírme, de enterarse de que sus hijos están de acuerdo conmigo y van a votar por Kast, inclina la cabeza, mira hacia abajo y me dice, con curiosa determinación: “Yo voy a votar por Piñera”.
 
          Única hermana y única excepción. Seguiré almorzando donde ella los jueves. Pero no iré a ninguna otra reunión, tertulia, conciliábulo, conversación, consejo, almuerzo o evento al que asistan personas de derecha que, bajando la cabeza, hayan confesado: “voy a votar por Piñera” o “voté por Piñera”. Con esa gente ya no tengo “affectio societatis”. ¿Para qué estar con ella?
 
          Participo completamente del criterio del empresario Matías Pérez Cruz, que les ha escrito a Longueira y Lavín, con motivo del video de éstos destinado a amedrentar a los votantes de Kast, calificándolo como “una carajada”. Pues lo es. Desde luego, porque la verdad es la contraria: votando la derecha por Kast se garantiza la derrota de la izquierda en primera vuelta.
 
          De Lavín sabemos hace muchos años que se pasó al otro bando y se hizo portador del lema propagandístico de la izquierda sobre “atropellos a los derechos humanos”, que es como llaman a la misión de combatir al ejército paralelo marxista. De éste advirtieron con alarma, al país y al mundo, entre otros, Frei Montalva y Aylwin en 1973. Ello llevó al primero a declarar, en el ABC de Madrid, “los militares han salvado a Chile”… añadiendo “cuando usted tiene un cáncer, llega el momento en que tiene que someterse a una intervención quirúrgica”... “lo acontecido en Chile es exclusiva responsabilidad de Allende y la Unidad Popular”… y, a los empresarios de la SFF, “esto se arregla sólo con fusiles”.
 
          Hoy parece increíble ver a Longueira abogando por Piñera, cuando fue éste quien lo confrontó hace doce años en la conspiración del ex cura Jolo y Gemita Bueno para destruir a la UDI. Piñera había llamado desde el sur, en 2004, a la oficina de Allamand, alertándolo de que la diputada RN Pía Guzmán “tenía una bomba contra la UDI”. Esto fue revelado por la hermana UDI de la secretaria de Allamand. Teletrece presentó a Gemita Bueno como habiendo sido abusada, cuando niña, por altos personeros de la UDI en orgías en que, afirmaba ella, hasta habían llevado a la muerte a otra menor.
 
          Ante eso Sebastián Piñera afirmaba “estar conmovido”, mientras los prohombres UDI eran masacrados en el “juicio por los diarios”. Pero Longueira se plantó firme y amenazó llevar todo el asunto a tribunales, donde la secretaria de Allamand y su hermana tendrían que decir la verdad. Entonces el candidato presidencial Lavín les pidió a ambos presidentes de UDI y RN, Longueira y Piñera, renunciar a sus cargos y a cualquier acción judicial para definir el diferendo. Hasta que el globo se desinfló por completo cuando Gemita Bueno le reconoció al ministro sumariante Sergio Muñoz que todo su cuento de abusos por parte de prohombres de la UDI era mentira. Longueira había desenmascarado a Piñera. Éste, entonces, se dedicó a recorrer el país trabajando, como siempre, para sí mismo, reuniéndose con consejeros de la colectividad para que votaran por él y no por Lavín como candidato presidencial, cuando todo el mundo daba por hecho que RN iba a apoyar a Lavín y Sergio Diez, su presidente, decía que él era más lavinista que nadie. Pero llegó el Consejo de la colectividad y una mayoría proclamó a Piñera. Todo hombre tiene su precio. Y finalmente éste ganó en primera vuelta a Lavín por unos pocos miles de votos, mientras la primera mayoría, Michelle Bachelet, declaraba: “Muchos partidarios míos votaron por Piñera para derrotar a Lavín”. Piñera siempre ha sido funcional a la izquierda, como ahora mismo, cuando confiesa estar estudiando la degradación de militares procesados ilegalmente. Y finalmente Michelle fue fácilmente elegida en la segunda vuelta de 2006, pues Piñera a esas alturas sólo pensaba en 2009.
 
          Como la vida tiene muchas vueltas, los dos grandes enemigos de 2005, Longueira y Piñera, hoy se han hecho grandes amigos. El partido que el segundo buscaba aniquilar hace doce años hoy se rinde a sus pies, dispuesto a ayudarlo en su razzia contra los militares, a los cuales ese partido rendía loas entre 1973 y 2005. Y Longueira, junto con Lavín, llama en un video a no votar por el único candidato de derecha y más próximo a sus ideas, José Antonio Kast, sino por Piñera.
 
          Todo esto lo ha desatado la última encuesta CEP, en la cual no creo para nada, porque es un traje a la medida confeccionado para Sebastián Piñera. Y no creo para nada en ella porque afirma que la mayoría opina las siguientes cosas:
 
1) Que el candidato más “honesto y confiable” es Sebastián Piñera. Por supuesto, hasta los más partidarios de Piñera saben que esto no es así y conceden que de ninguna manera una mayoría puede afirmarlo.
 
          2) La CEP dice que el principal requisito que se demanda de un candidato presidencial es su honestidad. Nueva imposibilidad de que la mayoría vote por Sebastián Piñera. Esto constituye una contradicción en los términos. Una encuesta que arroje ambos resultados no puede estar buena.
 
          3) La CEP de agosto dictaminó que a José Antonio Kast lo conocía el 63 % de los chilenos. La CEP de octubre, después de dos meses de campaña activa de Kast como candidato presidencial, participación en foros, recorriendo el país y apareciendo en todos los medios, dice que ahora sólo el 57 % de los chilenos lo conoce. Es decir, su proclamación, campaña, presencia en radios, diarios y televisión todos los días durante dos meses, han llevado, según la CEP, a que haya bajado su nivel de conocimiento de 63 a 57 %, mucho más que cualquier margen de error. Eso confirma que la CEP tiene un ostensible sesgo anti-Kast. Está mala.
 
 
          El domingo, tal vez con todavía alguna otra “carajada” mediante, sabremos la verdad, influida por ellas. Pero, en lo que a mí respecta, habrá otro cambio en mi vida y no perdonaré a los que, sacrificando sus ideas, sus principios y su propio autorrespeto, hayan confesado, bajando la cerviz, “voté por Piñera”. Con la única excepción de mi hermana. Con aquellos, “nunca más”. El voto premeditado contra la conciencia y contra la verdad no es algo con lo cual yo, al menos, esté dispuesto a contemporizar.

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