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Reflexiones sobre la delincuencia Patricio Amigo

Reflexiones sobre la delincuencia

Por Patricio Amigo

 

Las principales diferencias entre los delincuentes de antes y los malhechores de hoy, son sus orígenes, sus motivaciones y sus formas de actuar.

 

En el pasado, la causa principal de la delincuencia era el desnivel socio-económico. La falta de oportunidades laborales se agudizaba con el crecimiento poblacional y se endurecía con  la aparente eternización de la pobreza, en grandes sectores.

 

 Hoy, los criminales operan, más por odiosa maldad que por un botín. Los delincuentes de hoy suelen iniciar sus fechorías a partir de un “carrete” en el que se terminó el alcohol y la droga. Y el desquiciamiento los incentiva a lo peor.

 

En el modus operandi de la criminalidad está la más endemoniada diferencia en los submundo del delito de hoy y de antaño. Antes, la inmensa mayoría de los  delincuentes buscaba el anonimato, el ocultamiento de su identidad, el encubrimiento del delito. Los bandidos de antes le hacía el quite al enfrentamiento. Los criminales de hoy son desatados, enloquecidos por las drogas y presos de un  desquiciamiento, muchas veces, genético. Son ladrones con vocación de asesinos.

 

En el cercano pasado, los enemigos de lo ajeno tenían su especialidad: ladrones, lanzas, estafadores, cuenteros, jugadores con ventaja, en fin, autores de delitos contra la propiedad. Paralelos y no simultáneos, existían  delitos contra las personas: cogoteros, sicarios, asaltantes violentos con capacidad homicida. Hoy, los antisociales son retazos humanos desquiciados por la droga y todo lo hacen con violencia: desatada rutina criminosa; son, permanentemente, enemigos de todo, viciosos de la maldad. Actúan sin contemplación, sin freno humano, con máxina cobardía, contra la propiedad y contra la vida, simultáneamente. Asaltan para apropiarse de lo ajeno y pueden matar sin reserva alguna. 

Es tan fuerte el odio criminal que desarrollan, que golpean con brutalidad, aún cuando no tengan la menor resistencia.

Antes, los ladrones evitaban los enfrentamientos y las posibilidades de identificación. Hoy, todos son asaltantes desatados: roban y atentan contra la integridad física.

Estoy convencido que esta diabólica inquina delictual tiene mucho que ver con el odio clasista y las vivencias carcelarias: propias o familiares. El odio de clase es promovido, tenazmente, por los comunistas. Las vivencias carcelarias son fomentadas por la prepotencia de los tribunales y las infernales condiciones de los recintos penitenciarios, reconocidas por la Corte Suprema. Estas vivencias carcelarias se sufren en carne propia o se transmiten, en las visitas a los penales.

 

También influyen en la operatividad criminal: el escenario y los actores del nuevo sistema judicial. Hoy, se prioriza la controversia sobre la inquisición. La fiscalía investiga y el tribunal procesa. Este sistema funciona, casi perfectamente,  en los países desarrollados. Nuestro país, que ha retrocedido en su vía al desarrollo, presenta gravísima frustración judicial, debido a una suerte de asfixia por culpa de los llamados DD.HH.  

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