Reflexiones Despierta Chile

Reflexiones

Por Máximo

Ayer fue un día bizarro.Bachelet se escondía entre las sombras; Guarello se 

mostraba urbi et orbi con un pan con chancho en una mano y un jugo en bolsa en la otra y, nuestro par de ministros de centro anunciaron que este nuevo modelo que necesita terminar con el derecho de propiedad como un enfermo necesita su medicamento, no lo hará. Nadie le creyó a ninguno, por eso Chile está mal, porque no se puede vivir con este grado de desconfianza, o si quieren colocarlo de esta forma, con la certeza de que no se puede confiar en el otro, porque el otro no nos dice toda la verdad.

Bachelet vive con un pie en “la calle” y el otro en palacio; prometió implementar su programa porque “el pueblo lo pide”, y ahora no recula aunque “el pueblo lo pida”. Guarello vive también con un pie aquí y el otro allá; uno junto al pueblo y el otro veraneando en Zapallar; uno en su vida burguesa y el otro sobre su discurso proletario. Los ministros de centro, lo mismo; implementaremos el nuevo modelo aunque sin implementarlo, ¿qué significa eso?: nadie lo sabe.

Vivir entre dos mundos, entre dos modelos, entre dos realidades, entre aquí y allá, no es posible, tarde o temprano la realidad pasa la cuenta. No podemos obtener un poquito de lo bueno de aquí y otro poquito de lo bueno de allá, al mismo tiempo que desechamos los costos de esto y lo otro.

En nuestra vida de simples mortales sucede lo mismo. Decidir es discriminar, colocar lo más importante delante de lo más prescindible. Elegir, y hacerlo bien. Dar preferencia a lo permanente y no a lo accesorio y, sobretodo, renunciar a la utopía, a esa creación mental muchas veces influida por el medio o por personajes manipuladores como los antes mencionados, que nos utilizan en nombre de algo. No podemos seguir dos caminos y llegar a alguna parte. Una cosa es caminar por caminar y la otra es dirigirse a algún lugar.

Estos falsos profetas que nos embaucan con historias contadas a medias, las mismas en las que ellos no creen, con la única finalidad de que los sigamos por su propio camino, ese que en definitiva no será nunca el nuestro, terminan quedándose con todo, con nuestras vidas, con lo más importante. Sin darnos cuenta, seguimos a un Flautista de Hamelin que generalmente nosotros mismo hemos elegido.

La elección de construir nuestro propio camino exigiendo lo que suponemos son nuestros derechos, e imponiendo a los otros el costo de nuestras decisiones, esos costos que nosotros no queremos asumir, y aunque aún no lo sabemos terminaremos pagando de cualquier forma, siempre termina en una ruina personal, familiar y de nuestra vida en común. ¿Qué es mejor, imponerle al otro y que el otro nos imponga o nos abandone; o entregarle al otro y recibir de él?. ¿Qué es más importante, eso de para ti una cosa y para mi esta otra, impuesto a la fuerza y de acuerdo a nuestro propio interés, o el nosotros creado en conjunto?.

Podemos responder esta pregunta con otra pregunta: ¿Lo que hacemos, lo hacemos por el otro o por nosotros mismos?. Y con esta otra: ¿Nos gustaría que nos hicieran a nosotros lo que le estamos haciendo a los demás?. Lo sé, son preguntas obvias, pero son tan obvias que rara vez nos las hacemos. Y ese es el problema.

 

Basta por hoy.

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