UNA MIRADA CRÍTICA AL NUEVO FEMINISMO Despierta Chile

UNA MIRADA CRÍTICA AL NUEVO FEMINISMO
UNA MIRADA CRÍTICA AL NUEVO FEMINISMO
 
La política hace mucho tiempo dejó de tratar sobre los hechos, de un respaldo consciente a ideas precisas con un mínimo de reflexión o rigor y se convirtió en la subyugación ante consignas revolucionarias, sentimentales y viscerales.
 
El problema de lo anterior es que para lo único que no sirve la hueca consigna que promueve la desinformación es para construir un régimen político y una democracia sana, moderna y eficiente, debido a que la mayoría de la ciudadanía se termina sometiendo al cartel más grande de la marcha, a la historia más triste, retórica y sentimental en la televisión y a los moldes que las consignas generan sin obtener explicaciones satisfactorias, es algo impuesto, de lo cual nada hay que procurar entender.
 
Navegar contra la corriente es de una dificultad obvia, más si el instrumento político se trata sobre temas sensibles como lo son las mujeres, la homosexualidad, la inmigración, los animales, la ecología, entre otros, sin embargo, he de estar convencido que en política es necesaria la valentía para desplegar banderas propias sin temor alguno a la derrota, al insulto o al autocomplejo, solo trata de honestidad intelectual, de fidelidad al propio ideal desde la convicción del espíritu y una voluntad gigante para atenerse a las consecuencias, esa es la única alternativa para desmitificar la consigna y sucumbir ante ella.
 
La consigna más popular hoy en día -en conjunto a la ideología de género- es la del feminismo y estoy convencido que es un cáncer para la sociedad (en su acepción politológica definida en la RAE como la “proliferación en el seno de un grupo social de situaciones o hechos destructivos”).
 
No me refiero al feminismo de Christine de Pizan o Poulain de la Barre de los siglos XV y XVI que buscaba igualdad en temáticas como educación y espacios intelectuales, tampoco me refiero al feminismo liberal del Siglo XVIII que se fundó en la libertad individual y la igualdad natural entre las personas, en que se extiende la búsqueda de la justa igualdad hacia campos laborales, sociales, políticos y económicos, en que destaca Mary Wollstonecraft. De ningún modo es mi propósito criticar al feminismo que explica y promueve Stuart Mill en el siglo XIX que trata fundamentalmente sobre igualdad ante la ley y que se consolida con la promoción del voto de la mujer que comienza en 1869 en Inglaterra con la Sociedad Nacional del Sufragio Femenino.
 
Así son múltiples los ejemplos que destacan en la primera ola del feminismo en su interesante historia, sin embargo, en honor al espacio que se debe utilizar en un escrito como este, he de limitarme a manifestar mi adherencia al verdadero feminismo que Von Mises advertía, afirmando que el feminismo sólo será feminismo mientras “se limite a igualar derechos jurídicos de la mujer y el hombre, a darle seguridad sobre las posibilidades legales y económicas de desenvolver sus facultades y de manifestarlas mediante actos que correspondan a sus gustos, deseos y situación financiera”, así aquel que va más allá y se compromete con “combatir instituciones de la vida social con la esperanza de remover ciertas limitaciones que la naturaleza ha impuesto al destino humano, entonces ya es un hijo espiritual del socialismo”.
 
Bien advertía en 1922 Von Mises sobre lo que ya estaba ocurriendo con el feminismo, a través del tiempo se fue degenerando y se convirtió en la propiedad panfletaria de autores como Engels y Marx, Simone de Beauvoir, Firestone, Millet, entre otros, todos socialistas o marxistas convencidos.
 
Cientos son los autores en el campo “intelectual” que destacan en esta dañina tercera oleada del feminismo mal entendido, ejemplo es De Beauvoir que dice que la mujer es un concepto socialmente construido y definido por su opresor: el hombre, Firestone que afirma que el problema de la mujer está en su función reproductora y que, por lo tanto, es necesario abolir la familia para terminar con “la clase sexual”, otro ejemplo es Monique Wittig, quien dice que ser lesbiana “es el rechazo del poder económico ideológico y político de un hombre” y sin necesidad de abundar más, por último, destacar a la académica Andrea Dworkin que afirma que “el matrimonio es una licencia legal para la violación.
 
Tal como ocurre en la mayoría de los fenómenos culturales, en Chile el nuevo feminismo llegó en un grado menos (pero creciendo y haciéndose cada vez más radical), como por ejemplo, con el “lenguaje inclusivo”, las “secretarías de género” en las universidades (las que tienen una tendencia natural a promover el odio y utilizar víctimas de terribles acontecimientos para fines propiamente ideológicos), el ministerio de la mujer y la equidad de género (feliz fiestas matrias), las cuotas de inclusión en cargos de representación popular, las marchas feministas con su “machete al machote”, entre otros grandes ejemplos de la nueva promoción del odio utilizando a la mujer.
 
Con lo anterior no se pretende obviar problemas gravísimos como son que una persona asesine o abuse de otra, que le choque el auto a su ex pareja en reiteradas ocasiones, que producto del alcoholismo termine cometiendo violencia intrafamiliar o que sea discriminada de forma arbitraria por su sexo, el problema de lo anterior, es que producto de la ideología se termina por condenar unas y celebrar las otras dependiendo del sexo, que por unas salen miles de personas a llenar las calles, mientras que la otra lo máximo que se conseguirá son cien “me divierte” en una red social, el problema de lo anterior es que nos deja de importar la dignidad humana y abrimos paso a una falsa pugna en que la sexualidad es usada como un arma de odio.
 
Finalmente, el llamado está en no dejarse engañar por aquello que se llama de mala forma “feminismo” y que termina siendo un exacerbado hembrismo que obvia las diferencias naturales entre las personas y termina promoviendo el odio solo por el mero hecho de tener un sexo distinto, que la violencia naturalizada en campos nobles con el propósito de destruir un régimen económico e instituciones que nacen del carácter social y racional del ser humano (como es la familia) escapan de las buenas intenciones y de la originalidad del concepto que significó años de lucha por obtener relevantes logros como lo son la igualdad laboral o ante la ley, y se sitúan en dañinas pretensiones ideológicas con propósitos muy lejanos a los que se dicen promover. El desafío de hoy es desafiar la consigna.
 
Johnny Olate
 
Estudiante Derecho UC.

Compartir