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Una fecha memorable

El 11 de Septiembre de 1973 las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile asumieron el gobierno del país evitando una inminente guerra civil y liberando a Chile de caer en un régimen totalitario marxista leninista que en esa época estaba en su apogeo en la mitad del mundo. Esto no lo digo yo. Lo dijo el ex Presidente demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, el ex Presidente radical Gabriel González Videla, lo dice el ex Presidente demócrata cristiano Patricio Aylwin Azócar, entre muchos otros políticos incluidos algunos de izquierda.

Con ello se puso término definitivo a los mil días de un gobierno que actuó al margen de la ley y llevó a Chile a una súper inflación, crisis institucional, tomas ilegales, divisiones entre chilenos y la declarada intención de armar a la ciudadanía para tomar el poder total por la fuerza y transformar a Chile en un satélite de la Unión Soviética y Cuba,

A este plan Salvador Allende le llamó “la vía pacífica al socialismo”, denominación que no tenia sino un hipócrita ocultamiento de las reales intenciones. Para implementar esa “vía pacífica”, el gobierno introdujo al país un ejército paralelo de 16.000 guerrilleros cubanos, fuertemente armados.

Al gobierno de Allende se lo presenta ante las nuevas generaciones como un “gobierno constitucional” víctima de un golpe militar. Esto no es más que un engaño . El gobierno de Allende fue inconstitucional. Esto no es una apreciación personal. Lo declaró, oficialmente, el Congreso Nacional, el mismo que había erigido a Salvador Allende como Presidente de Chile. A fin de ser proclamado tal, Allende firmó un “Estatuto de Garantías Constitucionales” exigido, candorosamente, por el Partido Demócrata Cristiano. A los pocos días de haber asumido, Salvador Allende se disculpó de haberlo firmado ante el periodista francés Regis Debray, una especie de fiscal marxista internacional que vigilaba estos procesos. Declaró que no se trataba sino de un movimiento “táctico” pero que no tenía intención alguna de cumplir lo firmado, esto es, de someterse a la Constitución.

 

El 11 de Septiembre de 1973, fecha que hoy rememoramos, asumió el Gobierno Militar para detener ese proceso de degradación política que dañaba la convivencia nacional y que nos conducía, inexorablemente a una dictadura totalitaria marxista leninista, con la secuela de miseria, hambruna y atroces atropellos a los Derechos Humanos que caracteriza a esos regímenes.

Soy chileno. Amo a mi Patria, amo la verdad, amo la justicia.

Me irrita y angustia la forma como los políticos profesionales, sólo por satisfacer sus bastardas ansias de poder, desprecian esos valores.

Me irrita y angustia más aún, la ingenuidad con que vastos sectores ciudadanos acogen y hace suya la falsedad con que se pretende desacreditar a Gobierno Militar.

Se le presenta como una “dictadura” en oposición a la democracia.

En 1973, sin embargo, lo que hicieron las FF AA y Carabineros, fue impedir el advenimiento de una feroz y real dictadura.

En 1973, no existía la democracia. El Gobierno Militar la reconstruyó. La actual democracia es su obra.

En 1973 no existía el estado de derecho. El Gobierno Militar lo repuso.

En 1973 la institucionalidad estaba devastada. El Gobierno Militar la restableció redactando la Constitución Política de 1980 vigente hasta hoy, la que tuvo el consenso de sus opositores..

En 1973 no existía respeto alguno por los Derechos Humanos. La Constitución de 1980 los garantiza.

En 1973 la economía estaba en ruinas, no había producción ni trabajo ni siquiera alimentos. En 1990 el país crecía al 7.5 % anual sostenido con menos de 5% de desempleo. El país dejó de ser mono exportador y su economía llegó a ser una las más emergentes del mundo, si no la más. Internacionalmente se habló dos veces del “milagro chileno”. A Chile se le motejó de “jaguar”. ¡Qué distinto respecto de la situación actual!.

La obra del Gobierno Militar fue gigantesca. La creación de instituciones, la construcción de obras públicas y la promoción social son enormes.  Detallarlas ocuparía volúmenes.

En materia legislativa, sin ocupar sino a 5 legisladores y un grupo reducido de asesores, sin pompa, ni edificios fastuosos, ni salones alfombrados, ni lujosas y exclusivas cafeterías. promulgó la Constitución Política de la República y más de 4000 atinadas leyes que permanecen vigentes formando parte importante de la regulación de la convivencia nacional, Al Congreso, a su ritmo, con un batallón de legisladores (cuyo número se quiere aumentar) y con presupuestos exorbitantes, ese trabajo le tomaría más de 50 años.

Estos éxitos fueron una puñalada para los políticos profesionales. Los hombres de armas resultaron ser mejores políticos que los políticos. Son gente disciplinada que se ocupa de cumplir las misiones que se les encomiendan sin tener la necesidad de hacer el proselitismo que constituye el 90% de la actividad de los políticos.

Los políticos se vieron privados de sus sinecuras por un tiempo. Y eso no lo perdonan. En represalia, la izquierda, incluida la democracia cristiana, principal impulsor del pronunciamiento militar, se ha esmerado en ocultar esa exitosa obra y en denigrar, injustamente, al Gobierno Militar.

A falta de otros argumentos válidos, el Gobierno Militar es continuamente acusado de graves atropellos a los DD HH. Pero ninguno de los acusadores hace mención alguna acerca del contexto en esos hechos ocurrieron. Durante los 17 años del Gobierno Militar hubo una guerra emprendida, principalmente, por los partidos comunista y socialista a través de sus brazos armados el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionario) y el FPMR (Frente Patriótico Manuel Rodríguez) en contra del gobierno. Se niega que hubo una guerra porque no hubo batallas, ocupaciones ni otros elementos que caracterizan a ese fenómeno

Según la definición universalmente aceptada de Karl von Clausewitz “la guerra es un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad”, “es la continuación de la política por otros medios”. Dicho de otro modo, es la política por la fuerza. En Chile, los opositores al gobierno intentaron imponerse por la fuerza armada, y eso es guerra. El hecho de haberse tratado de una guerra de guerrillas y de no haberse materializado batallas campales y bombardeos, no le hace menos guerra. Hubo una guerra civil, que es la más cruenta de todas las guerras porque interviene el odio.

En Chile hubo víctimas por ambas partes. Y si las fuerzas opositoras no causaron más daños fue no fue por falta de voluntad sino porque no pudieron hacerlo. Los atropellos a los DD HH ocurrieron desde ambas partes. Carabineros y militares asesinados por sorpresa y a mansalva, bombas, actos incendiarios, con muchas víctimas inocentes eran perpetrados a cotidiano. Hubo, incluso, un intento de magnicidio que no prosperó sólo por torpeza de los hechores, pero causó cinco víctimas fatales. Estos hechos, a medida que iban ocurriendo, generaban una odiosidad creciente hasta hacerse incontrolable. Port eso ocurrieron excesos que nadie aprueba pero que es posible entender.

Resulta muy fácil condenar desde un calefaccionado escritorio sin haber vivido la situación por parte de personas que  probablemente no estarían vivas o no habrían nacido si los planes comunistas de Allende hubiesen prosperado.

Édison Aranda

11 Sep 2014

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