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¡Qué vergúenza! Patricio Amigo

¡Qué vergúenza!
 
 

Alrededor del medio día del martes 5 de julio, un bullicioso desfiles de autos subió por la calle Pedro Montt y dobló frente a la Cárcel de Santiago. Hacían sonar bocinas y cornetas en desordenada y escandalosa manifestación. Y de pronto, sentí varios disparos potentes, de armas contundentes o bombas artificiales. Más tarde comenté lo ocurrido con uno de los cuidadores de autos del sector y me explicó que era un ritual de los “patos malos”. La manifestación era el cortejo fúnebre de un delincuente que con gritos, bocinazos y escandalosos disparos pasa por las puertas del Presidio, despidiéndose del hampa encarcelada. Y el cuidador de autos me aclaró que, esta vez, habían disparado con revólveres, pero muchas veces lo hacían con metralletas. Ah! Y a mi pregunta sobre qué pasaba con carabineros, me aseguró que todos estos cortejos, que provienen de cualquier lugar de Santiago, pasan por la cárcel y son escoltados por motoristas de la policía uniformada.
¡Increíble!
Se trata del protocolo que les impone el Ministerio del Interior a Carabineros, privilegiando los DD.HH. de los delincuentes.
¡Qué vergüenza!

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