Transantiago También estaba en Caburgua Actualidad

Transantiago   También estaba en Caburgua

Por Raúl Pizarro R., VOXPRESS.CL

 

Belisario Velasco fue, en su momento, un influyente camarada democratacristiano y es uno de los pocos sobrevivientes de aquel grupito de 13 militantes, que, al revés de Frei Montalva, no justificó y rechazó el Golpe del 73.

 

El Charo, como le dicen sus más íntimos que suele visitarlo en su casa de Cachagua, pese a su limitación de ser monocular, está escribiendo un libro autobiográfico de su vasta trayectoria política, y uno de sus capítulos lo dedicará íntegramente al Transantiago.

 

Resulta que Velasco era ministro del Interior de Bachelet cuando ésta decidió –10 de febrero de 2007— poner en marcha este sistema de transporte  sin que estuviera mínimamente implementado. En el texto, su autor contará que funcionarios de Transporte de la época le sugirieron que le comunicase al país que la entrada en funcionamiento del Transantiago era sólo una “marcha blanca” para eludir la infinidad de problemas que se venían. Su respuesta fue categórica: no estoy dispuesto a mentirle a la gente.

 

El sistema, al momento de ponerse en marcha, no sólo dejó por el suelo a Iván Zamorano, el rostro publicitario de sus bondades, sino originó una de las manifestaciones masivas más furiosas de que se tenga recuerdo. No existía el número mínimo de máquinas, no estaban definidos los recorridos, faltaba el software controlador de desplazamiento de cada uno de los vehículos y los conductores no tenían idea de qué trayectos tenían que realizar. El caos fue total, tal como se lo advirtió y predijo Carabineros al ministro.

 

-Señor Velasco, ¿dónde estaba la Presidenta ese día del estreno del Transantiago?

-Ella se hallaba de vacaciones en Caburgua.

-¿Intentó regresar a La Moneda?

-Hablamos telefónicamente sobre las enormes dificultades existentes y ella me planteó que quizás sería conveniente volver a Santiago. Le respondí que no lo hiciera, porque era un tema que debíamos arreglarlos entre los ministros…

 

Es clave consignar este punto, porque la Presidenta, en aquella oportunidad, al menos sugirió la posibilidad de interrumpir sus vacaciones para poner el pecho al tremendo conflicto que se le venía, experiencia muy diferente a la vivida en febrero de 2015 cuando estando también Caburgua se refugió allí hasta el fin de su veraneo sin dar la cara por el aún incipiente escándalo de su nuera e hijo.

 

Lo insólito en la conmemoración del noveno aniversario de uno de los proyectos más desoladores puestos en práctica por Bachelet es que las autoridades de Transporte sacaron cuentas alegres, como si se tratase de un éxito. Casi festejado con velas cumpleañeras, pronosticaron que para el 2018 todo será distinto, modernísimo, cómodo y rápido como el batimóvil de Batman.

 

Resulta que se cumplió el plazo que permite al Gobierno revisar los contratos de los operadores en esta sociedad mixta Estado-transportistas privados, la cual ha podido sobrevivir  a duras penas gracias a los periódicos y millonarios subsidios  fiscales.

 

El ambicioso nuevo proyecto, que incluye hasta el cambio de nombre al transporte público capitalino, apunta a máquinas de última generación, puntualidad en los recorridos, cobertura de más territorios urbanos y un mayor número de buses, más un estímulo a los conductores para que, con comisiones monetarias, se allanen a detenerse en todos los paraderos, en su mayoría atiborrados.

 

Estos bonos de estímulo a los conductores hará regresar en parte el sistema a la época de las amarillas, cuando con una imprudencia a tumba abierta se peleaban los pasajeros en las esquinas. El estresante rol de chofer recibió un alivio con la fórmula actual, pero hacerlo competir por clientela recogida  implicará un riesgo inminente que el público había dejado de percibir.

 

Antes de sacar cuentas alegres en un cumpleaños tan sombrío como el que acaba de celebrar Transantiago, las autoridades, ahora con la facultad de renegociar los nuevos contratos, deben asumir que enfrente tendrán privados mañosos por excelencia y no fáciles para aceptar reglas impuestas.

 

No será fácil terminar con la evasión, que en 9 años ha crecido de un 3% a un 27%, porque para evitar la pillería típica del chileno para eludir cualquier pago, se requiere de tecnología y fiscalización, lo que aumenta considerablemente cualquiera inversión. Por muchas barreras físicas que se discurran para el Trasantiago del 2018, los sinvergüenzas y abusadores se las ingeniarán para burlarlas.

 

Uno de los mayores reparos al sistema actual es su lentitud de desplazamiento, ello porque los buses comparten arterias altamente congestionadas. Para aminorar este déficit, para el Transantiago se construyeron vías segregadas exclusivas, pero para que el sistema funcione rápido en todas las zonas que cubre…¡faltan por implementar 300 kilómetros! Por la alicaída caja fiscal, los recursos no estarán ni para el 2018.

 

Por todo lo negativo que se recordó en este noveno cumpleaños del Transantiago, sus autoridades debieron ser más cautas y con menos exposición pública. Porque, hasta la fecha, poco o nada han arreglado, y lo que con jolgorio anunciaron no pasan de ser buenos propósitos y promesas, respecto a las cuales la población está harta.

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