Guerra, política y poder en el mundo contemporáneo

Guerra, política y poder en el mundo contemporáneo

Los nuevos escenarios políticos en un mundo globalizado como el actual tienen bajo su colofón un conjunto de dinámicas en las que la guerra, la política y el poder establecen derroteros en torno a la implementación de estrategias del tipo económico, social, ambiental, industrial, de seguridad y defensa. Desde el seno del Estado, donde se configuran objetivos e intereses de las naciones, se establecen estrategias para ser ejecutadas bien sea en el plano local, regional o internacional. Se entiende, entonces, que las medidas que se tomen dentro del sistema internacional desde los Estados-Nación, terminan surtiendo efecto en la comunidad global. 
 Será lícito, pues, plantear una cuestión: ¿Se mantiene la guerra como instrumento efectivo de la política? El general prusiano Karl von Clausewitz se refiere a la guerra como a la confrontación -de forma directa o indirecta- de dos bandos, o dos contrapartes que, de una u otra manera, se enfrentan para el uno someter al otro, con el fin de imponer su voluntad: “La guerra constituye, por tanto, un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad” (Clausewitz, 1976). Luego, Clausewitz toma otro concepto adicional a la guerra y se refiere de forma genuina sobre el uso específico de la ‘fuerza’: ‘La fuerza, es decir, la fuerza física (porque no existe una fuerza moral fuera de los conceptos de ley y de Estado) constituye así el medio; imponer nuestra voluntad al enemigo es el objetivo. Para estar seguros de alcanzar este objetivo, habremos de desarmar al enemigo, y este desarme constituye, por definición, el propósito específico de la acción militar: reemplaza al objetivo y, en cierto sentido, prescinde de él, como si no formara parte de la propia guerra’. (Clausewitz, 1976).

Podemos ir estableciendo entonces dos conceptos básicos de la guerra: medios (fuerza) y objetivos (fin). El profesor Esquivel, en su asignatura introducción a la Estrategia, dictada en la Escuela Superior de Guerra (Colombia) en la maestría de Estrategia y Geopolítica, plantea que los intereses nacionales de un Estado están sujetos a una gran estrategia y una visión estratégica; éstas dos componen la política nacional, y de ésta deviene lo que es la formulación de la estrategia; sobre la estrategia, se condensan los fines, modos y medios (Esquivel, 2019). Comparándolo con el postulado de Clausewitz sobre los conceptos anteriormente tratados en este escrito, los ‘medios y los objetivos‘ que plantea el historiador prusiano, son actualizados dentro de fines descriptos como objetivos nacionales. El poder nacional es el medio, al que se le agrega luego la implementación de la estrategia.

Ahora, bien; la guerra no es ejecutada con la exclusiva meta de imponer voluntades, sino que también es un medio para alcanzar objetivos. Para Sun Tzu, ello concurre en un arte, en el que se busca someter al enemigo sin luchar, empleando el engaño -contradicción frente a los postulados de Clausewitz, por cuanto para éste último, la fuerza es el motor principal en la consolidación del objetivo.

Los aportes de Sun Tzu y Clausewitz emplean dos conceptos centrales, como lo son la política y la guerra. ‘La política significa aquello que hace que el pueblo esté en armonía con su gobernante, de modo que le siga donde sea, sin temer por sus vidas ni a correr cualquier peligro‘ (Sun Tzu). Por ende, ‘la guerra no constituye simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de ésta por otros medios‘. (Clausewitz). Se puede establecer entonces, que la guerra tiene su origen en un objetivo eminentemente ‘político‘, siendo éste el factor que la desencadena.

El mundo actual A la par de la política, la guerra ha venido transformándose, a lo largo de diferentes tipologías y generaciones. En política, los conceptos de república establecidos desde la antigua Grecia, tomaron fuerza con las revoluciones liberales burguesas en el siglo XVIII, reemplazándose a un régimen de tipo feudal con uno de características monárquicas, de tendencia imperialista. Sin embargo, a pesar del liberalismo republicano como reemplazo del antiguo poder político, la tendencia imperial no ha perdido su objetivo. Este concepto se adaptó y se estableció en el seno de la nueva concepción del Estado Moderno. La característica de un imperio es la expansión del poder político sobre una geografía preponderante de forma directa e indirecta, en el que se establecen nuevos elementos de poder para ser ejercidos por medio de la geopolítica (Rios, 2018). Los fines, modos y medios que plantea la estrategia como política nacional de un Estado, se convierten en el corolario de las nuevas confrontaciones.

La guerra también evoluciona. Sir John Keegan, historiador inglés -en su libro “Historia de la guerra” (1995)- conceptualiza a la guerra como producto cultural de determinadas civilizaciones (Keegan, 1995). Samuel Huntington aborda el tema del profesionalismo militar, esencial a la democracia liberal, fundamentalmente en lo referido al “control civil objetivo de las fuerzas armadas” (Huntington, 1964). Sin embargo, fue Martin Van Creveld -profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en “La transformación de la Guerra”, quien abordó el tratamiento de escenarios atípicos en los que la confrontación directa –ejercida por la fuerza, según Clausewitz- pierde importancia, y comienzan a generarse conflictos establecidos sobre un modelo de baja intensidad o de confrontación indirecta, de formato asimétrico, en el seno de los Estados (Creveld, 1991). Ya la guerra no se da entre Estados ni gobiernos, sino en el seno de ellos mismos, ‘al perder el Estado el monopolio de la violencia, la guerra se hace entre otros actores tales como entidades étnicas, bandas criminales o guerrillas‘ (Sánchez, 2014). Se arriba, finalmente, al carácter evolutivo del conflicto: la guerra de cuarta generación.

Los conflictos de cuarta generación o guerras de tipo asimétrico se presentan como el cambio conceptual de la guerra clásica (Clausewitz). Grautoff establece: ‘En las guerras de cuarta generación el tradicional teatro de operaciones pasa a un segundo plano para entrar a dirimirse los conflictos en la sociedad civil‘ (Grautoff, 2007, pág. 134). Es decir que se amplía el terreno estrictamente militar al ámbito de la sociedad. De hecho, factores como la religión y su fundamentalismo se erigen hoy como nuevas amenazas, bajo la organización de grupos no estatales o paraestatales, en donde el terrorismo es empleado como arma estratégica central (Nievas, 2006). 
Política y Poder ¿Cómo intervienen la política y la guerra de forma contundente en los novedosos escenarios del conflicto? Habrá de tenerse presente que, siempre que se hable de política, destaca la relación de la misma con el poder.

En la perspectiva de distintos autores, el poder la fuerza que se ejerce contra algo para conseguir un fin determinado. Para Nicolás de Maquiavelo –uno de los padres de la escuela realista-, el poder habrá de ser ejercido en función de la conservación del mismo; en cuanto al poder político y el Estado, plantea que se deben de esbozar objetivos y causas donde cualquier medio utilizado será válido para su consecución (Maquiavelo). El teólogo alemán Hermmann Busenbaum -en su libro “Medulla theologiae moralis”- sentencia: ‘Cuando el fin es lícito, también lo son los medios‘ (Busenbaum, 1834). Se entiende entonces, que ese fin logra consolidarse como la razón del Estado, conforme lo plantearía luego Henry Kissinger, en El Orden Mundial: ‘La raison d’État es el interés nacional‘ (Kissinger, 2016).

Bajo esta lógica y esta dinámica, se plantea una relación complementaria e indisoluble entre el poder, la política y la guerra. En el núcleo de esta trilogía, se ejecuta el poder desplegado por los Estados a través de la política, con la coacción misma de la guerra como instrumento de fuerza coercitiva, a efectos de propiciar la consolidación de intereses nacionales como razón esencial del Estado (Ríos, 2018).

Hoy, el poder es llevado a la práctica ponderándose dos posiciones antagónicas: poder duro y poder blando (hard power, soft power). El primero hace referencia a un uso cruento del poder, o por la fuerza; mientras que el segundo recurrirá a metodologías no necesariamente coercitivas, como la cooperación y la simpatía. Bially Mattern plantea, en cuanto al poder duro: ‘Cuando se trata de la práctica de la política mundial (en oposición a la reflexión académica sobre ella), la sabiduría recibida de que las armas y el dinero son instrumentos “duros”; aún se mantiene en gran medida; se piensa que hablan por sí? mismos como recursos coercitivos y, por lo tanto, que funcionan de manera más efectiva’ (Mattern, 2005). Nye dirá, entonces: ‘El poder blando es la capacidad de atraer a las personas a nuestro lado sin coerción. La legitimidad es fundamental para el poder blando. Apelar a los valores, intereses y preferencias de otros puede, en ciertas circunstancias. La cooperación es siempre una cuestión de grado, y está profundamente influenciada por la atracción’. (Nye, 2007)

Conclusiones  Clausewitz y Sun Tzu ciertamente merecen un espacio privilegiado en las ciencias del conflicto, poniendo relevancia en lo que respecta a ejecución, planeamiento y estratagemas como fines de la guerra, como también en política. Maquiavelo desarrolla sobre la utilidad de fines y medios para conseguir, sustentar y sostener el poder.

En tiempos presentes, la guerra se sostiene como un instrumento efectivo de la política. La razón del Estado y los intereses nacionales no ganan empuje bajo una concepción utópica de las realidades mundiales, sino que se implementan a través de ecosistemas de poder blando y de un poder duro ejercido por los Estados dentro del sistema internacional. En tal espectro, el poder se desenvuelve a través de la política, y ésta, de igual modo, se erige sobre un modelo de fuerza coercitiva -la guerra. A la postre, la guerra se presenta motorizada por variables religiosas, étnicas, culturales e incluso ambientales, bajo concepciones de asimetría de fuerzas que, en el epílogo, replantean las diferentes y nuevas políticas y estrategias estatales.

En la realidad actual, los Estados implementan políticas de cooperación que, por uno u otro sendero, construyen liderazgos para consolidar fines diplomáticos; las alianzas no se reducirán estrictamente al ámbito militar, sino también al económico y/o político. Asimismo, la evolución de la guerra evidencia la actualización constante de un instrumento de coerción directa o indirecta para beneficio de la política, pudiendo configurarse como una subsistema de alerta temprana o de amenaza preventiva para las naciones. Ningún Estado se arma para hacer la paz; en todo caso, puede argumentarse que lo hace para disuadir frente a amenazas potenciales contra su poder establecido. Los alcances de esta prerrogativa serán definidos por los propios intereses de cada Estado, en donde éste evaluará cómo se encuentra en riesgo su supervivencia.

Observando un carácter tan actual como la política, la guerra se reinventa y actualiza bajo inéditos escenarios y concepciones de poder, bien fuere en el plano armamentístico, económico, ambiental, y/o cibernético. Peor todavía, pudiendo cobrar forma en la promoción de fuerzas invisibles, como una variante químico/biológica (para algunos analistas y observadores, el COVID-19 consignaría un ejemplo).

Christian Ríos M.
elojodigital.com

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