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Tenemos Dos Candidatos Hermógenes Pérez de Arce

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          Los del “Sí” nos estábamos quedando sin candidato presidencial, pero por fortuna ahora tenemos dos, que son (por orden alfabético de sus apellidos) José Antonio Kast y Cristián Labbé. El primero ya ha abierto una lista de firmas ante notario en 70 notarías para reunir las 35 mil adhesiones que necesita. Al segundo yo le puse un requisito formal (que me reservo) para ser candidato, que él hasta ahora no ha cumplido, pero confío cumplirá a la brevedad y así podré expresarle también mi apoyo.
 
Ambos llenan sobradamente los requerimientos en un contexto en que los candidatos del “No” dominan completamente la escena: los recursos, los medios, la falsificación de la historia  y la expresión de las ideas, que son todas variaciones en torno a diferentes grados de socialismo, aunque algunos autores se califiquen a sí mismos como “de centroderecha”. Pues deberían mejor llamarse “de seudoderecha”, dado que usan el lenguaje de la izquierda, hablan de “la dictadura” y comparten con los demás socialistas (el resto de los del “No”) la indisimulada vocación por manejar los destinos de todos los chilenos. Una frase típica de estos ideólogos de seudoderecha es “cómo organizamos el país”, pues, como todos los socialistas, no respetan la libertad individual de los ciudadanos para organizarse a sí mismos o no organizarse en absoluto.
 
          Entre los del “No”, aun siendo dueños de la escena, reina el caos. Los de la Nueva Mayoría están cada vez más desesperados, porque es claro que ahora son minoría y su aprobación en las encuestas es cada vez más baja. Los del “No” de Chile Vamos, que son los arrepentidos de la desmembrada UDI y los desorientados de RN, están de hecho ya a las órdenes de Sebastián Piñera, personaje del “No”, falsificador de la historia y perseguidor de militares que lidera las encuestas. Tiene a los partidos actuales ampliamente sobornados y despliega una actividad incesante en la promoción de su propia persona, pues, como decía Oscar Wilde, “cuando uno se enamora de sí mismo suele iniciar un idilio que dura toda la vida”. Con una fortuna de 2.500 millones de dólares, financia libros, pone fichas en todas partes y ya no hay bastión oficial de la derecha que logre eludir su injerencia.
 
Como expresé en anterior blog (“Digitados Por Piñera”, 26.06.16) con el concurso de su “generalísima” Michelle Bachelet, que sigue arreglándoselas para no dejar contento a nadie, parece tener la carrera corrida y controla todos los resortes.
 
          A esto se añade que, como he expresado en otros medios no digitados por Piñera (pues en los digitados no puedo aparecer), la gratuidad universal es una perspectiva ruinosa para el país. Según ha vuelto a reconocer hoy en “El Mercurio” el Ministro de Hacienda, dicha gratuidad implica llevar la participación del gasto del Estado en el PIB al 29,5%, desde el 21,5% actual. Eso representará un mayor gasto de US$20.800 millones que no hay cómo financiar, ni siquiera empleando en ello todos los Fondos de Estabilización Económico-social, que suman US$14.600 millones y que estaban destinados a reserva para sostener al país en períodos de “vacas flacas” como el actual, con el cobre a poco más de dos dólares, habiendo llegado a cuatro en el gobierno de Piñera, bajo el cual, con sus aumentos de impuestos y creación de ministerios, se inició la decadencia.
 
          Nuestros candidatos del “Sí” tienen la oportunidad de ofrecer al país, a ese respecto, algo que no le ofrece nadie más: libertad de elegir. Precisamente las monstruosas cantidades que demandará el proyecto socialista de estatizar la educación, vía gratuidad universal, abre la oportunidad a un futuro gobierno del “Sí” a ofrecer a las familias chilenas la posibilidad de financiar la enseñanza de sus hijos en el establecimiento de excelencia que ellas elijan, lo que haría desaparecer las desigualdades. Y la misma libertad de elegir permitiría a todos algo que ahora los del “No” quieren erradicar por completo: la libertad de enseñar, de ganarse la vida fundando colegios, institutos y universidades que compitan por ser los mejores.
 
          Nuestros candidatos parten en desventaja, es cierto, pero ofrecen algo que ninguno de los del “No” es capaz de prometer ni menos de realizar: traspasar la libertad y los recursos de manos del Estado a las de cada uno de los ciudadanos.

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