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Traicionó a Cuba, aplastó la libertad Actualidad

Traicionó a Cuba, aplastó la libertad

 

 

Fidel, el caudillo revolucionario permanente, espejo de los comunistas y progres latinoamericanos; el dinasta, el dictador, el tirano, se reunió con Chávez, su aprendiz de brujo y ahora se cobijan en el séptimo círculo del Dante, allí donde se castiga a los criminales y se corresponde a la traición y la loca bestialidad, con fuego eterno.

 

Noventa años al fallecer. Sojuzgó la isla durante 47 años. Le sucede su hermano Raúl: el delfín del nefasto régimen; nadie sabe si esto es el ocaso de la dinastía roja o si a la muerte de Raúl -que tiene 85 años-, eso solamente significará un mero cambio cosmético que perpetúe el dominio en La Habana del partido comunista.

 

Un aventurero internacionalista y profesional de la revolución. En 1959 engañó a su pueblo al que prometió libertad, honor y dignidad. Procedió exactamente en el sentido opuesto: oprimió al cubano tanto, que el 20% se exilió, mayoritariamente en EE.UU. Llevó sus tropas al África para luchar en interminables batallas en Angola, Mozambique, etc., e intervino en Colombia, Venezuela y Chile, destacando acá a uno de sus generales más experimentados en combate (Patricio De La Guardia), y al Jefe de Inteligencia (G2) Manuel Piñeiro, alias el comandante "Barbarroja" (casado con la comunista Marta Harnecker asesora de Chávez y Maduro posteriormente): este sujeto que era el encargado de las operaciones secretas en Centroamérica, pasó a Chile con idéntica misión subversiva.

 

Castro mantuvo miles de presos en las cárceles cubanas y asesinó decenas de miles de opositores. Ciertamente organizó la salud y educación locales, formando brigadas de profesionales en ambos sectores. Pero sin posibilidades. Cesantes ilustrados de un sistema que fracasó porque el dictador arruinó la economía de Cuba, país que pasó de ocupar uno de los primeros lugares del desarrollo latinoamericano en la década de los años cincuenta del siglo pasado, a la retaguardia en pleno siglo XXI.

 

Un ególatra extraño y extravagante. Apoyó entusiasta la invasión soviética a Checoslovaquia (1968) pulverizando la tímida "Primavera de Praga"; contrató alemanes de la SS para entrenar sus tropas especiales; fue aliado de los ayatolas iraníes. Cuando cayó la URSS, buscó apoyo de China con escaso éxito. Se arregló con la sanguinaria tiranía norcoreana. Pero logró atraer a Chávez con el firme respaldo de Daniel Ortega, su discípulo nicaragüense. Aprovisionó las FARC de Colombia después de una frustrada intervención en Venezuela en la época de Betancourt. Dejo sangre y dolor en muchos países de la región y aún más allá.

 

Fidel Castro, el hombre verde oliva dejó este mundo a los 90 años vestido con un ridículo buzo deportivo imperialista, reflejando todas las contradicciones de un aventurero converso al comunismo y que muere multimillonario. La historia no lo absolverá: deja su nación en ruinas, más atrás que en 1959, con un quinto de la población en exilio forzoso. Poca cosa para un individuo acostumbrado a codearse con los llamados líderes políticos mundiales. Solo oratoria y magnetismo. No descansará en paz porque estará junto a Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot y otros asesinos y megacriminales del panteón comunista. En realidad, la Historia lo demandará por sus crímenes.  

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