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Problemas Imaginarios Tornados Reales Hermógenes Pérez de Arce

Problemas Imaginarios Tornados Reales

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          La encuesta más seria de nuestro medio, la CEP, les preguntó a los chilenos en julio-agosto de 2013 cuáles eran los problemas más importantes que teníamos como país y enumeraron quince, encabezados, por supuesto, por delincuencia, salud y educación. La actual Constitución ni siquiera era mencionada porque, entre otras razones, nunca ha sido un problema sino, al contrario, fue una solución para un mal endémico nacional anterior a 1973, el de la inestabilidad y la inseguridad de los derechos y del régimen democrático.
 
          Asumió el poder Michelle 2.0, la revolucionaria, en 2014, y se comenzó hablar de una nueva Constitución, porque la izquierda siempre hace la revolución con la plata de los demás y entonces debe empezar por quitarles cosas a los que las tienen y para eso debe debilitar el derecho de propiedad, sólidamente garantizado en la actual Constitución.
 
          Ése es todo el cuento, créanmelo. Lo demás es paja picada. Lo que quiere el actual régimen revolucionario es expropiar por mayoría simple y punto.
 
          Entonces empezaron a hablar de nueva Constitución y Asamblea Constituyente. Pero cuando la encuesta CEP de julio de 2014 les volvió a preguntar a los chilenos por sus preocupaciones nacionales más importantes, tampoco apareció entre los primeros quince temas el de la Constitución. Entonces el CEP, que tiene su corazoncito, añadió un tema número 16, y sólo ahí apareció la Constitución, en último lugar, mencionada por el 2% de los encuestados.
 
          Luego vino el caso Caval y se hizo imperioso distraer la atención de los chilenos con algo. Y ahí, entonces, el segundo piso discurrió el “proceso constituyente” para que los chilenos miraran para otro lado. Y ya en agosto de 2015 la encuesta CEP revelaba que el tema, por fin, había ocupado el 15° lugar, con tres por ciento de menciones. El último, pero por lo menos estaba.
 
          Bueno, desde entonces hasta ahora se lo han metido en la cabeza a la fuerza a la gente y hay encuestas recientes en que ya más del 60 por ciento manifiesta que necesitamos una nueva Constitución. Un problema imaginario tornado real mediante el manejo mediático.
         
          Las “élites habladoras” de que hablaba Paul Johnson entonces se sintieron en la necesidad de participar en ese debate y ya son muy pocos los que se atreven a decir lo que realmente piensa el pueblo chileno antes de ser manipulado, es decir, que está satisfecho con la Constitución que tiene, bajo la cual ha vivido el mejor período de estabilidad política y progreso económico-social de nuestra historia y ha transitado desde la zaga de los subdesarrollados inflacionarios e inestables a la cabeza de los que dejan de serlo y están a punto de ser desarrollados. Todo gracias al modelo instaurado bajo la presidencia del único Jefe de Estado que merecería tener una estatua en la Plaza de la Constitución, donde ocupa lugar destacado la del que menos la merece de todos, por haber sido indiscutidamente el peor presidente de la historia de Chile.
 
          Ahora el problema imaginario se ha instalado entre nosotros y la mayoría está preocupada de él. Así somos los chilenos. Y así tenemos al más débil y “veleta” de todos, Piñera, por supuesto, lanzando ochenta propuestas de cambio constitucional. Una vez más “abraza las banderas del adversario”.
 
          Otro problema imaginario que nos tiene conmocionados es el “conflicto mapuche”, creado exclusivamente por los políticos y, en particular, por el inefable Patricio Aylwin, que tanto daño hizo al país al perseguir a los militares que lo habían salvado y pedir perdón y llenar de prebendas a los que querían sumirnos en el totalitarismo. Pues cuando el Presidente Augusto Pinochet le entregó el poder en 1990 simplemente no había tal “conflicto mapuche”. El gobierno de éste les había dado títulos sobre las tierras a los miembros de más de dos mil comunidades indígenas y faltaba sólo una veintena de casos para completarlas todas. Le dieron un pergamino de agradecimiento y lo proclamaron “Gran Conductor y Jefe” (“Ullmen F’ta Lonko”). La Araucanía era tan pacífica y estaba tan satisfecha que lo premió con un 55% de votos “Sí” en el plebiscito de 1988.
 
          Se requería ser muy inepto para, a partir de esa espléndida realidad, crear un conflicto y convertir a la Araucanía en el polvorín que es hoy. Y, ciertamente, la ineptitud caracterizó a los gobiernos de la Concertación, entre los cuales siempre debe incluirse al de Piñera., que estuvo a la izquierda de ellos en muchos aspectos (impuestos, creación de ministerios, persecución a los militares, hacer guardia junto al féretro de Hugo Chávez, cosa que creo ni siquiera la revolucionaria Bachelet habría hecho).
 
          Por tanto, en 1990 el “conflicto mapuche” no existía, era un problema imaginario. La centroizquierda y el piñerismo lo convirtieron en realidad. Y ahí lo tenemos. Sin solución. En este momento sólo es peor lo que sucede en Chiloé, donde el daño de la marea roja es sólo una fracción del que han provocado la anarquía y la violencia, que están arruinando no sólo a la pesca sino a todas las actividades de la zona. Y, una vez más, “a río revuelto, ganancia de los comunistas” y no de los pescadores; pues avanza la revolución.
 
 
          Ésta es el problema real de los chilenos hoy. Y no se presenta ninguna figura capaz de ofrecer una solución.

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