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TRICEL, TAN POLÍTICO COMO LA JUSTICIA Actualidad

TRICEL, TAN POLÍTICO COMO LA JUSTICIA

Por http://www.voxpress.cl

“A confesión de parte, relevo de prueba” dice un antiguo aforismo jurídico. Si el propio vocero del Poder Judicial, el ministro Milton Juica  –muy vinculado en su adolescencia al PC–, reveló que “no es posible esperar una carencia de nexos espontáneos de nuestro quehacer con el mundo político”, se entiende la frecuente ocurrencia de fallos, o meras acciones, en que las decisiones de la judicatura no se ciñen en un ciento por ciento a la letra de los Códigos.

La historia del Poder Judicial está plagada de casos en que prevalecen las interpretaciones personales de los magistrados e incluso existe un caso específico en que un juez  —el hoy ministro Carlos Cerda— que lisa y llanamente ignoró una ley.

El fallo del Tribunal Calificador de Elecciones (TRICEL) que acogió el reclamo de la Nueva Mayoría para que fuera de plazo se le dejase inscribir sus participantes en las primarias legales municipales (o sea, pagadas) del 19 de junio, fue una decisión política y no jurídica.

En tres oportunidades, el Servicio Electoral (SERVEL) rechazó la inscripción de la nómina oficialista por incumplir la ley electoral. Primero lo fue su directora (S), Elizabeth Cabrera; luego el Consejo de la entidad y nuevamente aquella funcionaria, acogiendo un recurso de la Nueva Mayoría.

Como la negativa a la inscripción de candidatos gubernamentales fue de dominio público, la ciudadanía tomó debida nota de todos los pormenores que rodearon al episodio. Dirigentes de la coalición se indignaron por la falta de acuerdo para consensuar los nombres de los aspirantes y por la desprolijidad de llegar a última hora y con una lista que, reconocidamente, no era la definitiva.

Hubo absoluta conciencia del error y de inmediato los dirigentes partidistas se abocaron a evaluar mecanismos alternativos. El senador Pizarro y el diputado Safiirio de la DC llegaron a decir que “no hagamos más dramas sobre una equivocación y hagamos privadas internas como ya las hemos llevado a cabo en varias oportunidades”. Incluso, la presidenta de dicha colectividad reconoció la no existencia de acuerdos como razón para no haber llegado antes al SERVEL.

Fue la tozudez de Isabel Allende –herida en su orgullo porque se atribuyó a su ausencia en el acto de inscripción el rechazo del SERVEL–, la que bregó por llegar hasta el TRICEL para revertir el fracaso inicial que obligaba a los socios oficialistas a realizar primarias informales sin financiamiento estatal, esto es, con un costo para ellos.

El lobby del oficialismo con los ministros del TRICEL fue tan obvio, que apenas concluidos  los alegados de las partes, el presidente del tribunal aseguró que “ya tenemos la certeza de cómo fallar”. Sus integrantes no consideraron ninguna de las pruebas presentadas por la defensa del SERVEL con testimonios grabados de dirigentes de la Nueva Mayoría reconociendo su propio error.

Los jueces del TRICEL son cuatro ministros de la Suprema y un ex parlamentario que haya sido presidente o vicepresidente de alguna de las Cámaras del Parlamento. Éste se ausentó de la votación.

Isabel Allende se ufanó de que los cuatro ministros votasen a favor de su tesis de que la directora (S) del SERVEL se excedió en sus atribuciones, punto de vista que fue defendido a ultranza por el ministro Haroldo Brito, un reconocido socialista y ex presidente de la Asociación Nacional de Magistrados.

Por una cuestión de mínima imparcialidad, la sentencia del TRICEL debió ordenar la inscripción de la lista oficialista tal cual estaba confeccionada la noche del plazo fatal, pero lo omitió, dándole, así, más tiempo que al resto de los pactos para seguir reacomodando su nómina.

Al margen de ello, el TRICEL dejó en pésimo pie al SERVEL, pues puso en entredicho su autonomía y la facultad de sus funcionarios para decidir en actos tan decisivos como las  inscripciones electorales. En adelante, téngase por seguro que esta entidad reguladora será sometida a presiones y juzgamientos frente a cualquier contratiempo que afecte a un partido.

Una vez más, y como en tantas otras oportunidades, la Justicia demostró que, al menos en Chile, debería definitivamente quitarle la venda en los ojos a su estatua ícono que recibe a los visitantes en el hermoso Palacio de los Tribunales en el el centro capitalino. Esa hermosa imagen allí esculpida hace tiempo que dejó de ser ciega.

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