¿Y la Familia Militar? Hermógenes Pérez de Arce

¿Y la Familia Militar?

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          Cuando se habla de la “familia militar” algunos dicen que son quinientas mil personas y otros las hacen llegar a ochocientas mil, entre personal en actividad y pasivo, con sus respectivos familiares. Pero cualquiera fuere la cifra, el hecho concreto es que no se ha podido conseguir que siquiera uno de cada diez miembros de ella vayan a una notaría a hacer el breve y gratuito trámite de patrocinar la candidatura presidencial de José Antonio Kast, el único postulante que defiende el legado del Gobierno encabezado por miembros de dicha respetable familia, que salvó a Chile del comunismo, lo sanó de la violencia extremista, lo sacó de la hiperinflación y de la escasez y lo trasladó, de la retaguardia de los subdesarrollados en que se hallaba, a la vanguardia, como el país con mayor ingreso por habitante de América Latina.
 
          Sabemos que “la familia militar” no pudo impedir la venganza extremista y cada vez más de sus miembros han ido y van a parar a la cárcel, condenados por la prevaricación de la justicia roja, que desconoce los fundamentos básicos de un estado de derecho. Digamos las cosas como son: ha dejado abandonados a sus “caídos tras las líneas enemigas”, que ya saturan el penal de Punta Peuco. Hoy “Chile Informa” nos pone al tanto de que el ministro sumariante rojo del sur, Álvaro Mesa, ha mandado al presidio de Punta Peuco a otros cuatro carabineros (a dos por diez años y un día y a dos por 541 días) porque en octubre de 1973 dieron muerte a un sujeto que huyó cuando lo conminaron a detenerse, en la época del pleno combate contra la guerrilla de izquierda. ¿Prescripción, amnistía, cosa juzgada? No, estamos en Chile, país donde terroristas autores de crímenes sangrientos están libres, son indemnizados y declarados “víctimas”; y los uniformados que los enfrentaron van presos, aunque la ley diga lo contrario. ¿Y la familia militar?
 
          Hace años, cuando comenzó la prevaricación judicial izquierdista, nos convocaban a manifestarnos a la Plaza Inés de Suárez, un lugar de Providencia donde no era probable que llegaran los comunistas a golpearnos. La primera vez me pidieron que preparara un discurso. Lo hice y lo pronuncié, pero llegó tan poca gente a la manifestación que los bancos de la plaza alcanzaron para que todos estuvieran sentados. Era un sábado después de almuerzo y el 99 por ciento de los miembros de la “familia militar”, y también de la “familia civil” que alguna vez le estuvo tan agradecida, prefirió quedarse de sobremesa en su casa o en la de algún familiar o amigo.
 
          Pues la “familia civil”, esa que en el ‘73 brindaba con champagne en la calles en homenaje a los soldados que nos habían salvado del comunismo, digamos de nuevo las cosas como son, es peor que la “familia militar”. La vertiente DC de ella (representada por Frei Montalva en persona) ya en 1976 estaba pactando con los comunistas acerca de cómo echar a los militares, porque éstos no les habían dado en bandeja el poder a ellos después de hacer “el trabajo sucio” de eliminar la guerrilla marxista, justamente a raíz del cual ahora aquellos van presos. La vertiente de derecha de la “familia civil” no tiene nada que envidiarle a la DC: llegó al extremo de llevar a la Presidencia de la República a un “kerensky” que pasó a ser coautor activo de la prevaricación de los jueces de izquierda, Sebastián Piñera. Éste triplicó el número de querellas contra uniformados, trasladó a los que había en un penal pasable (Cordillera) a uno peor y hacinado (Punta Peuco) y a través de su Ministerio del Interior interpuso recursos ante la Corte Suprema para agravar las penas de militares ya ilegalmente condenados, transformando condenas de 541 días de presidio remitido en otras de presidio efectivo a cinco años y un día.
 
Y las últimas encuestas (GDF Adimark) dicen que la derecha, esa “familia militar y civil” que en 1973 brindaba por los militares ahora, en un 68 % votaría por la reelección del segundo peor verdugo de ésta, después de Aylwin, Sebastián Piñera.
 
          Entonces, ante la falta de veinte mil firmas todavía para José Antonio Kast, a quienes preguntan “¿y dónde está la familia militar?”, bien se les puede contestar: “junto a la 'familia civil' y no va a ir a firmar, porque hay un 68 % de ambas que prefiere votar por el segundo peor verdugo de los militares”.

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