Todo Huele Mal en Chile Hermógenes Pérez de Arce

Todo Huele Mal en Chile

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          Hoy viene una carta de Luis Bates en “El Mercurio” felicitándose de que el diferendo entre la ANFP y Sampaoli haya terminado en una negociación. Normalmente yo debería haber escrito otra refutándolo, pues estimo que nada podía ser peor a que este diferendo terminara con una negociación. Pero desde que no me publicaron anteriores cartas, dejé de mandarlas y hago las aclaraciones que considero del caso en este blog.
 
Pues, reitero, el hecho de que el episodio terminara en una negociación huele muy mal.
 
En efecto, Sampaoli era un entrenador exitoso y que hacía bien su trabajo. Pero un día, sorpresivamente, dio a conocer que se iba. Cualquiera puede irse de un trabajo. Él tenía una cláusula de salida de US$6.300.000, pagando los cuales podía marcharse. Pero tampoco quería pagar. Quería hacer “perro muerto”, como tantos pasajeros del Transantiago y otros chilenos en general. Entonces recurrió a un expediente vergonzoso: “iba a la oficina” en Pinto Durán, pero no hacía el trabajo, truco de tantos que quieren forzar su despido para cobrar su indemnización por años de servicio. Buscan “hacerse echar”, porque si se van voluntariamente no les corresponde la indemnización. Otra corruptela nacional, derivada, como casi todas, de la legislación socialista que rige el mercado del trabajo. En ella se asiló Sampaoli.
 
          Además, se declaró en el exterior “rehén” del país. Chile lo tenía “secuestrado”, decía. A todo esto, suponíamos que lo que lo movía a irse era una muy buena oferta del exterior. Pero tampoco era verdad. No tenía ninguna. Tanto que ahora, tras el acuerdo negociado que Bates celebra, se ha ido a su  casa a “descansar” por largos meses.
 
¿Por qué se quería ir inmediatamente, entonces? Sólo cabe concluir que porque el directivo con quien había tratado las condiciones de su trabajo había debido dejar el cargo por corrupción y se había marchado a los EE. UU. para aprovechar una delación compensada: confesar todo y recibir una penalidad baja.
 
Después fueron saliendo “trapitos al sol” que corroboraron lo anterior: había un contrato con cláusulas “confidenciales” ilegales, porque implicaban evasión de impuestos (depósito de parte de la remuneración en un paraíso fiscal). Y ahora ha aparecido un pago de US$200.000 por una asesoría inexistente del mismo Sampaoli al Instituto Nacional del Fútbol. Sólo mandó un mail de tres palabras al INAF y cobró. Entonces así queda en evidencia la verdadera razón de la renuncia.
 
De modo que la “exitosa negociación” de la cual se felicita el abogado Bates no viene a ser sino un “cover-up”, un manto de impunidad para echar al olvido cosas en las cuales no convenía hurgar y para ahorrarle a Sampaoli la mayor parte de lo que debía pagar como indemnización por el abandono extemporáneo del trabajo para el cual había sido contratado. Claro, si hubiera habido juicio, también cabía la posibilidad de un fallo judicial aberrante, de aquellos a los cuales nos tiene acostumbrados nuestra judicatura, que hubiera condenado a la ANFP. En esa línea, en estos días la Corte Suprema se apresta a dejar libre, mediante pena remitida, al único asesino del senador Jaime Guzmán al cual había logrado alcanzar el débil y tembloroso brazo de nuestra justicia de izquierda, que sólo recupera su vigor para someter a indebido proceso a militares (r) ya ancianos.
 
Todo huele mal en Chile, y la negociación ANFP- Sampaoli sólo lo confirma. Es tan así que encabeza los pronósticos presidenciales, para volver al poder, según las encuestas, el candidato de más oscuro prontuario entre todos, confirmando la conocida regla según la cual los países se dan los gobernantes que se merecen.

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