Revivir la Constitución de 1925 Gonzalo Rojas

Revivir la Constitución de 1925

Viva-Chile.cl

Cosa curiosa ésta la de querer revivir un texto constitucional de hace 90 años –el de 1925– o en el mejor de los casos, de hace 45 años –la versión 1971 de la Constitución del 25.

Estudié Derecho constitucional justamente en 1971 con el texto que incorporaba las modificaciones realizadas a la Carta del 25 hasta el 16 de julio de 1971. Tengo en mi poder el ejemplar de Editorial Nascimento, papel amarillo, letra chica, tapa blanda, encuadernación precaria, (como el Chile de la época) con el que seguía las clases.

Para el historiador del derecho, mi especialidad, no es de suyo repugnante que alguien quiera hacer revivir un texto derogado. En nuestra disciplina hay por definición un gran respeto a las mejores de las normas, se hayan promulgado en el siglo VII bajo Recesvinto, en el XIII bajo Alfonso X o en el XX bajo el Kaiser Guillermo II. Por eso, cuando nos dicen momios o fachos por una explicación que alaba un texto muy antiguo o muy fundante, sonreímos y simplemente pensamos: bien, esa persona no entiende nada.

Y por esa misma, razón, valoramos también negativamente aquellas normativas que desde su texto y por la práctica de las instituciones que establecían, permitieron un deterioro político o sirvieron de marco a una gran crisis. No le adjudicamos a la norma la capacidad completa de dejar el espanto –suficiente hemos estudiado sobre otras dimensiones: las ideologías y las mentalidades– pero tampoco las eximimos de su responsabilidad en las grandes crisis.

La Constitución de 1925 estuvo vigente completa hasta el 10 de septiembre de 1973 y fue justamente bajo su ordenamiento que Allende y su gente pudieron desarrollar el proyecto pre totalitario que conmovió a Chile.

Resulta al menos sospechoso que los progresistas, siempre partidarios de ir concretando novedades casi inimaginables, esta vez estén proponiendo, aunque sea mediante lo que llaman “una regla por defecto”, la revivencia de un texto tan reconocidamente co–causante de nuestra crisis.

Y, por si fuera poco y por cierto da para otra reflexión completa, un texto que no incluye un reconocimiento explícito a la dignidad y libertad de la persona, que no consagra el derecho de los padres como primeros educadores, que no establece el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, que no regula la autonomía del Banco Central, que no establece el recurso de protección, que consagra un Tribunal Constitucional de poca monta y que minimiza el papel de las Fuerzas Armadas. Y tantos otros defectos más.

¿Revivir la Constitución de 1925 (1971)? Carencia de conocimientos históricos, estrategia sutil o dependencia de la ideología. No hay más.

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