Todo No Ha Podido Terminar Peor Hermógenes Pérez de Arce

Todo No Ha Podido Terminar Peor

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          La decisión de Eliodoro Matte de renunciar a la presidencia en la Papelera y en el CEP no puede ser más lamentable, aunque resulte explicable por la denostación publicitaria y la persecución politizada de que ha sido objeto en el “juicio por los diarios” y a raíz de acciones inconsultas de la Fiscalía Nacional Económica.
 
          Matte es un tipo excepcionalmente decente, demasiado decente para un medio como el nuestro, donde a cualquiera lo aplastan con acusaciones como la de “colusión”, que se convierten en consignas y luego en maldiciones repetidas por doquier, contra las cuales no cabe razonamiento alguno.
 
          El mercado del papel tissue, del cual se ha tomado pie para crucificar a la Papelera y su presidente en la plaza pública, funcionaba competitiva y diversificadamente. Cualquiera podía y puede producir e importar. Firmas que operan en él, aparte de la Papelera y la sueca SCA, acusadas de la “colusión”: Rapac Chile, FPC Tissue (VIII Región), Proclean (V Región) y ADD en la Metropolitana, cuyos ejecutivos declararon a la prensa que producían 40 toneladas mensuales y estaban haciendo ampliaciones para llegar a 100.
 
          ¿Dónde estaban los monopolios y la colusión anticompetitiva? En ninguna parte. Pero había sucedido hace años una situación de corte humano: una empresa relativamente nueva, Papeles Industriales S. A., se había acercado a la Papelera, dominante sin contrapeso por su tamaño, y le había manifestado estar al borde de la quiebra si esta última continuaba manteniendo bajos sus precios. Esa situación las llevó a un acuerdo que no sólo permitió subsistir a PISA, sino prosperar, tanto que después se vendió a una firma de capitales suecos, SCA, que entró al mercado chileno y continuó el convenio con la Papelera.
 
Si ésta hubiera sido una firma depredadora, habría bajado los precios para eliminar la competencia de PISA y todas las demás, pero no lo hizo y por eso ha sido ahora acusada de “colusión”, paradigma de los “abusos empresariales” y pretexto para “cambiar el modelo” por otro en que el Estado sea dueño de todo y sus angélicos funcionarios, que jamás recibirán una coima ni codiciarán millones, pese a poderlos ganar fácilmente con una resolución o un decreto similar a los de cambio de uso de suelo o adjudicación de propuestas o decisiones de compra sin licitación.
 
          En medio de este tráfago de acusaciones injustas, Eliodoro Matte, un hombre pacífico, se dio cuenta de lo que es en Chile ser “juzgado por los diarios” y, en particular, vivir en medio de los chilenos, sujetos esencialmente poco leales (sólo el 13% dice confiar en sus connacionales). Apenas iniciado el “juicio” en contra suya recibió la primera puñalada en la espalda: José Zalaquett, izquierdista al cual había designado en el directorio del CEP (los empresarios de derecha han llenado sus directorios de zurdos, buscando “quedar bien”) renunció ostentosamente por el hecho de que Eliodoro lo siguiera presidiendo y no renunciara. Carlos Peña, acostumbrado a que el rudimentario Piñera destituyera a todo ministro al cual él criticaba, le pidió también la renuncia a Eliodoro. Sus pares, como es costumbre en Chile (pregúntenles a los Presos Políticos Militares) lo traicionaron, por supuesto, y la Sociedad de Fomento Fabril “suspendió” publicitada y vergonzosamente a la Papelera de su membresía. Naturalmente, los políticos de izquierda hicieron gárgaras con la “colusión empresarial” y los de derecha, casi todos blandengues y de escasa personalidad y opiniones propias, compraron la consigna con la misma facilidad con que lo hicieron con la de las “violaciones a los derechos humanos” discurrida en los ’70 por el KGB, y se sumaron al ludibrio.
 
          La Papelera se ha tratado de recomponer como ha podido. Su pérdida patrimonial bursátil inmediata, generada por la persecución de la Fiscalía, fue de mil millones de dólares, pues la acción cayó de $1.800 a $1.400 de un día a otro. Porque los inversionistas, que fueron solidarios con ella en 1971-73 bajo el lema “la Papelera No” y compraron sus acciones para evitar que la UP se apoderara del papel de diarios, ya no lo son más y son tan distintos de los civiles de ahora como los militares de ahora lo son de los “soldados del ‘73”. Nuevas generaciones de cerebros lavados que lo único que están dispuestas a comprar son consignas de los comunistas.
 
          Entonces, en este entorno hostil, Eliodoro Matte, un tipo esencialmente decente y limpio, resuelve, caballeroso, abandonar el campo de batalla. Lamentablemente, lo ha hecho como si fuera culpable. Hasta ha pedido perdón sin ninguna razón para hacerlo, porque ante una mala ley, que castiga los acuerdos razonables, se inclinó por éstos en lugar de adoptar conductas predatorias contra sus competidores. Ante un Estado fiscalizador ignorante de las realidades del mercado y sediento de publicidad periodística, se ha retirado y le ha entregado el terreno.
 
          Todo no ha podido terminar peor. Para los efectos de la imagen, por supuesto, dado que no en los hechos, donde el mercado del tissue funciona igual que antes: bien, abierto, diversificado, competitivo. Tal como el de los pollos, otra víctima de la persecución estatal, el ludibrio político y el “juicio por los diarios”. Porque esto no tiene nada que ver con la vida real, sino con las imágenes, las consignas y los vituperios de la grosería farandulera, que es lo único que importa en el peregrino y lamentable Chile actual.

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