Una apuesta peligrosa Despierta Chile

Una apuesta peligrosa

Por Orlando Saenz

Una apuesta peligrosa
 
Administrar bien un gran capital no es una tarea sencilla y son muchos más lo que fracasan que los que triunfan a la hora de hacerlo. Esa proporción negativa es mucho mayor cuando el gran capital llega de súbito y casi por azar y por eso son tantos los mendigos de hoy que fueron millonarios un día  porque se ganaron la lotería o porque murió sin descendencia un tío del que no tenían noticia. Todo esto sirve para observar con detenimiento lo que hace Beatríz Sánchez y su Frente Amplio con la importante votación que recibieron en la elección del 19 de noviembre.
 
Si los humos no se le suben a la cabeza, debería calcular que su poder de endoso de esa votación no necesariamente es igual al que tuvo para lograrla. El Frente Amplio se constituyó, en gran medida, como expresión de cuestionamiento del sistema imperante y de rechazo a la forma tradicional de hacer política. Por eso es que una elemental prudencia aconsejaría gran cautela a la hora de comprometer endoso de la votación a una candidatura como la del senador Alejandro Guillier, típico representante tanto del sistema como de las viejas prácticas políticas. Todo hace suponer que un compromiso en ese sentido, puede resultar en un fracaso que, como consecuencia, convierta al Frente Amplio en una estrella tan fugaz como lo fueron Enríquez Ominami; Francisco Javier Errázuriz o el cura de Catapilco. 
 
Seguramente fue ese riesgo el que los dirigentes del Frente Amplio tuvieron en consideración en el primer momento. Fue una decisión prudente e inteligente, que los ponía en una situación ganadora a todo evento: si Guillier gana en segunda vuelta sería porque su electorado lo apoyó determinantemente; si Guillier fuera derrotado, sería porque la izquierda tradicional fracasó y el Frente Amplio es el que hereda su lugar. Pero el endoso comprometido ahora por Beatríz Sánchez, hizo trizas ese escenario y embarcó al Frente Amplio en un riesgosísimo compromiso sin siquiera el respaldo de la convicción.
 
Cierto que ese compromiso está restringido por la advertencia de que es un apoyo personal que no involucra oficialmente al conglomerado. Pero esa mitigación de poco sirve porque ella no podía ignorar que, siendo la figura estelar del movimiento, su compromiso formal pregonado por todo lo alto, equivaldría a una "orden de partido". Si todos la siguen y Guillier gana, será la figura dominante de la política chilena en el futuro inmediato.Si pocos la siguen y Guillier pierde, habrá dilapidado gran parte de su prestigio y ascendiente. Ahora, le guste o no, ha entrado en un juego muy arriesgado y cuyo resultado no solo afecta a su futuro político sino también al de otros dirigentes del Frente Amplio, que tal vez tengan más capacidad que ella misma para, como dice la expresión "jugar en las grandes ligas".
 
El riesgo de la merma del poder de endoso que supone tener Beatríz Sánchez lo acrecienta el perfil de buena parte del sufragante que apoyó al Frente Amplio el 19 de noviembre. Ciertamente que no es el típico votante proletario fácil de engañar con demagogia barata. La propia extracción social de sus líderes, todos ellos provenientes de una clase media acomodada y educada demuestra que se trata de jóvenes críticos y pensantes que no vivieron la dictadura y por eso no justiprecian la obra de la Concertación ni entienden cabalmente el trauma de la generación de sus padres que vivió la tragedia de la Unidad Popular. Ese votante arquetípico es demasiado reflexivo para pasar fácilmente por alto las contradicciones que implica terminar apoyando al candidato que encarna todo lo que rechazaron al crear su movimiento y prometerle oposición por anticipado al mismo gobierno que están tratando de factibilizar. Para hacer las cosas más difíciles, el tiempo que se tomó Beatríz Sánchez para declarar su adhesión a Guillier dio pie para que se sospechara del típico "arreglín cupular" cuyo rechazo fue parte constitutiva del Frente Amplio. Nadie podría reprochar que tantos contrasentidos ahuyentaran a más jóvenes que los que han supuesto.
 
El Frente Amplio es de aquellos movimientos que nacidos en torno al rechazo y la protesta, se adocenan en cuanto comienzan a compartir poder con movimientos políticos insertos en el sistema que objetan. Es por eso que, aunque parezca paradojal a este de que tratamos le sea más fácil mantener la identidad de que deriva su poderío, en un gobierno de Piñera que uno de Guillier. Y por eso es que el endoso de la Sánchez lo ha colocado en una encrucijada en que es difícil saber si es mejor ganar perdiendo o perder ganando.
 
Orlando Sáenz
 

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