Reconociendo el Fracaso Gonzalo Rojas

Reconociendo el Fracaso

Gonzalo Rojas

Blog El Mercurio 15 de julio 2015

Una frase de la Presidenta Bachelet ha pasado casi inadvertida, y es gravísima. La Mandataria afirmó en su reciente discurso: "La administración estatal no estaba totalmente preparada para procesar cambios estructurales".

 

Quien hace quince años fuera sucesivamente ministra de Salud y de Defensa, quien apenas nueve años atrás fuera Presidenta durante un período completo "descubre" ahora que sus colaboradores son unos ineptos.

 

Solo hay dos opciones: o la inepta es ella, que nunca conoció cuál es el verdadero nivel de los funcionaros del Estado, o siempre lo supo, y ahora simplemente está descargando sus frustraciones sobre sus colaboradores para aliviar su responsabilidad.

 

La segunda opción parece más posible, porque la administración estatal controlada por la Concertación desde 1990 se ha mantenido casi intacta, ya que ni siquiera Piñera se animó a cambiar a gran parte de los empleados prescindibles, los que atornillaron para el retorno de la misma Bachelet que hoy los denigra.

 

Esos funcionarios, que llevan entre 10 y 25 años de trabajo, o debieran ser personas muy capacitadas o son unos apitutados; y los nuevos que durante ese lapso llegaron a reemplazar a los salientes, ¿no debían haber contado con la cualificación suficiente como para afrontar un proceso de cambios? Si ni unos ni otros han estado a la altura, es porque simplemente la Concertación fue incapaz de generar una administración pública de buen nivel, un cuerpo de servidores inspirado en la grandeza de Chile. No ha sido posible, porque lo que se les ha pedido es que sean gestores, difusores y fiscalizadores de políticas inspiradas en igualdades artificiales, en recelos y en desconfianzas, en inclusiones forzadas.

 

La desgracia está en que la actual coalición de gobierno jamás reconocerá esa falencia cualitativa y es probable que opte por explicar todo en términos cuantitativos: nos dirán que la administración no logra funcionar adecuadamente porque faltan brazos, porque necesita más funcionarios. La crítica de Bachelet a la calidad esconde una pérfida llamada a aumentar aún más el personal del Estado.

 

¿Cómo podrían hacerlo en la situación actual de escasez de recursos?

 

Ese no ha sido jamás un problema para las izquierdas, menos si cuentan con las mayorías para aprobar una ley de presupuesto que dote al Estado de nuevas masas de jóvenes profesionales y técnicos aborregados que quieran ser ganapanes en alguna repartición fiscal.

 

Habrá justificaciones de sobra en los labios oficialistas: que se necesitan fiscalizadores para controlar el número de plantas de marihuana de autocultivo, que se necesitan fiscalizadores para aplicar los reglamentos de la reforma educacional, que se necesitan fiscalizadores para controlar la evasión tributaria, que se necesitan fiscalizadores para garantizar los derechos de los trabajadores, que se necesitan... Ya se sabe: nos asegurarán que se necesitan muchos más fiscalizadores. Once mil trescientos ochenta y seis nuevos individuos fueron contratados a honorarios en el último año, con lo que se ha superado la línea de los cuarenta y siete mil en esa condición.

 

Qué importa toda la discusión sobre el Estado socialista interventor versus el Estado subsidiario si la Presidenta, con el plumazo de una frase, siembra veladamente la necesidad de contar con otros muchos miles de parásitos del Estado. Y, además, ya se sabe de dónde vendrán: de los partidos gobiernistas y de sus clientelas cercanas. Mientras tanto, la derecha observa impávida, apenas consciente de la maniobra.

 

Bachelet justifica el fracaso de sus reformas por la ineptitud funcionaria. Más de lo mismo solo agravará el problema.

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