Recientes

SALUDO DEL TENIENTE CORONEL (R) ÁLVARO CORBALÁN CASTILLA, en el Aniversario de la Gesta Heroica del 11 de Septiembre de 1973 Actualidad

SALUDO DEL TENIENTE CORONEL (R) ÁLVARO CORBALÁN CASTILLA, en el Aniversario de la Gesta Heroica del 11 de Septiembre de 1973

 

A mi familia, a mis camaradas de armas, a mis amigos y a los que no lo son:

2 0 1 7

En los 26 años que se me mantiene privado de libertad, siempre he entregado un saludo para los buenos chilenos y de buena memoria, con motivo de los aniversarios del 11 de Septiembre de 1973, fecha de nuestra Segunda Independencia Nacional. Este saludo, sólo me fue imposible enviarlo, el año pasado debido a que durante un año y dos meses, se me confinó en una celda solitaria, incomunicado y aislado en la Cárcel de Castigo de Máxima
Seguridad.

Fue una experiencia extrema en la que confirme ser quien soy, en que me tiraron a los lobos y regresé a la cabeza de ellos. Los soldados estamos preparados para el peligro, no le tememos a las balas (aunque me moleste el ruido) y particularmente pienso que un elefante no se arrodilla por una costilla rota. En este 44° Aniversario de esa gesta heroica, he estimado necesario hacerles llegar y recordarles un Comunicado del Ejército de Chile entregado a la luz pública en pleno gobierno democrático del Presidente Patricio Aylwin y que, lamentablemente, hoy está olvidado o no lo conoce una gran mayoría ciudadana.

Se hace imprescindible recordarlo, haciéndoles ver que este contenido, respetuoso, de estricto rigor histórico, tiene plena vigencia, es una verdad que representa el evidente sentir de nuestras FF.AA. y de Orden y hoy día, sin exteriorizarlo, estimo es el pensamiento de todos nuestros uniformados.

Debemos tener meridianamente claro que nuestras FF.AA. y Carabineros no se pueden desligar de un hecho que los llena de orgullo: “Fueron partícipes y condujeron el gobierno de Chile más exitoso de estos últimos cien años”. Debemos difundir el texto que a continuación les transcribo, para que en especial las actuales generaciones y las venideras, tengan elementos de juicio necesarios y no permitan que les sigan tergiversando la historia.

 

¡¡¡¡LEAMOS Y REFLEXIONEMOS SOBRE ESTE COMUNICADO OFICIAL DEL
EJÉRCITO DE CHILE!!!!
¡¡¡VIVA EL 11 DE SEPTIEMBRE, Segunda Independencia Nacional!!!
¡¡¡Viva la Honorable Junta Militar de Gobierno!!!
¡¡¡VIVA EL PRESIDENTE PINOCHET!!!
¡¡¡VIVA CHILE!!!

 

DECLARACIÓN DEL EJERCITO DE CHILE ENTREGADA A LA OPINIÓN PÚBLICA EL 13 DE JUNIO DE 1990.

La presente declaración del Ejército de Chile, contiene una síntesis del pensamiento que ha inspirado y que mantienen los hombres de armas en relación a los hechos que motivaron el pronunciamiento militar del 11 de Septiembre de 1973 y en las circunstancias en que este se llevó a efecto.

Nuestra Institución, al igual que sus instituciones hermanas de la Defensa Nacional, llena sus filas con hombres de honor, con hombres de familia, con hombres formados en sanos principios morales que han hecho de su vocación una entrega total al servicio de los intereses permanentes y superiores de la patria.

TENEMOS MARTIRES

Los hombres de armas nos dolemos como todos los chilenos con algunos hechos del pasado. Tenemos también nuestros propios mártires, nuestras viudas, nuestros huérfanos y nuestros mutilados. No somos ajenos al dolor de hoy y hemos debido contener durante años el sentimiento que experimentamos todos a consecuencia de la guerra interna que debimos enfrentar, provocada por ideologías foráneas.

Gracias a la contribución de todos los que lucharon por la libertad de nuestra patria y de los que hoy se empeñan como gobernantes en consolidarla, Chile disfruta de paz.

Pero la paz suele hacer olvidar las trágicas dimensiones de la guerra que, muchas veces por desgracia, la precede. Cuando va alejándose en el tiempo, la guerra se divisa apenas como un mero arrebato cruel e irracional, que multiplica las víctimas y abre heridas morales y materiales. La forma concreta como se vivió la guerra no es nunca incruenta y siempre depara dolores, odiosidades, injusticias e inhumanidades. Su paso deja en primer plano, y quizás como visión exclusiva esta imagen cruel.

Los soldados conocemos bien este proceso a través de la historia. Los que provocan la guerra y los que arrastran a los pueblos al empleo de las armas no son los soldados. Estos hacen la guerra y, cuando vuelven victoriosos, afrontan el olvido, si no la incomprensión y la censura. Deben pasar a veces generaciones para que se reconozca debidamente a quienes han luchado valientemente por su patria y hecho posible la paz.

DECISIÓN PATRIÓTICA

El país debe recordar hoy que la intervención militar del 11 de Septiembre de 1973 constituyó una difícil decisión patriótica. Ella fue adoptada sólo después de haber transcurrido tres lagos años de un sistemático aniquilamiento de Chile. Fue una decisión que hubiéramos querido no tener que adoptar, decisión que no buscamos ni alentamos, pero fue requerida y concitó el apoyo de la inmensa mayoría de los chilenos, a quienes les trajo el alivio de una angustia sin esperanza.

Por otra parte, no debe olvidarse que las Fuerzas Armadas y Carabineros habían colaborado con el gobierno del Presidente Allende. Sólo cuando éste mostró que no podía o no quería resistir a las fuerzas destructivas y revolucionarias que alimentaba en su interior; cuando las más altas autoridades morales, legislativas y judiciales establecieron que dicho gobierno se había hecho ilegítimo, al sobrepasar gravemente su mandato; y cuando comprobamos que nuestras instituciones comenzaban a ser objetivo de arteros ataque e infiltraciones para dividirnos y destruirnos, se precipitó el Pronunciamiento Militar del 11 de Septiembre de 1973.

No es la oportunidad de evocar los innumerables planteamientos de quienes insistían una y otra vez en que las Fuerzas Armadas y Carabineros debían intervenir para la solución de la grave crisis en que el país se encontraba. Pueden dar testimonio de esta realidad muchos sectores y personas que hoy integran el gobierno.

CRISIS MORAL

La crisis afectaba a todo el amplio espectro moral, institucional, económico y social de la patria. Políticos de gobierno incitaban a la vía armada como única alternativa revolucionaria. El estado mismo se desintegraba. La polarización política y social anunciaba la guerra civil. Un contingente de más de quince mil mercenarios extranjeros actuaban impunemente. Un desquiciamiento completo de las jerarquías morales, de las normas de convivencia, del respeto a la dignidad de las personas y del más mínimo sentido de autoridad, sumían al país en un cuadro de disolución inevitable. No se trataba de un mero camino equivocado, de un mero conflicto político partidista o sólo de un fracaso económico. La crisis afectaba al ser nacional y amenazaba la unidad y la soberanía de la patria. La intervención de las Fuerzas Armadas y de Carabineros fue la reacción espontánea de un país atacado en su esencia misma.

Resulta por ello, absurdo que se sitúen en la condición de acusadores las personas y sectores políticos que causaron el colapso de la nación y la precipitaron al enfrentamiento fratricida.

En el presente y desde la perspectiva de la paz, pueden soñarse para tal crisis soluciones y acciones moderadas, que en ese tiempo no existieron.

DESTRUCCIÓN Y CAOS

También mirando las cosas desde la perspectiva de la paz, en la cual hoy vivimos, puede aparecer que la reacción militar fue desproporcionada. Sin embargo, esta impresión ignora que el 11 de Septiembre de 1973 fue una operación militar, es decir una acción de guerra. Las Fuerzas Armadas y de Carabineros no salieron a lucir uniformes ni a impresionar con su presencia. Salieron a combatir y a recuperar la libertad perdida. Esa decisión implicaba poner en juego todos los recursos necesarios para doblegar la voluntad de lucha de quienes nos habían arrastrado a la destrucción y al caos. De ahí entonces que las Fuerzas Armadas procedieron, con el potencial y la preparación que disponían, frente a un adversario que no tiene consideración alguna.

Gracias a este modo de proceder se evitó que el país languideciera y se desangrara en las llamadas guerras de liberación o con el hostigamiento en gran escala de guerrillas y comandos terroristas manejados desde el exterior, que ciertamente pudo ocurrir en Chile, como ha sucedido por décadas en otros países de nuestro hemisferio.

Casi de inmediato empezó la reconstrucción y después se inició el camino del desarrollo que ha llevado al país al promisorio estado en que se encuentra. La subversión continuó actuando, como lo hace hasta ahora, pero las medidas de seguridad redujeron al mínimo los atentados graves contra personas e instalaciones y consiguieron desbaratar oportunamente la mayor parte de las acciones que intentaban los extremistas y sus colaboradores.

PRECIO DE LA LIBERTAD

Es sabido que, cuando se quiere desprestigiar a los vencedores, se les culpa de crueldad, de excesos criminales y sobre todo de ejercer un castigo desproporcionado a la capacidad ofensiva de las fuerzas derrotadas.

En nuestro caso estamos seguros de que la victoria de la libertad no se hubiera obtenido sin el empleo de las acciones severas y disuasivas que ejecutaron las Fuerzas Armadas y Carabineros.

Muchos de los que nos censuran, incluyendo aquellos que no estaban en Chile o que guardan silencio frente a una crítica injusta, hoy día pueden vivir tranquilos en el país y luchar por el perfeccionamiento de la democracia. Ello, gracias a que los hombres de armas combatieron, ejercieron vigilancia, corrieron peligros y sufrieron bajas, que muchos de los beneficiados por nuestro sacrificio no sintieron ni sufrieron.

EXIGIMOS RESPETO

Por eso exigimos respeto para nuestra institución y para todos aquellos que han desempeñado en nuestras filas las duras tareas de la guerra y que hoy entregan sus mejores esfuerzos por la paz y el progreso de la nación.

Nos asiste la certeza de que la ciudadanía en general afrontará serenamente la verdad de esta guerra reflejada por hechos como los que hoy vivimos y otras secuelas dolorosas.

Quienes instrumentalizan estos episodios están profundizando las heridas de los que han sufrido, intentan dividir a los chilenos y obstaculizan la reconciliación a la que el Ejército de Chile quiere sumarse lealmente. Preocupa, sin embargo, que un tratamiento irresponsable de ese alto objetivo pueda conducir a la exacerbación de quienes profesan el odio y a reacciones de regresivas consecuencias.

La Institución tiene el convencimiento de que durante estos años no ha dejado un solo instante de servir a Chile y se enorgullece del mérito imperecedero que surge del cumplimiento de una histórica misión.

El Ejército de Chile continúa con satisfacción desarrollando sus labores profesionales, que son el fundamento de su razón de ser: “Existir para la defensa de la patria, ser esencial para la seguridad nacional y garantizar el orden institucional de la República”.

A ellas nos dedicamos con toda nuestra voluntad y esfuerzo, fieles al juramento formulado ante los símbolos más sagrados de la patria, y continuaremos custodiando, aún a riesgo de nuestras vidas, los valores y las tradiciones que han hecho de Chile un país siempre orgulloso de su historia.

Finalmente, el Ejército reafirma una vez más su voluntad de colaborar con el Supremo Gobierno en el elevado propósito de afianzar la unidad nacional y consolidar la democracia plena.

Compartir