Trump se descarga contra Bolton

Trump se descarga contra Bolton

Las flamantes memorias de John Bolton, intituladas The Room Where it Happened (‘La Habitación Donde Todo Sucedió’) -libro que llegó al público hace un par de días, a pesar de los intentos de la Casa Blanca en pos de bloquearlo-, puede sintetizarse en la proverbial sentencia inglesa ‘Kiss and Tell‘ (en español, casi equivalente a hacer alarde de los propios romances); actitud clásica de políticos estadounidenses que buscan escribir para ganarse algún dinero para su época de jubilados. 
 No hay espacio para la duda: Bolton hizo todo lo que pudo para dejar mal al presidente, lo cual no es algo difícil de hacer, al considerarse que la costumbre de comunicarse con insultos vía Twitter deja mucho espacio para más preguntas en relación a motivo e intenciones.

Conforme es requerido por la ley en los Estados Unidos, el libro de Bolton fue revisado para evaluar si contenía información clasificada -desde diciembre- y, cuando se completó el proceso, éste fue reiniciado nuevamente, dejando en claro que los contenidos eran esencialmente políticos y para nada vinculados a cuestiones de seguridad nacional. Al fracasar en la meta de obstaculizar la publicación, el Departamento de Justicia de Trump ahora intentará quitarle a Bolton las ganancias que obtenga por el libro, táctica que se originara en los años setenta a partir del libro ‘Decent Interval‘ del informante Frank Snepp. Los críticos del proceso revisor de seguridad han apuntado que, cuando un libro refiere cosas bonitas sobre un gobierno, no se interfiere con su publicación -sin importar la información clasificada que contenga-, mientras que cualquier trabajo que sea poco amigable con una Administración seguramente será demorado y reprendido por la burocracia de los secretos que opera desde el seno del Estado.

Por qué Donald Trump designó en su Gabinete al neoconservador John Bolton aún sigue siendo un misterio, aunque la teoría más plausible consigna que Sheldon Adelson -aportante principal del Partido Republicano- así lo exigía. Adelson pondera a Bolton como una suerte de protégé, y fue tenido en cuenta por el rictus entusiasta de Bolton a la hora de atacar a Irán -algo que el magnate de los casinos de Las Vegas y el gobierno israelí de Benjamin Netanyahu deseaban con pasión.

Luego de algunos meses de un período en apariencia difícil como Consejero de Seguridad Nacional, John Bolton fue finalmente despedido por la Casa Blanca, el 10 de septiembre de 2019, pero el análisis post mortem sobre por qué la puesta en práctica del despido llevó tanto tiempo se prolongó, con los medios intentando averiguar qué sucedió exactamente, y por qué. Acaso la explicación más completa en torno de lo sucedido provino del propio presidente Donald Trump, poco después de conocida la decisión. Dijo el mandatario, en alguno de sus comentarios impromptu, que el consejero de seguridad nacional había ‘(…) cometido una serie de gruesos errores cuando se expresó sobre el modelo libio para Kim Jong Un. Eso no fue un comentario correcto para compartir. Uno debe atender a lo que pasó con Khadafy. No fue para nada bueno, el comentario. Y nos hizo retroceder’.

Aunque parezca increíble, Trump tenía razón cuando sentenció que Bolton estaba, claramente, sugiriendo que Corea del Norte debía deshacerse de sus armas nucleares a cambio de obtener beneficios económicos, pero el ejemplo de Khadafy fue el ejemplo equivocado para usar -conforme el coronel libio se deshizo de su programa de armamentos, para luego terminar eyectado y brutalmente asesinado, en medio de una revuelta que fue tolerada por Washington. La analogía de Bolton, que bien pudo ser un intento deliberado para autosabotear cualquier acercamiento a Pyongyang, hizo imposible la consecución de cualquier acuerdo entre Kim y Trump, por cuanto el primero recibió el mensaje fuerte y claro de que podría terminar padeciendo idéntico destino.

Acto seguido, Bolton bien pudo ser el responsable de filtrar a los medios de comunicación el fallido plan de Trump para reunirse con referentes del Talibán, y que sucediera lo propio con la iniciativa de encontrarse personalmente con el presidente iraní Hassan Rouhani -en representación de Israel. Trump acopió desacuerdos con Bolton, afirmando luego que el Consejero de Seguridad Nacional ‘no estaba llevándose bien’ con otros funcionarios del gobierno, agregando luego: ‘Francamente, él quería hacer cosas -no necesariamente más duras que las que yo propuse. John es conocido por ser un tipo duro. Y es tan duro, que nos involucró en Irak. Eso es ser duro. Pero es alguien con quien, en realidad, tuve una muy buena relación, aunque no se estaba llevando bien con otras personas en la Administración, lo cual considero muy importante. Y Usted bien sabe que John no se hallaba en línea con lo que estábamos haciendo. Y, en verdad, en algunos casos se comportó con demasiada crudeza, ante lo que hacíamos. Señor Tipo Duro [Mr. Tough Guy]’.

El comentario final de Trump sobre Bolton refirió: ‘Estoy seguro de que el hará lo que sea para que las cosas le den la razón‘, sentencia que en gran medida anticipó la creación del libro. Bolton cuenta con muchos simpatizantes entre los personajes de línea dura en el Partido Republicano y en los medios, así como también en el progresismo compuesto por quienes desprecian a Trump; por tanto, será interesante evaluar qué tanto daño puede inflingir el libro en la campaña reeleccionista del presidente.

Todas las revisiones pre-publicación se centraron en ciertos pasajes del trabajo. La afirmación más perjudicial parece apuntar a la que refiere que Donald Trump planteó a China la posibilidad de que Pekín compre más productos agrícolas a Estados Unidos para asistir a los granjeros norteamericanos, lo cual el presidente describió como variable central en su reelección. Bolton afirma que, específicamente, Trump exigió al presidente Xi Jinping que comprara más soja estadounidense, al igual que otras materias primas del agro; y, posiblemente, a modo de acción recíproca, Trump intervendría para morigerar alguna de las penalidades financieras impuestas contra la firma de telecomunicaciones china ZTE, por evadir sanciones vinculadas a Irán y Corea del Norte.

También en relación a china, Bolton afirma que el presidente estadounidense alentó a Xi para que continuara construyendo campos de concentración para enclaustrar a los musulmanes de la etnia uigur -minoría religiosa mayormente concentrada en la región de Xinjiang. El contexto del supuesto comentario no es muy claro, como tampoco es sencillo imaginar cómo es que el tema surgió; de tal suerte que esa afirmación puede ser tomada como exagerada, o incluso como apócrifa. Bolton ni siquiera estaba presente cuando la pretendida conversación tuvo lugar, y tomó de segunda mano los detalles.

Otras afirmaciones compartidas por Bolton involucran, por ejemplo, el hecho de que Trump no sabía que la Gran Bretaña es una potencia nuclear, y que Finlandia no es parte de Rusia. Asimismo, el libro describe con algún detalle la manera en que Trump invierte la mayor parte de su tiempo en la Casa Blanca al serle presentados los dossieres de inteligencia; según Bolton, Trump se lo pasa respondiendo con sus opiniones personales, en lugar de escuchar los análisis del Director de Inteligencia Nacional (DNI) y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

El hecho de que Donald Trump haya sido un estudiante mediocre y un peso pluma en lo que a intelectualidad respecta, ha sido apuntado por numerosos observadores. Combínese ello con su fundamental falta de curiosidad frente al mundo y a otras sociedades, y se concluirá que Trump no sabe mucho sobre los líderes extranjeros, ni sobre los sitios donde viven. Sin embargo, estos apuntes de Bolton son condescendientes y, en cierto modo, un golpe bajo, el acusar al presidente por su ignorancia.

La perspectiva de los medios de comunicación sobre la acusación más perjudicial, esto es, que Trump buscó ejercitar connivencia con los chinos, es francamente ridícula. La compra de productos agrícolas estadounidenses hace al interés de los granjeros, pero también de la economía americana. La reducción de penalizaciones sobre una firma china como endulzante, y como método para morigerar las tensiones bilaterales, suele catalogarse de diplomacia. Por cierto, cualquier cosa que un presidente haga frente a una nación extranjera comportará un impacto eventual en tiempos de reelección; aunque sería difícil sugerir que Trump hizo algo malo en este caso.

De igual manera, el libro de Bolton ha sido criticado por otros, como ser el matutino The New York Times, por presentar el retrato de un ‘presidente que ve a su despacho como un instrumento para promocionar sus intereses personales y políticos, por sobre los de la nación‘. Bolton escribe: ‘A lo largo de mi período en el Ala Oeste de la Casa Blanca Trump quería que yo hiciera lo que estuviera en su antojo, basándose en lo que él veía y en sus intereses personales (…) Siento mucha presión a la hora de identificar decisiones de Trump, durante mi permanencia, que no tuviera al cálculo reeleccionista como cálculo primordial’.

Trump es, sin lugar a dudas, un hombre que ha sometido la dignidad del puesto que representa, a la ambición personal. Pero se distingue en lo pernicioso de sus acciones, antes que en la sustancia. Muchos otros presidentes han ejercitado el mismo cálculo electoral que Trump, aunque aquéllos fueron más taciturnos al momento de exteriorizarlos.

Finalmente, una serie de editores que han leído copias del libro, han observado la horrenda escritura y su organización. Si acaso alguien se propone rastrear un modo para sentenciar definitivamente a Donald Trump y a todo lo que ha hecho, ciertamente no hallarán mucho en el libro de Bolton. Además de la novedosa información que el trabajo expone, la cual es escasa, todo indica que se trata de una manera de desperdiciar US$20, para enriquecer a un autor que sólo ha respondido ‘Quiero más’, ante toda proposición de configurar más guerras para los Estados Unidos durante los últimos veinte años.

Philip Giraldi
elojodigital.com

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