Reflexiones preocupantes Patricio Amigo

Reflexiones preocupantes

Por Patricio Amigo

 

Vivimos una confusa etapa que está revelando malas costumbres en nuestra convivencia: especuladores, agiotistas  y opulentos empresarios que pierden su vergüenza; políticos, jueces y policías corruptos; instituciones públicas y privadas que deshonran sus principios básicos y, por último, una reacción oscura de quienes están siendo inculpados.

La concepción del arte de la política, por parte de sus protagonistas, parece ser la gran culpable de todo.

Los Poderes Constitucionales: Ejecutivo, Legislativo y Judicial se han contaminado con un empoderamiento personalista, prevaricador y muy abusivo.  Hay carencia de principios ideológicos, desconociendo que el manejo del poder es para generar beneficios y no usurpar esfuerzos ajenos.  Es cierto que el egoísmo está en el ADN de la humanidad, pero quienes asumen el control del servicio público multiplican el poder con el amor a sí mismo, desatendiendo,  desmesuradamente, a los demás.

Sobre el problema de la inseguridad ciudadana o rural, se han levantado mil voces y todas tienen la razón.

Las fuerzas de seguridad del Gobierno están disminuidas por la demagogia política. No hay explicación para que el Cuerpo de Carabineros, con su moderna y bien dotada implementación humana y técnica sea incapaz de controlar y reducir a grupúsculos de encapuchados urbanos o rurales.

Existe, aunque los tribunales lo nieguen, la maldita “puertagiratoria”, pero no por culpa exclusiva de los jueces. La legislación hipócrita de los promotores de los DD.HH., permite que los forajidos hagan prevalecer sus evasivas con la recurrida presunción de inocencia.  En ninguna parte del mundo se trata a los inculpados con guantes blancos, por insegura que sea la culpabilidad. Los apremios, más que necesarios, son imprescindibles. Se usan hasta en los procedimientos civiles.

 Debemos admitir que la corrupción en los sectores que manejan el poder político o financiero no tiene límites y tampoco se ha identificados a todos los participantes. Sabíamos de sobres con bonos mensuales en billetes. También sabíamos  de financiamiento sucio, muy sucio en las campañas electorales y hasta se había denunciado colusión mercantil en algunas farmacias y tiendas. Y ahora nos conmocionan con un escándalo que hace añicos el prestigio de la empresa símbolo de la defensa contra la usurpación comunista: “La Papelera NO”, estuvo gritando Chile entero y resulta que la papelera SÍ, se coludía y tenía las mismas malas costumbres.  Con la gravedad de una confesión que revela antigüedad en el pecado.

Y todo esto no es TODO. El perfeccionamiento de la tecnología comunicacional está desentrañando sin compasión. Es bastante lógico pensar que si “La Papelera” era una vil pecadora por qué no pensar que el diablo tiene más feligreses.

Lo peor de todo es que, como decíamos más arriba: las instituciones tienen pies de barro. Si funcionan, lo hacen mal. Consideremos que: el escándalo de “La Papelera” explosionó fuera de Chile; el financiamiento sucio de las campañas electorales ha identificado a donantes en algunas empresas privadas; se tiene claro que el Servicio de Impuestos Internos tiene información que puede revelar mucha basura. Hay una encíclica que dice: “piensa mal, pecarás mucho pero no te equivocarás nunca”.

Compartir