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Y entonces, ¿cuál baño puedo utilizar? Actualidad

Y entonces, ¿cuál baño puedo utilizar?

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En Estados Unidos, la ofensiva para crear derechos exclusivos de personas transgénero se libra ciudad por ciudad, y estado por estado. EnWashington DC y Nueva York, acaban de entrar en vigor normas anti discriminación que protegen la identidad de género en el acceso al trabajo, la vivienda o a unos servicios de salud exclusivos, con la misma fuerza con que la Constitución protege, frente a la discriminación, las diferentes razas, las creencias religiosas o la igualdad de hombres y mujeres.

El debate se ha centrado casi exclusivamente en los cambios sobre el uso de baños, vestuarios y duchas de uso común en colegios, centros de trabajo, establecimientos de ocio y entrenamiento deportivo, quizá porque este capítulo ejemplifica mejor que ningún otro el significado de las reformas: convertir la identidad de género en un derecho de última generación, obligar a toda la sociedad a adaptarse al género declarado por cada individuo, otorgar fuerza de ley al deseo particular de cada persona. En noviembre, las ordenanzas transgénero de la ciudad de Houston fueron sometidas a referéndum y la población las rechazó por una contundente mayoría del 61%, obligando a la alcaldesa Annise Parker, auto declarada lesbiana y activista del movimiento LGTB, a retirarlas.

En Washington y Nueva York, desde ahora, basta con declarar la propia identidad de género con la que uno desea ser reconocido, para poder usar servicios públicos que antes estaban separados para hombres y mujeres por obvias razones de decoro, preservación de la intimidad y protección frente a posibles abusos sexuales. Las empresas con más de ocho empleados y todos los establecimientos públicos –colegios, gimnasios, restaurantes,…– están obligados a adaptarse a los nuevos “cuartos de baño transgénero”.

Si un hombre pide ser tratado como una mujer, tendrá derecho a usar vestuarios y duchas femeninas, y a recibir el tratamiento de “señora” o “señorita” en restaurantes y tiendas, bajo la advertencia de multas de hasta 250.000 dólares para quienes no respeten este nuevo derecho.

En un colegio, por ejemplo, si una familia se opone a que su hija comparta el vestuario y la ducha con un chico que se declara chica, será la joven –y no el chico con conflicto de identidad– quien será apartada del resto de sus compañeras para usar un cuarto sexualmente neutro que el colegio deberá acondicionar para estos casos.

Es la primera vez que unas leyes ordenan a toda la sociedad cooperar con la identidad de género declarada por cualquier individuo”, señala a The Daily Signal Joseph Backholm, director del Instituto de Política Familiar de Washington.

Otras voces, como la del legislador republicano en el Estado de Washington DC, Graham Hunt, advierten sobre el coladero que las nuevas normas abren a abusadores sexuales en centros de trabajo, colegios y establecimientos públicos.

Las leyes de género son la próxima parada en la expansión de esta ideología como una nueva razón de Estado. En España, Cataluña y Andalucía son comunidades pioneras en la creación de esta nueva generación de derechos exclusivos de unos pocos, que recortan la libertad de todos los demás. Si no fuera porque es un asunto muy serio, la obsesión de la izquierda por la identidad de género empezaría a recordar, en su comicidad absurda, a aquella escena (vídeo: 1:55 minutos de duración) del grupo británico Monty Python en la que un activista del Frente Popular de Judea, en tiempos del Imperio romano, insiste en ser tratado como una chica por sus compañeros de célula. Cuando uno de ellos le advierte del el ridículo que hace negando la realidad, el pionero militante le responde, ofendido: “¡No me oprimas!” Así también, con el noble propósito de no oprimir a una minoría con conflictos de identidad, las leyes de género no solo niegan la realidad, sino que crean una atroz opresión contra la mayoría de la sociedad que la acepta estoicamente.

 

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Actuall, www.actuall.com.

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