Proselitismo Constituyente Actualidad

Proselitismo Constituyente

Por Alfonso Hidalgo, VOXPRESS.CL

Todos los temores respecto a que el proceso constituyente que propuso Michelle Bachelet para arribar a una Constitución “no hecha en dictadura” se encamina a cumplir el propósito ideológico de quienes impusieron este proyecto en el programa de Gobierno socialista.

 

El propósito de concebir una nueva Constitución elaborada por todos los “actores sociales” –en aras de la inclusión y la igualdad– supone, a priori, un proceso de instrucción  cívica a cargo de monitores. Resulta una utopía confiar en el resultado de  una Carta Magna producto de la opinión de quienes ignoran información básica de nuestra institucionalidad.

 

Las más diversas radiografías que miden la capacidad intelectual de la población dan balances negativos, y difíciles de remontar. Una vez más hay que traer al recuerdo una minuciosa investigación de la UDP que concluyó que “el chileno es un analfabeto funcional”, incluyendo a los con educación superior, y pronosticó  que, con algo de suerte, el país podría llegar a ser desarrollado dentro de 150 años.

 

¿Éstos son los chilenos invitados a elaborar la nueva Constitución? Un dato no menor que confirma lo anterior lo dio la reciente PSU: el 42% de quienes la rindieron no llegaron a los 400 puntos.

 

El chileno en términos generales y sin restringir el análisis a un sector determinado, es desinformado e ignorante. Por tanto, la igualdad debe ser promovida sólo en ciertos aspectos, casi exclusivamente sociales y de enseñanza, pero se inflige un daño al país al entregarles a todos por parejo el beneficio de opinar, siendo que no saben de qué se trata el tema.

 

Hasta la fecha, la única Constitución plebiscitada fue la de 1980, hecha durante el régimen militar y que la ciudadanía la aprobó por motivaciones políticas sin conocer sus contenidos. Fue aquél un acto de apoyo a Augusto Pinochet y punto.

Aunque hubo tres muy breves por lo convulsionado de un país recién independizado  –1818, 1822 y 1823–, las Constituciones bien meditadas y   duraderas  fueron fruto de la redacción por personas, para las épocas  –1833 y 1925–, de un gran nivel de conocimientos, preparación y visión de futuro. La tradición histórica del país apunta a eso, a que su Carta Magna sea una luz orientadora y no un festival pirotécnico.

 

El concepto pregonado por Bachelet de una “Constitución participativa” huele a populismo y, como tal, no es garantía de que contenga un ideario acorde a un país que se considera moderno, con progreso y que, como meta, persigue su desarrollo integral. Sin embargo, hay inquietantes pistas de que el objetivo mal camuflado por el Gobierno aspira a politizar la nueva.

 

El Consejo de Observadores del anunciado proceso constituyente no ha  disimulado su inquietud por el rol que van a cumplir los “facilitadores”, individuos que adiestrarán a la población respecto a lo que es una Carta Magna, su utilidad y su incidencia en el devenir de la nación. Sectores no sólo políticos temen que esta fase del proceso constituyente se convierta en un adoctrinamiento ideológico de la ciudadanía en busca del objetivo final que persigue la izquierda, cual es consignar al Estado chileno como socialista.

 

El ministro Secretario General de la Presidencia (SEGPRES), Nicolás Eyzaguirre, se reunió con todas las bancadas de diputados para plantearles que los monitores de los “diálogos ciudadanos” tengan militancia política. La idea generalizada es precisamente la contraria, esto es, que la “participación ciudadana” sea técnica e informada y totalmente ajena a las influencias y presiones ideológicas de los “facilitadores”. Éstos tendrán un ingreso de $ 3.3 millones para cargar aún más al exhausto burro Fiscal y, naturalmente, para darle un trabajo ocasional a ociosos militantes oficialistas.

 

El mismo Gobierno, a través de la gestión de Eyzaguirre, da cuenta de su ahora ya no velado interés en politizar el proceso constituyente desde su partida, lo que aventura el peor de los escenarios para un proyecto que si bien no apura ni urge, puede ser novedoso y modernizador, pero siempre en la medida en que sea producto de personas preparadas, objetivas y, sobre todo, honestas, el reverso de la clase política actual.

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