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Tolerancia Cero e Ignorancia Mil Hermógenes Pérez de Arce

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Tolerancia Cero e Ignorancia Mil

 
 
          José Antonio Kast soportó estoico el acoso del piñerismo y la izquierda en Tolerancia Cero, pero como el ataque era ininterrumpido, no pudo menos que dejar pasar algunos disparates insignes de un par de sus interlocutores, como el terminante aserto sobre “tres mil desaparecidos” bajo el Gobierno Militar que lanzó Daniel Matamala, acreditando que jamás supo que el Informe Rettig los cuantificó en 979 y la posterior Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación añadió otros 123, lo que dio un total de 1.102.
 
Incluso éstos dejaron de ser tales cuando, con el transcurso de los años, se estableció el número preciso de los muertos y luego inhumados en el Cementerio General, de los restos que permanecieron por años en el Instituto Médico legal, de los otros que fueron ilegalmente enterrados y cuyas osamentas fueron posteriormente lanzadas al mar; de los nombres que no tenían existencia legal o de los que comprobadamente viajaron al extranjero e, incluso, hasta de los seis “reaparecidos” en los últimos años.
 
No ha habido en el país el ánimo de hacer un estudio pormenorizado, porque el mismo acreditaría que ya no hay personas cuyo paradero se ignora y es políticamente intolerable para la izquierda que deje de haber desaparecidos.
 
No está demás puntualizar que sí son tres mil o más los que cada año desaparecen en Chile, contabilizando como tales a los que han sido objeto de una denuncia de presunta desgracia y al final del ejercicio no han sido encontrados.
 
          También José Antonio Kast debió dejar pasar la afirmaciones erradas de Fernando Paulsen, imputando al general Pinochet muertes en las que nada tuvo que ver, como tampoco lo tuvo su delegado, el general Arellano, entre las cuales mencionó la del periodista Carlos Berger en Calama. Y añadió que en ese caso el general Jefe de Zona se habría opuesto a la orden de ejecución y la habría representado. Nada de eso es verdad.
 
          Justamente el general Arellano, horrorizado al enterarse de los fusilamientos ilegales, llevó ante el Jefe de Zona al responsable de los mismos para que procediera a enjuiciarlo de acuerdo a sus omnímodas facultades y aquél se negó a recibirlo.
 
Los propios jueces que, un cuarto de siglo después y pasando por sobre la amnistía y la prescripción inculparon a los generales Arellano y Pinochet contra toda verdad y todo derecho, siempre dejaron libre al real responsable de los fusilamientos, porque éste les decía lo que querían oír: “fueron órdenes de Arellano y Pinochet”. Al final parece que a los jueces les dio vergüenza y también, finalmente, mandaron a Punta Peuco al único culpable, pero ya nonagenario y enfermo.
 
Si Fernando Paulsen leyera el número 5 del capítulo II de mi libro “La Verdad del Juicio a Pinochet” se pondría a salvo de volver a emitir opiniones tan ajenas a la verdad como las de anoche. Él y cualquier lector pueden instruirse bajando un ejemplar del e-book respectivo, que se ofrece en este blog por un módico precio.
 
En todo caso, hay que reconocer la hidalguía de “Tolerancia Cero” al convidar a su programa a José Antonio Kast, rompiendo así el cerco de silencio que se ha levantado en torno al único candidato de derecha y defensor del gobierno que salvó a Chile y de los militares víctimas de la prevaricación; un hombre preparado, íntegro y, por lo mismo, no procesado por emisión o utilización de facturas falsas, con su patrimonio radicado en Chile y no en paraísos fiscales. Por añadidura, la encuesta Cadem muestra que en la última semana se doblaron de dos a cuatro por ciento las preferencias en favor de José Antonio Kast. Éste, hay que decirlo, anoche no dejó muy bien parada a esa firma, al revelar que antes de la primaria ella había pronosticado para Felipe Kast menos de la mitad de la votación de Beatriz Sánchez y después de la primaria resultó que ambos habían prácticamente empatado.
 
La campaña presidencial de verdad está comenzando. José Antonio Kast inscribirá su candidatura en agosto, para cuyo efecto ya tiene las firmas requeridas, como también lo harán los otros candidatos que las hayan reunido y los que puedan ser presentados por partidos políticos, a condición de que ni unos ni otros estén formalizados por delitos castigados con pena aflictiva.

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