¿Qué viene ahora? (II) Despierta Chile

¿Qué viene ahora? (II)

Por Orlando Sáenz

¿Qué viene ahora? (II)

 
Un cúmulo de circunstancias, prejuicios, dogmatismos y lecturas equivocadas conducirán a los restos de la Nueva Mayoría a comportarse conforme a dos conceptos: radicalización programática ideológica y oposición intransigente. Lo primero es necesario para captar al electorado que apoyó al Frente Amplio, lo segundo porque la recuperación del poder pasa por provocar el fracaso de Piñera II.
 
La reunificación de la izquierda en torno a una oposición cerrada será una tarea relativamente fácil, pero solo servirá para destruir y está muy lejos de ser una propuesta de gobierno capaz de reencantar a una mayoría ciudadana. La construcción de una propuesta consensuada con ese sustento político, en cambio, será casi una misión imposible dadas las diferencias de doctrinas, propósitos e intereses que existen entre la verdadera montonera de partidos, movimientos, grupos de presión e individualidades ávidas de poder que la comprenderían. Pero una cosa es clara: a los dirigentes de la izquierda orgánica no les quedará otra opción que intentarla con todas sus fuerzas porque les va en ello la única esperanza de recuperar el poder y, tal vez, la propia existencia como partidos políticos significativos.
 
De la fatalidad de ese intento de crear un nuevo referente político tan amplio como en su hora pretendieron ser la Unidad Popular y la propia Nueva Mayoría, se pueden desprender más que probables consecuencias. Pero como estas dependerán, en gran medida, de los actos y reacciones de sus distintos actores su valor como predicciones no pasa de ser los de todos los de segunda derivada.
 
Es fácil apreciar que la factibilidad, de estructurar un nuevo gran referente de izquierda con un programa extremo pasa por un entendimiento entre la Nueva Mayoría y el Frente Amplio. Para intentarlo, la Nueva Mayoría tendrá que aceptar un gran giro a la radicalización antisistémica del programa y ello creará el espacio para que sus disidentes intenten crear otro referente de centro izquierda, para lo cual existen considerables bases en la Democracia Cristiana y en el Laguismo. No es difícil prever, entonces, que el esfuerzo por entenderse con el Frente Amplio para generar un proyecto nacional le costará a la Nueva Mayoría un considerable desgaste.
 
Por otra parte, el Frente Amplio puede sufrir la suerte de las montoneras sin base orgánica en que el éxito repentino las obliga a entrar en el juego político tradicional. Como su base es esencialmente antisistémica, la incorporación a la política propia de un sistema como el nuestro las corroe rápidamente, especialmente cuando es tan utopista como la de este caso. La segunda vuelta electoral ya mostró ese desgaste cuando sus inexpertos líderes cometieron el grave error de negociar apoyos tibios y oblicuos con la candidatura Guillier, con el agravante que era un riesgo innecesario que no hizo otra cosa que asociarlos a un sonado fracaso sin poder siquiera amortiguarlo.
 
Si se repasa la Historia de Chile, se verá que han abundado los eufemísticamente llamados "movimientos de base social" que han sustentado candidaturas presidenciales incluso más exitosas que las de la propia Beatríz Sánchez. Todos han sucumbido en cuanto sus dirigentes se convierten en parlamentarios o empleados públicos con cheque mensual garantizado y empiezan a enamorarse del sistema cuyo cuestionamiento meció su cuna. Por cierto que ese recuento histórico no significa necesariamente que el Frente Amplio vaya a sufrir ese destino, pero si significa que ello es probable. Pero eso no importa para la validez de nuestras predicciones, porque el efecto de anarquizar e izquierdizar radicalmente a los tradicionales partidos de la Nueva Mayoría lo va a producir ahora y no después.
 
Pero cualquiera que sea el destino del Frente Amplio, hoy vive una circunstancias que sí es única en la historia reciente de Chile: el desgaste dirigencial de los partidos de la izquierda tradicional ha sido de tal magnitud que no tienen a nadie que se acerque al poderío convocatorio de los cuatro o cinco principales caudillos frenteamplistas. Y si se lograra crear un nuevo referente amplio de izquierda que los incluyera, ese sería un problema grave porque correr una campaña presidencial con alguno de ellos casi garantiza el fracaso dado el sistema de balotaje que hoy existe en Chile.
 
La experiencia ha demostrado que cuatro años es muy poco para edificar un líder carismático como requiere la estructura social de Chile, la cual excluye a los "fumadores de opio". Es por eso que, de formarse un nuevo referente amplio del mal llamado "progresismo", es fácil vaticinar buena venta de pasajes a Nueva York para invitar a la Sra. Bachelet a nuevamente "salvar a la Patria" . ¿Acaso no dirán las encuestas mensuales que  es la única de izquierdas que aparece en ellas? ¿No es acaso la dueña del sacrosanto legado progresista? Lo que esos futuros viajeros a Nueva York no llegarán a saber es si lo que hacen, no es exactamente lo que planeó La Moneda cuando movió sus fichas para destruir la precandidatura de Don Ricardo Lagos y de sus dos partidos sustentadores.
 
Orlando Sáenz 

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