Un Museo con Falla de Origen Despierta Chile

Un Museo con Falla de Origen

Javier Fuenzalida A., profesor Universidad Finis Terrae

Julio 01, 2015 VP VoxPress

Durante  el recorrido por el Museo de la Memoria de Santiago, surgen varias preguntas, todas  sin respuestas: ¿es de la memoria?  ¿qué motivó esa violencia que se expone?, ¿quiénes la incitaron? ¿quiénes la practicaron?.

Mi recorrido por la moderna sede, comienza en una imponente explanada en que en uno de sus muros están grabados los 30 artículos  de la Convención de los Derechos Humanos de la  ONU, que en Chile tiene fuerza de ley. Después de recorrer su interior,  advertí que de esos 30 artículos, el museo sólo reconoce algunos e ignora a otros, como los que consagran la propiedad privada (17), la libertad de  expresión (19), de asociación (20)  de trabajo (23), de educación (26) y el  último (30) que establece que ningún Estado puede violarlos, norma no respetada plenamente desde los años 60 al 73.

A la entrada hay una  inmensa placa de Michelle Bachelet, pero en ninguna parte pide perdón por haber  sido ayudista del FPMR cuando ese grupo asaltaba y mataba. La exposición es sobrecogedora. Videos, fotografías y  documentos muestran el sufrimiento de mucha gente que fue engañada por el  marxismo y por sus revolucionarios de salón, que los incitó a actuar fuera  de la ley. Esos dirigentes están ausentes. Para el museo, no existieron.

museo

Hay un impresionante muro de tres pisos con cientos de fotografías de víctimas, pero no hay  ninguna de carabineros o miembros de las Fuerzas  Armadas asesinados por los izquierdistas y de personas inocentes raptadas  por los grupos terroristas de la UP.

Durante el recorrido surge la pregunta, sin respuesta,  ¿ qué motivó esa violencia, quiénes la incitaron, quiénes la  practicaron? Busqué por todas partes documentos, videos y fotografías de los intelectuales y  líderes políticos de la izquierda de los 60 en adelante, como Altamirano,  Corvalán y Allende, o de sus lugartenientes como Chonchol, Garretón, Ominamí, Gumucio, Enríquez, en fin, caudillos que impulsaron la destrucción del país y cabecillas de movimientos que la ejecutaron como el MIR, MAPU, IC, PC, pero no están, siendo los responsables directos de esa violencia plasmada en las gráficas del Museo de la Memoria.

Tiene muy mala memoria el Museo de la Memoria.

Tampoco encontré documentos como los acuerdos de los congresos del Partido Socialista en  Linares (1965) y Chillan (1967) que llamaron a la toma del poder por la fuerza, como lo pregonaba la cubana OLAS presidía por el propio Allende.

Asimismo, se ignoran valiosos documentos como el acuerdo de la   Cámara de Diputados de agosto de 1973 (aprobado por más de 2/3) que denunció las ilegalidades del gobierno de la Unidad Popular ; o  el pronunciamiento, en el mismo sentido, de la Corte Suprema (mayo  y agosto del mismo año).

Busqué, sin éxito, el acta de  la reunión de Frei Montalva, en ese entonces Presidente del Senado, con la directiva de la Sofofa (6/6/73) en que les dijo “este  problema se arregla con fusiles”. Tampoco tuve éxito al buscar  la carta de Frei Montalva a Mariano Rumor, Primer Ministro de Italia, en la que le explica cómo se llegó a la crisis que los políticos  no supieron resolver y que invocaron a las Fuerzas Armadas para terminar con el gobierno inconstitucional de la Unidad Popular.

Fue una  visita frustrante, pero, a su vez, preocupante, porque gran parte de los visitantes son jóvenes de educación media, incitada a visitar el museo por  profesores comprometidos con la izquierda desde su formación pedagógica, y que se llevan la imagen de una realidad torcida y sesgada del pasado de Chile.

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