Un Hombre de Izquierda Hermógenes Pérez de Arce

Un Hombre de Izquierda

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          Cada vez que se le dio la ocasión de hablar de algo que no fuera fútbol, Sampaoli se presentó como un hombre de izquierda. Sabemos la definición de “hombre de izquierda”: es el partidario de que todos sean iguales, aunque no lo quieran. Por eso era simpatizante de los Kirchner en su país y de la revolución de izquierda, la de “lo público”, que está teniendo lugar en Chile. Se cuidaba de no ser demasiado explícito, pero su postura ideológica siempre quedaba implícita en sus declaraciones.
 
          Ahora, es preciso aclarar que los hombres de izquierda son en un sentido, aunque pretendan no serlo, iguales a todos los demás, es decir, lo primero que les importa es su propio interés. Entre ganar menos y ganar más, prefieren lo segundo, tal como los de derecha y los de centro, pero, a diferencia de los primeros (nunca se sabe si también o no de los segundos), repudian el lucro, la iniciativa privada y la libertad de emprender. Creen que todo lo debe manejar el Estado, gobernado por ellos, por supuesto.
 
          Pero eso es lo que creen, no lo que hacen. Son como esos padres que les dicen a sus hijos: “No hagas lo que yo hago, sino lo que yo digo”. Porque lo que ellos hacen es afiliarse a las isapres, mandar a sus hijos a un colegio particular pagado y comprar en un mall, pero lo que dicen es que la salud debe ser pública, la educación debe estar en manos del Estado y que “nunca pisarán un mall”.
 
          Sampaoli siempre fue igualitario, pero apenas pudo cobró una remuneración que lo situó automáticamente dentro del uno por ciento más desigual y más rico de Chile. Siendo partidario de impuestos más altos para los más ricos, convino con su empleador que parte de su remuneración fuera depositada en la cuenta de una sociedad suya radicada en las Islas Vírgenes Británicas, donde quedaría exenta de todo impuesto. Y exigió una cláusula de confidencialidad, porque un buen izquierdista puede ser muy aficionado al lucro, pero nunca debe parecerlo.
 
          Una mayoría de chilenos ha votado por que los izquierdistas manejen el poder y lleven a cabo su revolución igualitaria, pero sin darnos cuenta ellos se han subido los sueldos en términos de que ya ninguno de los que deben salir a la luz pública a explicar sus manejos gana menos de seis palos al mes, lo que los sitúa entre el diez por ciento más rico del país, al cual la izquierda (apenas sus militantes se embolsan sus seis palos o más) vitupera por ganar 26 veces más que el diez por ciento más pobre y dice que el programa revolucionario debe terminar con eso. Pero ya entre exonerados y supuestos torturados le han extraído más de mil millones de dólares al Estado, a título de indemnizaciones por habérseles inferido el enorme daño de impedirles completar su revolución armada “la otra vez”, para establecer acá una sociedad parecida a las ejemplarmente conducidas por los beneméritos Erich Hönecker, Fidel Castro, Kim Il Sung, Kim Yong Il y Kim Yong Un.
 
          También, como buen izquierdista, Sampaoli se topó con “la letra de la ley”. Tenía una “cláusula de salida de US$6 millones 300 mil”, pero se le presentó una oportunidad mejor y quiere salirse sin pagar. Algo así como querer una nueva Constitución porque la actual obliga a expropiar pagando el valor comercial, y la izquierda quiere expropiar sin pago. Si la ANFP lo hubiera despedido, él habría cobrado religiosamente la indemnización pactada. Pero el hombre de izquierda es un religioso observante de la regla de oro de la izquierda: “haz a otros lo que no quieres que te hagan a ti”.
 
          Y ahora se ha erigido en problema nacional y discutido en todos los ámbitos de la opinión pública chilena y del exterior algo indiscutible: si Sampaoli abandona extemporáneamente su trabajo debe pagar los US$6 millones 300 mil dólares. Y como no quiere cumplir el contrato ni pagar, se ha declarado “rehén”, víctima de “secuestro permanente” por parte de la ANFP.
 
          Los hombres de izquierda siempre se salen con la suya. Sampaoli no va a ser la excepción. Se va a ir sin pagar US$6 millones 300 mil. Eso lo apuesto doble contra sencillo. Y más de alguien le va a pedir perdón.

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