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Una ley de punto final Gonzalo Rojas

Una ley de punto final

Cualquier acuerdo político que evitase develar las prácticas de decenas de parlamentarios y de operadores electorales de todos los sectores, seria efectivamente una ley de punto final

Una encrucijada. Eso es lo que vivimos hoy.

Solo hay dos opciones: o los principales responsables de nuestras desventuras dicen toda la verdad y se atienen a las consecuencias jurídicas, o se confabulan para lograr un acuerdo que oculte lo que ha sucedido y procuran convencernos de que hemos vivido una angustiosa pesadilla de la que ellos nos despertarán, para entrar después en una venturosa realidad.

La primera opción la apoyan personalidades tan distintas como el ministro Pacheco, el ex senador Viera-Gallo y el presidente de la UDI, Larraín. La verdad, han dicho, es el requisito fundamental para reorganizar nuestra convivencia y nuestras instituciones. Bien.

En la otra posición está el senador Letelier, quien afirma que "esto no lo van a resolver los tribunales, lo va a resolver el sistema político".

¿Resolver? ¿Qué significa ese verbo cargado de diversidad de sentidos?

En este caso -no nos chupemos el dedo- podría significar una ley de punto final. El senador Letelier es la punta de lanza de esa posibilidad, secretamente anhelada por todas las izquierdas, y quizás deseada también por tantos en la derecha, por esos que carecen del talante moral que ha demostrado el senador Orpis.

Cualquier acuerdo político que evitase develar las prácticas de decenas de parlamentarios y de operadores electorales de todos los sectores sería, efectivamente, una ley de punto final. Su lógica es muy conocida: desde este día concreto para atrás no se investiga, se borra la memoria; amnesia, que la llaman.

En la izquierda ha existido siempre una total repugnancia hacia las leyes de amnistía o de punto final. En toda la historia del siglo XX las han rechazado, siempre que se ha tratado de pacificar un país que ha sufrido por la acción de la violencia que la misma izquierda había provocado. Se niegan a las leyes de punto final porque quieren ganar por secretaría, después de haber sufrido duras derrotas a manos de las Fuerzas Armadas justamente en el campo que las mismas izquierdas habían escogido, el de la violencia social.

Ahora, en Chile, parece que ha llegado el momento