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¿Y LOS QUE NO MARCHAN ? LA MAYORÍA SILENCIOSA. Despierta Chile

¿Y LOS QUE NO MARCHAN ? LA MAYORÍA SILENCIOSA.
¿Y LOS QUE NO MARCHAN ? LA MAYORÍA SILENCIOSA.
 
La cámara de Diputados rechazó el informe de la comisión investigadora de el Servicio Nacional de Menores, en el que se establece una categórica responsabilidad del Estado y que pretende establecer cargos concretas por el maltrato y degradación de la infancia de menores bajo la dependencia Estatal. El resultado arrojó -entre otras cosas- una “negligencia inexcusable” de parte de la ex ministra y actual nombrada miembro del consejo de seguridad del Estado, Javiera Blanco. El elaborado documento de centenares de páginas y de cuantiosos meses de redacción reveló inhumanas condiciones de vida de personas que tenían que convivir con sistemáticas violaciones a su dignidad, con acontecimientos tan aborrecibles como lo son la violación, red de prostitución, los abusos de índole sexual y personal, atentados contra la integridad de los niños bajo esa dependencia e incluso, un número considerable de vidas arrebatadas.
 
Las reacciones antes de esta votación no demoraron en llegar y el gobierno para estos efectos elaboró una completa minuta que se distribuyó entre parlamentarios del oficialismo, del Frente Amplio e incluso de Chile Vamos, minuta que básicamente consistía en que parecía ser excesivo pretender que la responsabilidad era de una sola persona (argumento que no se sustenta por sí mismo frente a cualquier persona que haya leído el informe) y que no correspondía atacar a una colaboradora directa del gobierno, porque lo único que se genera es un daño a la Presidente de la República.
 
Fuera de lo desconcertante que resulta ser el argumento de los Diputados y el gobierno para llegar a tal decisión; de lo interesante y extensivo del tema para su análisis, de la terrible situación que han tenido que vivir niños bajo la dependencia del SENAME desde hace ya más de una década y que absolutamente ningún gobierno ha tomado con la seriedad que un asunto de esa envergadura requiere, me limitaré a dejar el caso concreto hasta acá. Mientras que me propongo el desafío de traer a colación un asunto de fondo que parece ser desapercibido, pero que reviste de una gravedad colosal y que, por lo tanto, solicito al lector abordar bajo toda la honestidad intelectual y seriedad que una temática así requiere, despejando la consigna y el sesgo.
 
La deprimente realidad de la vida política se reduce a una batalla entre consignas que -en su generalidad- son tomadas por lo que la opinión pública que marcha y grita fuerte -de forma muy legítima- manifiesta por medio de consignas. La agenda de los cuadros dirigentes que impulsan éstas o aquellos representantes que se someten a ella denotan una deprimida actitud moral, que detrás de tal conducta, subyace siempre una falsificación de la realidad o un oscurecimiento de ella por medio del orden de prioridades que se proponen, lo que resulta ser muy peligroso para la vida nacional. Por otro lado, los sectores humanistas y que tienden a ser más favorables de una sociedad libre -desde una óptica de cuerpos intermedios e individuo- traicionan sus principios y caen en vicios que terminan con una actitud similar a la que se critica al principio de este párrafo.
 
Ya nadie se atreve (desde la vida política) a no actuar con sometimiento frente al movimiento “LGBTQ+”, frente a la CONFECH o cualquier otro grupo de presión que aprisione las portadas mediáticas y las calles de la alameda para manifestar una demanda que puede ser legítima o no, pero que de no ser respondida a la brevedad terminará con históricas manifestaciones que le costarán mucho más que un par de votos a quien corresponda dirigir el país en aquel momento.
 
El problema de esto es que frente a ese martilleo de propagandas en favor de ideas-fuerzas, se obvia el análisis matizado, sereno y reflexivo de esas temáticas y de otras que son más relevantes, de aquellos que no marchan, que no destruyen la vía pública ni se toman un establecimiento para demandar necesidades urgentes, como lo son justamente los niños abusados y violentados sistemáticamente del SENAME o aquella persona que vivió en carne propia el asesinato de un familiar en manos de una descontrolada delincuencia.
 
Como consecuencia de lo anterior, tenemos políticos aterrorizados de dejar de lado los demandantes gritos que provienen de las calles y de los noticieros, las iniciativas se comienzan a juzgar por su origen y autoría, pero difícilmente por sus cualidades o fallas intrínsecas, se rechaza a priori todo lo que provenga desde una vereda que sea distinta de la que la convicción dicta y tenemos beatería politiquera a favor de todos los actos de un sector, mientras que a quienes les toca estar en frente, ánimo destructivo absoluto y esfuerzo por el fracaso del adversario, como si de por medio no hubiese dignidad y vidas humanas, objetivos comunes que comprometen a todos los habitantes y la patria.
 
Lo que ocurre es que el objetivo de quienes así proceden no está constituido por servir al país, a las personas o al grupo que se representa, sino por alcanzar el poder y una vez allí retenerlo, esa es la raíz y el fruto del espíritu de la consigna, por eso no nos tenemos que sorprender si se termina rechazando un informe respecto a falencias de un organismo que vela por la tutela de niños vulnerables, por eso tampoco nos tenemos que sorprender por movimientos en universidades que son capaces de encubrir durante años atentados contra la dignidad humana por parte de sus representantes.
 
Lo único que queda es la fidelidad al ideal de rigurosidad, convicción del espíritu y esfuerzo para forjar una voluntad que se atreva a desenmascarar la consigna. Aunque hacerlo signifique desafiar lo que “todos” aparezcan favorecer en un momento, esa es la alternativa para sucumbir ante el ideal dañino que tiene a algunos en el olvido y a otros fantaseando.
 
Johnny Olate
 
Estudiante Derecho UC.
 

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