Murió mujer quemada en atentado terrorista luego de 54 días de agonía

Murió mujer quemada en atentado terrorista luego de 54 días de agonía

Rosa Rivera de 38 años, perdió al hijo que llevaba de cinco meses en su vientre, días después de haber resultado quemada en un 30% su cuerpo. Regresaba de su trabajo como asesora de hogar en Viña del Mar, cuando el microbús fue interceptado por subversivos que lanzaron una bomba incendiaria al interior de la máquina. Se cumplen 32 años desde la doble muerte de Rosa Rivera. 29 de diciembre de 1986.

«La botella cayó directa sobre la mujer».

«Todo paso muy rápido. Alguien tiró una botella a la ventana; enseguida un tipo subió y me tapó la cara, forcejeamos, se arrancó y después vi a la señora quemada».

Carlos Wilson Miranda es conductor del microbús de la Línea 25, que el miércoles 5 de noviembre a las 21.30 horas, fue atacado e incendiado en el paradero 7 de Avenida La Paz, en Forestal Alto.

Recuerda el chófer: «Todo fue muy extraño, porque nosotros sabíamos que iba haber una protesta el día 4, así que ese día martes, muchos buses se guardaron temprano. Nosotros con mirar a la gente sabemos si va a pasar algo. Ese día no había pasado nada. Todo estaba tranquilo, habíamos circulado sin problemas». Continua el relato para El Mercurio de Valparaíso: «En el bus viajaban alrededor de 25 pasajeros, muchos de los cuales bajaban del bus en los paraderos 5 en adelante. Al llegar al paradero 7 vi que había neumáticos encendidos en la calle«. Agregó el conductor. «Iba a abrir las puertas de atrás, cuándo sentí que se quebró uno de los vidrios de corredera y por allí tiraron una botella. No sé si hubo primero un peñascazo y luego la botella, o si fue la botella que rompió el vidrio. Alguien me gritó que abriera la puerta de atrás, porque la micro comenzaba a quemarse. Pero no alcancé hacerlo, porque un hombre gordo subió y me puso un paño en la cara». Carlos Wilson. El Mercurio de Valparaíso, 8 de noviembre de 1986.

Minutos de terror

En ese instante la botella había caído directamente sobre el cuerpo de Rosa Rivera Fierro, que iba sentada al medio del microbús, hacia el costado derecho.

Una parte del combustible se derramó en el piso y se propagó. Carlos Wilson explica: «La micro comenzó a llenarse de humo negro».

«En uno de los forcejeos el sujeto que trataba de robar el dinero. Trastabilló y corriendo se bajó del microbús». Añade el conductor del microbús.

«Me paré y recién ahí vi a la señora quemada. Estaba sentada. No se podía mover y pedían que la ayudaran. Ahí me sentí impactado porque gritaba. Apagamos el fuego. Enseguida ayudado por otra pasajera logramos calmar a Rosa Rivera. Bajamos hacia la Tenencia Forestal. Al llegar le expliqué a Carabineros lo que sucedió y ellos tomaron a la señora y la llevaron a la Asistencia Pública». «La señora estaba desesperada. La botella le cayó directamente en el cuerpo. No se podía mover y gritaba». «¡Qué he hecho yo para que me pase a mi esto!». Carlos Wilson. El Mercurio de Valparaíso, 8 de noviembre de 1986.

¿Quiénes fueron?

Una testigo presencial de los hechos señaló a La Tercera que en el lugar tres sujetos con gorros de lana y el rostro cubierto con pañuelos oscuros, se disponian a colocar neumáticos encendidos en Avenida La Paz, cuando pasó el microbús de la Línea 25. El chófer no se detuvo ante los sujetos, acelerando la máquina para evitar la barricada que se disponían a instalar los antisociales. «Como el chófer no se detuvo, uno de ellos lanzó un artefacto explosivo, al parecer, porque de inmediato empezaron a salir llamas y se notaba el fuego al interior del bus».

La joven señaló que los tres individuos emprendieron una veloz carrera por una quebrada cercana, mientras que el conductor sofocaba las llamas, y luego partía con las heridas desde el lugar.

54 días de agonía y la muerte de su hijo dentro de su vientre

Rosa Rivera sufrió quemaduras de gravedad principalmente en su rostro, cara y piernas. Se tuvo especial cuidado por parte de los médicos al conocerse que se encontraba embarazada de 16 semanas. También resultaron heridas: Sonia Salinas Ramírez, de 28 años, con una herida contusa en su rodilla derecha y con heridas cortantes leves en ambas manos; Marta Sepúlveda Contreras, de 20 años, sufrió una herida contusa en la rodilla y una herida cortante en la mano derecha y quemaduras en el cuero cabelludo. «No dormí nada señor a causa de los dolores a la cara y piernas. Es criminal lo que hace esa gente con personas modestas como nosotros. Yo venía de mi trabajo, cuando veo que hay unos neumáticos delante del bus. Le pedí al chofer no seguir, cuando sentí una quebrazón de vidrios. Creo que caí bajo el asiento, porque les costo mucho pararme». Rosa Rivera. La Tercera 8 de noviembre de 1986.

Rosa Rivera en conversación con El Mercurio de Valparaíso, en una de las salas de la Unidad de Emergencia del Hospital Gustavo Fricke, señala: «Quienes hicieron esto son unos salvajes y debían castigarlos con la misma moneda. Ni siquiera se imaginan lo que estoy sufriendo con mi cuerpo quemado. No los entiende nadie. ¿Cómo pueden hacerlo?, me quemaron, señor».

El peso de la pena

El 29 de noviembre de 1986, cuando luchaba por su vida y la de su hijo por nacer que sobrepasaba los cinco meses de gestación, sufrió un aborto espontáneo. Frustrando sus ansias de ser por primera vez madre.

Hasta ese día su estado anímico era bueno pero con posterioridad a la perdida del hijo que tanto ansiaba, decayó, coincidiendo con periodos críticos, como los que atravesó al sufrir un cuadro infeccioso, un edema pulmonar y un estado febril incontrolado.

A las cinco de la mañana del 29 de diciembre de 1986, debido a un shock séptico, sumado a una insuficiencia respiratoria falleció Rosa Rivera Fierro. Hija de una familia de nueve hermanos, que había quedado huérfana a los siete años, y que convivía con Raúl Jerez hace cuatro años. Sus funerales fueron masivos y llorados. Y hasta la fecha nunca nadie supo de los criminales que atentaron contra ambas vidas. Raúl Jerez de 49 años de edad y pareja de Rosa Rivera, desconsolado señala: «Habíamos estado con ella, y parecía que se recuperaba, ¿qué será de mi vida sin ella?» . Y luego recordaba todo el esfuerzo que le había costado lograr la gestación del hijo perdido. Largos años de tratamientos médicos especiales y tantas angustias compartidasRevista HOY, número 494.

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