UN(A) BUENA ONDA O UN LÍDER POLÍTICO Despierta Chile

UN(A) BUENA ONDA O UN LÍDER POLÍTICO

Por Fernando Thauby

En una etapa del desarrollo nacional en que la prosperidad parecía automática e indestructible, la gente se cansó de los líderes políticos y se inclinó por Bachelet. Querían amor, cariño, descanso y relajamiento y lo tuvieron. A poco andar el progreso económico se detuvo y se insinuó la crisis, Bachelet hizo un cambio de gabinete y entregó, -en los hechos- el gobierno a los líderes tradicionales de la Concertación. Pero la Caja de Pandora ya había sido abierta.

La decadencia se insinuó pero el gobierno retrocedió justo al borde del desastre sin precipitarse al vacío, se terminó el período de Bachelet y fue elegido Piñera.

Piñera enfrentó y resolvió bien los elementos concretos que conformaban la crisis, pero careció de manejo político, de simpatía, de empatía y se las arregló para antagonizar con la gran mayoría de la opinión pública, que reconociendo su habilidad directiva, no pudo digerir su inusual personalidad ni su carencia de “relato”.

Y volvió Bachelet, ahora en brazos de lo que fue instalado por los medios de comunicación social como “su carisma”

El término carisma se ha banalizado y ya no se sabe muy bien que significa. En su origen tiene una acepción religiosa, está relacionado con la noción de gracia o don divino. En los tiempos laicos actuales los medios de comunicación transformaron el concepto y la forma del carisma y lo convirtieron en un producto más, disponible -para quienes pudieran pagarlo- en el mercado.

La Concertación de agarró desesperadamente de Bachelet para volver al poder, para lo cual se abocó a la ”construcción de una realidad”: la invención e instalación en la opinión pública de un “liderazgo carismático” de Bachelet capaz de dar en el gusto a cada chileno en particular, fuera lo que fuera que quisiera o pensara.

Para entender el concepto de liderazgo primero hay que describirlo brevemente; un líder es la persona encargada de guiar a otras por el camino correcto para alcanzar objetivos específicos o metas que comparten, el líder es la persona que guía al grupo y es reconocida como su orientadora.

El líder carismático es aquel al que sus seguidores le atribuyen condiciones y poderes superiores a los de otros dirigentes.

El líder tradicional es aquel que hereda el poder ya sea por costumbre o por jerarquía.

El líder racional es aquel que es elegido por su calidad de experto en las materias que le competen. Generalmente su ascenso es el resultado de una “carrera” o “trayectoria” que constituye la base comprobable de su capacidad y excelencia.

Volviendo al caso de Bachelet, Max Weber es muy claro respecto a las características y carencias del liderazgo carismático:

“El poder del carisma, se basa en la creencia, en la revelación y en los héroes”.

“Los seguidores reconocen a su líder no por legitimidad, sino porque representa un deber con ellos, una esperanza, un cambio y lo más importante una figura que se manifiesta de forma mística”. “El carisma es particularmente sensible al pensamiento utópico y es útil y eficaz cuando coincide adecuadamente con la situación internacional, la de la comunidad y con el contorno histórico”.

La nueva realidad política y social de Chile construida por los medios para Bachelet y sus seguidores constituyó su diagnóstico político y la base de su programa y resultó ser un gran error. Partiendo de un mal diagnóstico las políticas consideradas resultaron ser ineficaces; el mal diseño práctico de las mismas y su penosamente inepta puesta en práctica concluyó en un fracaso integral e irremediable.

Bachelet fue el producto de un eficaz manejo político que creó un carisma inexistente, en base a imágenes, promesas, sonrisas y gestos de complicidad. Sobre esa irrealidad se construyó otra mentira: un liderazgo carismático, en base a una persona que tenía varios elementos de carisma y ninguno de liderazgo.

Sus carencias críticas fueron su falta de experiencia, de conocimientos, de carácter, de habilidad negociadora, de generación de consensos, de autocrítica, de pluralismo, de visión estratégica y de capacidad para enfrentar y resolver problemas.

Cuando perdió la imagen de honestidad, asesinó fatalmente su propia credibilidad; cuando cayó en el personalismo y la indecisión, liquidó cualquier pretensión de liderazgo y cuando insistió en la imposición de sus preferencias personales dejando de lado la interpretación su voluntad ciudadana y lo que conviene al bien común, Bachelet se acabó.

¿Qué había pasado?. Los partidos políticos, en franca decadencia, incapaces de renovar sus liderazgos y capturadas sus directivas por oligarquías dominantes y corruptas se alejaron de la ciudadanía, recurrieron a la búsqueda de liderazgos carismáticos y encontraron un buen producto base en Bachelet 1.

Terminó su mandato tambaleando y fue reemplazada por un Piñera que satisfizo las necesidades económicas de la ciudadanía pero no pudo ocupar su lugar en el corazón de la opinión pública y Bachelet 2 fue traída de vuelta pero ahora en versión autoritaria. Ella se creyó el cuento de su liderazgo carismático y actuó en consecuencia. Se deshizo de sus “moderadores”, se quedó sola y cayó al vacío.

¿Qué viene ahora?. La derecha insiste con Piñera, el mismo Piñera pero ahora sin sorpresa ni suspenso. La izquierda se debate entre repetir el ejercicio por tercera vez, ahora construyendo un nuevo “líder carismático” a partir de una figura del periodismo, simpaticona y buena onda y sin ninguna trayectoria reconocible o volver a un “liderazgo racional” que pudiendo ser eficaz parece no consolar el corazón destrozado de sus bases mas radicales.

Los chilenos tiene la palabra: elegir a un candidato que pueda “ganarle al otro”; elegir a alguien que los “haga felices con su presencia” o elegir a uno que los “haga felices con sus resultados”.

¿Qué queremos, otro amor romántico o tener al mando a un experto comprobado?.

Para saber quien sería la mejor elección hay que exigir que cada candidato presente su programa en forma detallada; los compromisos que se compromete a respetar y los resultados a alcanzar; los miembros mas conspicuos de sus equipos; los partidos que lo apoyan; como va ha materializar su programa y sobre todo, de dónde va a sacar la plata para llevar a cabo sus sueños. No mas vaguedades, no mas presunta comunicación intuitiva con la ciudadanía, no mas prescindir o ningunear a la oposición. Debates pre electorales abiertos, reales, sin limitaciones ni cortapisas.

No mas retroexcavadoras y si mas participación durante el gobierno, no solo durante las elecciones y no me refiero a simulacros como el de la Constitución o los Talleres del Libro de la Defensa.

Compartir