Por quien doblan las campanas Despierta Chile

Por quien doblan las campanas

Fernando Emmerich

 

Me comunican la triste noticia de la muerte de Alodia Corral. Deja grabada su voz,transmitiendo en las tardes de la Radio Portales,durante tantos años,la musica que amó toda su vida: el tango. Recuerdo que un día Enrique Lafourcade descubrió que Jorge Luis Borges,porteño atípico que renegaba de las dos grandes pasiones argentinas,el tango y el futbol,tenía un tango favorito. Era uno muy extraño que desconocían hasta los propios tangómanos. Era como si Borges se declarara hincha del Alumni,desaparecido equipo de los primeros tiempos del futbol en el Río de la Plata. Le conté el caso a Alodia Corral,y ella encontró el tango casi inencontrable y lo transmitió en su programa, accediendo a la petición de Lafourcade.

A través de Manuel Peña recibo otra triste noticia: la muerte de Santos Guerra,el pintor de acrílicos que tiene algo de Chagall. Allegado a Lafourcade y Marta blanco,que admiraba su calidad humana,su modestia y su arte. Santos Guerra había vivido en Quilpué en su juventud,la de Raúl Prado y Fernando Campos,aquella a la que iban a veranear desde Santiago,los Compari y desde Viña del Mar los Rillón.

Otras muertes,me llegan. La de Ennio Moltedo. Se fue a la tierra de la memoria donde yacen quienes compartieron generosamente,fraternamente,mi iniciación literaria: Ricardo Hurtado,Carlos León,Lukas,Hugo Zambelli,Álvaro Donoso,Pedro Mardones,Ernesto Barrera,Juan Luis Martínez,Mauricio Vega Montt,Alejandro Lubet Vergara,Guillermo Arrieta,Jaime Bustos.

Y se fue Ricardo Izurieta,gran Comandante en Jefe del Ejército,miembro de esa familia que tantos honores le ha dado a la caballería chilena,que tanta deferencia tuvo sieempre conmigo. Y otro recientemente fallecido,el coronel Carlos Paulsen,que,cuando era teniente por ascender a capitán,ejercía como admirado jefe del escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo,de guarnición en Iquique,en el que yo me desempeñaba como aspirante a oficial,y en las pruebas para ascender de grado me conducía deliberadamente sin demasiado entusiasmo,para no obtener de nuevo la primera antigüedad,y evitar así las responsabilidades correspondientes,pero no conseguía engañar al teniente Paulsen: "no saldrás con la tuya,a mi no me vienes con pillerías"y me adjudicaba de todas maneras la primera antigüedad,como quien dice por decreto.

Por todos ellos siento doblar las campanas.Pero,como dijo Hemingway,puesto que no somos islas,sino parte de un continente,las campanas no doblan solamente por quienes se han ido: también doblan por ti.

Por mi.

Baviera, mayo de 2016

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