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Pánico a la Verdad Hermógenes Pérez de Arce

Pánico a la Verdad

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          El Cuerpo de Reportajes de “El Mercurio” del domingo bien puede ser una síntesis de la maltrecha condición en que se encuentra la verdad en el Chile de hoy.
 
El tema de La Araucanía “copó” ese Cuerpo con tres artículos de fondo: uno del Premio Nacional de Historia, Sergio Villalobos, afirmando que no existe “deuda histórica” con el pueblo mapuche ni una “cultura ancestral” de esa etnia ni menos un “conflicto” originado en la una o la otra; un segundo del columnista dominical Carlos Peña, procurando probar que la afirmación de la Sofofa en el sentido de que ha dejado de imperar el Estado de Derecho en la Araucanía es una “tontería”, tesis que debe haber asombrado a todos los que viven en esa región y también a todos los que vieron el reportaje de Paulina de Allende-Salazar en TVN, donde fue conducida por territorio ocupado por la guerrilla a hablar con el jefe de las FARC chilenas, un extranjero, naturalmente; todo por completo fuera del alcance de las leyes chilenas, los tribunales y el gobierno ; y un tercer artículo, del escritor Roberto Ampuero, allegando pruebas de que, efectivamente, en esa región se ha entronizado un clima pre-revolucionario como el que recomienda forjar el Che Guevara en su manual sobre “La Guerra de Guerrillas”. Ampuero concluye: “el Estado de Derecho ha caído lamentablemente de rodillas ante experimentados activistas que pretenden sustituirlo, al menos en dicha región, por un régimen que aún no definen…”
 
          Lo más extraordinario de esos aportes no es nada de lo que dicen, que en el caso del rector Peña es un resumidero de digresiones absurdas, dogmáticas y burlescas, en el de Ampuero una comprobación de verdades actuales evidentes por sí mismas y en el del historiador Villalobos una recordación de otras pretéritas, pero igualmente evidentes, sino que es lo que todos ellos omiten, seguramente por el pánico histórico-político a decir toda la verdad, dominante en la escena chilena actual: que hasta 1990, al terminar la Presidencia de Augusto Pinochet, no existía en esa zona conflicto alguno y sus habitantes indígenas manifestaban agradecimiento al gobierno de entonces por darles solución a sus problemas y, en particular, títulos de dominio sobre sus tierras.
 
          Los mapuches de La Araucanía, en efecto, representados por una junta de caciques, confirieron entonces a Augusto Pinochet la dignidad de “Gran Conductor y Guía” (“Ullmen F’ta Lonko”). Y por si alguno de los que han lavado los cerebros a las nuevas generaciones tuviera dudas de la espontaneidad del homenaje, ahí están los resultados del plebiscito de 1988, que en La Araucanía dieron un resonante triunfo al “Sí” a Pinochet como Presidente por otros ocho años y bajo la democracia plena y con Congreso elegido, establecida en la misma Constitución de 1980.
 
          Peña no podía decirlo, porque perdería su condición de izquierdista, que le garantiza la admiración obsequiosa del centro y la derecha; ni Ampuero, que viene de vuelta del comunismo, pero no para tanto, y siempre se cuida de injuriar al Gobierno Militar llamado por la mayoría civil cuando él y otros como él, en “las J”, querían tomar el poder por las armas; ni menos Villalobos, al cual la mayoría de izquierda, que maneja todos los premios en el país, podría revocarle el de Historia y ponerlo en la categoría de “fascista” si osara dedicar el menor reconocimiento al principal estadista chileno del siglo XX.
 
          El actual “conflicto mapuche” tuvo origen artificial y es de responsabilidad de uno de los personajes más injustamente homenajeados de la política chilena, Patricio Aylwin (hasta la centroderecha llama a “reivindicar su legado”, Allamand dixit), que dictó una legislación generadora de incentivos perversos, el principal de los cuales fue regalar tierras a quienes practicaran la violencia para apoderarse de ellas. Hoy La Araucanía está pagando las consecuencias.
 
          El pánico a la verdad, entendiendo por tal TODA la verdad, en este caso que bajo las políticas de Pinochet no existía el problema mapuche y que fueron las de Aylwin las que lo crearon, es el rasgo saliente del debate público en todos los aspectos del Chile actual.

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